martes, 16 de enero de 2024

El derecho a la libertad de religión está cada vez menos protegido y más perseguido

El  derecho a la libertad de religión está cada vez menos protegido y más perseguido. Hace unos días veíamos como detenían a una mujer por rezar el rosario en la calle en las cercanías de la Calle Ferraz, a lo que se suman las multas a jóvenes por ejercer su derecho a manifestar su religión rezando en público, sea individual o colectivamente. Ellos, en paz, muestran su rosario a la policía. La libertad religiosa que pretenden estos jóvenes es la misma que tuvo una especial importancia para la redacción hace 75 años de la Declaración de los Derechos humanos.
La libertad para manifestar públicamente las convicciones o la religión se convierte así en una falacia, ya que solo está permitido aquello que no incomoda al orden establecido, ya sea ideológica, o incluso legalmente por el gobierno imperante, que con el aumento actual de medios de presión a través de instituciones supragubernamentales, librar esta batalla es cada vez más difícil.



El mariscal Pétain, la agonía de Francia

Un mediano restaurante, una cama, una mesa libre en una terraza para tomar cómodamente el aperitivo, una localidad para el cine, un buen puesto en primera fila para verle la cara a Pétain o a Reynaud al entrar o salir del Consejo de Ministros, tenían más importancia para aquella masa abigarrada que todas las angustiosas preocupaciones nacionales del momento. ¿Cuántas personas de aquéllas tenían plena conciencia de la hora decisiva para ellas y para la historia que estaban viviendo? Nunca una catástrofe nacional se ha producido en medio de una mayor inconsciencia colectiva.La revelación más sorprendente y espantable del derrumbamiento de Francia ha sido esta de la indiferencia inhumana de las masas. Las ciudades no han tenido en ninguna otra época de la historia una expresión tan ferozmente egoísta, tan limitada a la satisfacción inmediata y estricta de los apetitos y las necesidades de cada cual.
El Estado puede hundirse y desaparecer para siempre y el pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasar por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen un minuto ni los periódicos dejen de publicar una sola edición. Habíamos creído ingenuamente que la complicada mecánica de todo ello estaba en conexión estrecha e indisoluble con los fines del Estado y esto es una vana ilusión.

                                                  

Francia se ha suicidado, pero al suicidarse ha cometido además un crimen inexpiable con esas masas humanas que habían acudido a ella porque en ella habían depositado su fe y su esperanza. Entre las cláusulas del deshonroso armisticio aceptado por el mariscal Pétain hay una que basta y sobra para deshonrar a un Estado; la cláusula por la que el gobierno francés se compromete a entregar a Hitler, atados de pies y manos, a los refugiados alemanes antihitlerianos que habían buscado su salvación en Francia y a quienes el Estado francés había utilizado sin escrúpulo en el simulacro de lucha contra el hitlerismo.La entrega al verdugo alemán de esos hombres que habían tenido fe en Francia será una de las mayores vergüenzas de la historia.
He oído decir al director de un diario parisiense que Francia estaba vendida y a merced de sus enemigos a partir de la campaña antisancionista que se hizo en la prensa y los medios políticos de París por el procedimiento del soborno puro y simple. Mussolini compró entonces por cuarenta millones de francos distribuidos hábilmente entre unos cuantos políticos y periodistas a los cuarenta millones de ciudadanos franceses que Pétain y Laval le han librado ahora atados de pies y manos.
Referencia: La agonía de Francia de Manuel Chaves Nogales


lunes, 15 de enero de 2024

Una economía socialista basada en la planificación centralizada está destinada a funcionar de manera defectuosa

Mises (economista austriaco de origen judío, historiador, filósofo y escritor liberal clásico que tuvo una influencia significativa en la escuela austriaca de economía y el moderno movimiento libertario) formuló una poderosa crítica al pensamiento socialista en su artículo de 1920. Los socialistas, afirmaba, no habían abordado el problema esencial que planteaba la escasez, elegir cómo producir. Habiendo abolido los mercados y, por tanto, los precios de los medios de producción, los encargados de dirigir una economía socialista iban a ser incapaces de combinar los recursos para producir bienes siguiendo una lógica económica. Sin poder calcular pérdidas o beneficios serían como navegantes sin brújula. En esas condiciones, el socialismo iba a generar despilfarro y privación, no prosperidad. Mises mantenía que una economía socialista basada en la planificación centralizada estaba destinada a funcionar de manera defectuosa. Abolir la propiedad privada de los medios de producción implica eliminar la competencia entre capitalistas, el mecanismo de mercado que revela los costes de los bienes y permite la formación de precios.

Ludwig von Mises

La historiadora Sheila Fitzpatrick ha descrito la forma en que el fracaso a la hora de estimar correctamente los precios de los alimentos, el vestido y la vivienda afectó la vida cotidiana en Rusia en la década de 1930; "con la transición a una economía de planificación centralizada al final de la década de 1920, la carestía de bienes se convirtió en un fenómeno endémico en la economía soviética. Un obrero de los Urales escribió que para conseguir pan en su ciudad había que hacer cola durante doce horas desde la una o las dos de la madrugada, y a veces más temprano aun. El pan no era el único producto escaso. La situación era igual de penosa en relación con otros alimentos básicos como la carne, la leche, la mantequilla o las verduras, por no mencionar otros productos de primera necesidad como la sal, el jabón, el queroseno o las cerillas. El pescado también desapareció, incluso en regiones que contaban con una importante industria pesquera. El vestido, el calzado y todo tipo de bienes de consumo eran aun más escasos que los alimentos básicos, y a menudo era imposible conseguirlos. Mientras tanto, la gente vivía en bloques comunitarios (normalmente una familia por habitación) y en barracones habilitados como dormitorios. Al establecer unos precios tan bajos que generaban escasez en las tiendas, y teniendo la capacidad de asignar los bienes escasos antes de que llegaran a aquéllas, los funcionarios podían comerciar de forma no oficial con el acceso a este tipo de bienes a cambio del acceso a otros bienes igualmente escasos.
Referencia:El choque de ideas económicas de Lawrence H. White

Un demonio se convierte en lo que es a través de un ejercicio de libertad

Rémi Brague, profesor emérito de Filosofía Medieval en la Sorbona de París y de Historia del Cristianismo Europeo en la Ludwig-Maximilians-Universität München, escribe que “según la teología los demonios son ángeles caídos. Los ángeles fueron creados por Dios como espíritus puros y sin cuerpo, pero tuvieron que decidir justo después de su creación si se mostrarían agradecidos hacia Dios o soñarían con la independencia de su Creador. Un demonio se convierte en lo que es, un ángel malo y caído, a través de un ejercicio de libertad, de la misma manera que los ángeles buenos se distinguen de los apóstatas solo por el hecho de que aceptan libremente el amor creador de Dios. Esto sucedió en una decisión libre que tuvo lugar en un instante, pero que los convirtió para siempre en lo que son. El diablo no se engendró a si mismo, en contra de la desfachatez que Satanás profiere en la obra de Milton. Como todo ángel es una criatura de Dios, pero se convierte en lo que es, en un  demonio, a través de un acto de libre albedrío, tal como los ángeles buenos eligen libremente obedecer a Dios”.

domingo, 14 de enero de 2024

La creación es un acto genuino de la autorrevelación de Dios

Mons. Gerhard L. Müller escribe que “en el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien…" (Gn 1, 1-4). Estas pocas líneas contienen la respuesta de la fe a la pregunta originaria del ser humano y de la humanidad: ¿de dónde vengo y por qué estoy en la Tierra? ¿Qué es el ser y qué es el hombre? La Sagrada Escritura, en sus primeras líneas, nos ha dado la primera respuesta válida hasta el día de hoy en la fe en Dios creador y consumador. Todo lo que existe ha sido llamado por Dios a la existencia. El ser fue fundado a partir de su amor y de su voluntad.
La fe cristiana en la creación introduce al ser humano en una relación especial con Dios. Le concede la libertad, e incluso lo llama a la libertad. Esta libertad, sin embargo, implica un deber y no significa por tanto darle la espalda a Dios. Quien, sin embargo, reconoce la libertad como don de Dios ve en ella las posibilidades de configurar y ejercer una influencia positiva sobre el mundo. La creación en sí misma es sacada al principio del caos y conducida a un orden y estructura más profundos, que sólo podrá percibir quien reconozca el fundamento auténtico de todo lo creado en el hecho de que mantiene una relación con Dios en cuanto origen y consumador de todo el ser. El caos del principio retrocede ante el orden bueno del Creador: “Tú todo lo dispusiste con medida, número y peso” (Sb 11, 20).
La creación es un acto genuino de la autorrevelación de Dios, quien le ofrece un acceso a la misma al ser humano, al dotarle de la capacidad de la razón. El mundo creado no es un medio intercambiable al que Dios recurre arbitrariamente para revelarse. A través del ser del mundo que se trasluce en el acto de conocimiento, penetra Dios de forma irrefutable dentro de la realización racional del hombre. Donde quiera que el hombre, en su auto experiencia trascendental, se plantea la pregunta por el sentido y el fin del ser humano, encuentra a Dios como fundamento trascendente del ser y del conocimiento finitos. Y dado que Dios se revela en la experiencia que el hombre tiene de sí y del mundo como el origen libre del mundo y del hombre, del ser y del conocimientos finitos, como el misterio santo, hay que hablar aquí, en un sentido explícito, de autorrevelación de Dios. Este originario conocimiento de Dios como creador desborda ampliamente incluso la posibilidad del acceso filosófico a Dios como causa trascendente del universo, porque este encuentro originario con Dios significa ya de por sí un encuentro con Dios del que nace la salvación. 

El Escorial y la batalla de San Quintín

En su Carta de Fundación del Escorial, emitida el 22 de abril de 1567, cuatro años después de haberse iniciado su construcción, el rey Felipe II declaró que dicho edificio estaría dedicado a san Lorenzo, en cuya festividad, el 10 de agosto de 1557, sus fuerzas habían obtenido una famosa victoria. Por esta razón, la iglesia del Escorial fue consagrada a san Lorenzo, y la primera reliquia importante depositada en su altar fue una pierna del santo.Es digno de atención (teniendo en cuenta que la gesta le fue atribuida en repetidas ocasiones a España) es el escaso número de tropas y oficiales españoles involucrados en la batalla. En realidad, la campaña fue un acontecimiento memorable porque Felipe, que participó en ella durante las etapas finales, fue el último rey de España que intervino personalmente en una acción militar. Estos hechos confieren una significación única a dicha acción, a sus consecuencias y al papel que desempeñó en la historia posterior de la monarquía. Sabemos muy poco acerca de esta famosa batalla, que repetidas veces ha sido declarada como una de las victorias militares más destacadas de España, pero que curiosamente ni un solo historiador español ha estudiado. Aparte de la descripción ofrecida en la biografía de Felipe II, escrita por Cabrera de Córdoba en 1609 aproximadamente una década después del fallecimiento del rey, y que no se publicó como una obra completa hasta el siglo XIX, dicha batalla ha sido relegada al olvido como acontecimiento histórico y solo se ha invocado con propósitos ideológicos.

Rendición del ejército francés en San Quintín, por Luca Giordiano.

El martes 10 de agosto, fiesta de San Lorenzo, el condestable, con un contingente de infantería y caballería de aproximadamente veintidós mil hombres, avanzó hacia las posiciones de Saboya frente a San Quintín. En una acción breve pero sangrienta, el Ejército de Flandes, bajo el mando de Saboya y Egmont, infligió una derrota aplastante a las fuerzas del condestable. Un contemporáneo estimaba la cifra de muertos del ejército francés en 5.200, y posiblemente en 7.000 la de prisioneros. Aparentemente, en el ejército de Saboya solo quinientos hombres habían perdido la vida. La inusual cantidad de franceses muertos fue atestiguada por el médico Ambroise Paré, enviado al lugar por el propio rey de Francia para que atendiese a los heridos. El rey, acompañado por las tropas inglesas, tres mil belgas y quinientos españoles, llegó al campamento el día 13, pero sin mostrar indicios de sentirse defraudado. Se le había entregado en mano una de las victorias militares más brillantes de su tiempo. En el campo de batalla, frente a San Quintín, “acompañado por los príncipes y comandantes de su ejército ataviados con sus galas militares” y flanqueado por los estandartes franceses capturados, procedió despacio entre dos largas filas de distinguidos prisioneros y mostró su respeto a cada uno de ellos. Una leyenda creada mucho tiempo después por escritores españoles proclamaba como propia dicha victoria. Nada más lejos de la realidad. Esta batalla no se entabló en nombre de España, que no se encontraba en guerra con Francia. Se entabló en nombre del soberano de los Países Bajos. El control de la campaña no se depositó en manos de España ni de su Consejo de Guerra, sino del Consejo de los Países Bajos, que, según demuestran los documentos, tomó las decisiones. El rey consultó con oficiales de Bruselas y siguió sus directrices; el Consejo de Guerra de España no intervino. Es más, el presupuesto para la campaña lo controló Bruselas, en vez de España.
Gracias a las victorias de San Quintín y Gravelinas se puso freno al poderío francés en Europa occidental.El único artista de renombre que realizó un cuadro inspirado en la contienda fue Tiziano, uno de los pintores oficiales de Felipe II, que se lo encargó para conmemorar la ocasión. A petición del soberano, pintó (1559) un retrato estilizado de san Lorenzo, al que más tarde se adjudicó un lugar prominente en el altar de la basílica del Escorial.
Referencia: El enigma del Escorial  de Henry Kamen


sábado, 13 de enero de 2024

El perdón es la posibilidad de empezar de nuevo

Escribe Rémi Brague que el perdón no es un concepto filosófico, no es parte de la filosofía moral, incluso si a esta última se le permite explorarlo con sus propias herramientas intelectuales y puede hacerlo con éxito. La filosofía moral nos dice lo que debemos hacer y lo que debemos evitar. Pero una vez que dejan de cumplirse los preceptos, no tiene nada más que decirnos, no puede más que repetir la regla. El perdón es la posibilidad de empezar de nuevo.