domingo, 3 de noviembre de 2024

La tasa de abortos en Cataluña es la más alta de España

Según Sanidad, la tasa de mujeres de entre 15 y 44 años que abortan en Cataluña es de casi 15 por cada 1.000; la más alta del Estado. “Son cifras escalofriantes”,manifiestan en Corriente Social Cristiana, que en un mensaje en X apunta a la Generalitat como “responsable de este plus de abortos en Cataluña” por la “educación sexual hedonista que se transmite en las escuelas o TV3”.Según los datos de Sanidad, apenas un 2,5 % de los casos en Cataluña aducen “grave riesgo para la vida o salud de la embarazada”, y solo un 2,2 % ponen como razón “riesgo de graves anomalías en el feto”. La gran mayoría (95 %) señalan como motivo la “petición de la mujer”. Los datos ofrecidos por Sanidad recogen que más de la mitad de los abortos en Cataluña (el 55,74 %) se llevaron a cabo a través de métodos farmacológicos. Por provincias, Barcelona concentra la gran mayoría de abortos (77,7 %), seguida de Gerona (8,6 %), Tarragona (8,6 %) y Lérida (4,3 %).Un 23,6 % de abortos en Cataluña los practicaron mujeres de entre 20 y 24 años, seguidas por la franja de 25 a 29 (22,1 %) y por la de 30 a 34 (19,9 %). Se realizaron 2.117 abortos a chicas de entre 15 y 19 años (9,9 %), y 54 a menores de 15 años.
También se destaca que la mayoría de mujeres que se sometieron a este proceso para impedir nacer a sus hijos tenía estudios postobligatorios: el 61,6 %. Respecto al número de hijos, un 54 % de las mujeres que abortaron no tenían otros hijos, el 21,5 % tenía ya uno, el 16,8 % tenía dos, y el 7,6 % tenía tres o más.

Nada antes de 1914 había preparado el mundo para lo que iba a suceder

Nada antes de 1914 había preparado el mundo para lo que iba a suceder. Todos los horrores de la Europa del siglo XX nacieron de aquella guerra, “la calamidad de la que surgieron todas las demás calamidades”, como la definió el historiador estadounidense Fritz Stern. El año 1914 fue, en efecto, la crisis por excelencia de esa historia, por lo que provocó y por lo que ocurrió después, porque por el camino se llevó al imperio ruso, a cuya caída siguió pocos meses después, un año antes de que esa guerra terminara, la conquista del poder por los bolcheviques.Los altos dirigentes, emperadores y reyes acudían a los actos públicos con uniforme militar; las revistas militares eran una parte esencial del ceremonial público, y, según Christopher Clark, “el culto a la exhibición militar se introdujo en la vida pública y privada de sus comunidades”.
Había una falta de transparencia diplomática en la mayoría de las maniobras de los ministros de Asuntos Exteriores, especialmente cuando trataban de los Balcanes, el escenario que sirvió de detonante al conflicto y que ya había conocido dos guerras, en 1912 y 1913, antes de que la tercera se extendiera en cinco semanas del verano de 1914 a todo el continente.Cuando el archiduque Francisco Fernando (1863-1914) y su esposa, Sofía Chotek (1868-1914), fueron asesinados en Sarajevo el 28 de junio de 1914, la elite europea estaba disfrutando de su vida privilegiada y exquisita. La noticia del asesinato sorprendió al emperador Guillermo II de Alemania (1859-1941) navegando en su yate. El presidente de Francia, Raymond Poincaré (1860-1934), aunque recibió un telegrama en el hipódromo, donde estaba en compañía de otros miembros del cuerpo diplomático, se quedó a disfrutar de las carreras.
Se esperaba que la guerra fuera corta y aunque los gobiernos de los principales poderes contribuyeron a poner en riesgo la paz con sus movilizaciones bélicas, ninguno de ellos había hecho planes militares o económicos para un prolongado combate. Sabían que si entraban en guerra todos la vez, algo que posibilitaba el sistema de alianzas pactado unos años antes, el dinero y las energías gastadas podrían conducir a la bancarrota de la industria y del crédito en Europa. Al declarar la guerra general en agosto de 1914, escribe Ruth Henig, “los poderes europeos contemplaban una serie de encuentros militares cortos e incisivos, seguidos presumiblemente de un congreso general de los beligerantes en el que confirmarían los resultados militares mediante un arreglo político y diplomático”. Guillermo (1885-1951), el príncipe heredero de la corona alemana, ansiaba que la guerra fuera “radiante y gozosa”. La guerra, ideada para garantizar la sobrevivencia y continuidad de los imperios alemán y austrohúngaro, acabó con su estrepitosa derrota y desaparición cuatro años después. Por el camino se llevó al imperio ruso, desacreditó la democracia liberal y de la batalla salieron también el comunismo y el fascismo, alternativas y después polos de atracción para intelectuales, vehículos para la política de masas, viveros de nuevos líderes que, subiendo de la nada, arrancando desde fuera del establishment y del viejo orden monárquico e imperial, propusieron rupturas radicales con el pasado.
Referencia:La venganza de los siervos de Julián Casanova




La ley eterna y la ley natural son inconmutables y universales

Ley divina como base de la justicia humana. Obra de Jacob Jordaens 

La ley eterna y su trasunto la ley natural son inconmutables y universales. La ley humana está condicionada a las situaciones de la vida y cambia con los tiempos. Pero también ella encuentra su medida en la ley eterna. Es justa y legítima la ley temporal en cuanto deriva de la ley eterna. La ley impera la justicia. Una ley injusta no sería ley. Las leyes injustas son más bien nulas: nam mihi lex esse no videtur, quae iusta non fuerit. Todo lo que es justo procede de la ley eterna. Su imperio no es exterior y despótico; por el contrario, expresa el orden vivo y la paz de todas las cosas, sancionados por la Sabiduría creadora y ordenadora del universo.
Referencia: Historia de la Ética de Victoria Camps.


sábado, 2 de noviembre de 2024

Tres maneras distintas por las que un movimiento revolucionario puede fracasar

Alain Badiou, filósofo y dramaturgo francés, ha descrito tres maneras distintas por las que un movimiento revolucionario (es decir, emancipatorio radical) puede fracasar. La primera es la derrota directa, simplemente, es aplastado por las fuerzas del enemigo. La segunda es la derrota que se produce en la misma victoria. El movimiento triunfa sobre su enemigo (al menos temporalmente) solo para asumir el programa básico de este último (apoderándose del poder, ya sea en la forma democrático-parlamentaria, o en una identificación directa del partido con el Estado). Por último, está la que quizá sea la forma de fracaso más auténtica, pero también la más aterradora. Guiado por el instinto correcto de que toda consolidación de la revolución en el poder del Estado acaba en su traición, pero incapaz de inventar o imponer un orden social verdaderamente alternativo, el movimiento revolucionario entra en una desesperada estrategia de proteger su pureza a través de un recurso ultraizquierdista al terror destructivo. Badiou llama a esta última versión de la derrota la “tentación sacrificatoria del vacío”.

Dejarse gobernar por la sensibilidad

Nuestra cultura moderna empuja a las personas a dejarse gobernar únicamente por la sensibilidad, y eso conduce a muchas formas de inmadurez, es decir, de esclavitud. Cuando la relación con otro, por ejemplo, no se fundamenta más que en el placer que nos procura, se está en el infantilismo puro y simple. La verdadera libertad consiste en amar al otro, me complazca o no; la fidelidad cueste lo que cueste, escribe Jacques Philippe.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Lo que le interesaba a Confucio era un orden social armónico

Confucio no era tanto un filósofo como un protoideólogo. Lo que le interesaba no eran las verdades metafísicas, sino más bien un orden social armónico, dentro del cual los individuos pudieran llevar vidas felices y éticas. Él fue el primero en bosquejar claramente lo que se tiene la tentación de llamar el escenario elemental de la ideología, su nivel cero, y que consiste en reivindicar la autoridad (sin nombre) de alguna importante tradición. Se hacía referencia a un tiempo original en el que esta tradición todavía reinaba por completo (cuando un rey era realmente un rey, un padre realmente un padre, etc.), en contraste con el periodo actual, que aparecía como el tiempo de la decadencia, de la desintegración de los lazos sociales orgánicos, de la creciente brecha entre las cosas y las palabras, entre los individuos y sus títulos o papeles sociales. No sorprende que Confucio representara sus enseñanzas como lecciones trasmitidas desde la antigüedad. Y el hecho de que sea fácil demostrar lo a menudo que hacía exactamente lo contrario al proponer algo totalmente nuevo (la tradición a la que apelaba era lo que Eric Hobsbawm ha llamado una tradición inventada ) hace que su insistencia en que él era un “transmisor y no un creador” sea aún más sintomática, su referencia a la tradición era una necesaria ilusión estructural. De acuerdo con Confucio, la gente vivía sus vidas dentro de parámetros firmemente establecidos por el Cielo (que, más que un significativo Ser Supremo, designa el orden natural superior de las cosas, con sus ciclos y modelos establecidos). Los hombres son, no obstante, responsables de sus acciones, especialmente de su trato a los otros; podemos hacer poco o nada por alterar nuestro predestinado periodo de existencia, pero determinamos lo que conseguimos y lo que nos hace ser recordados. El Cielo gobierna el universo físico a través del ming, o destino, que está más allá del entendimiento y control humano, y gobierna el universo moral, el universo del comportamiento humano, a través de T’ien ming, o el mandato del Cielo. Este mandato está basado en la idea de que el Cielo está ante todo preocupado por el bienestar de los humanos y de la sociedad humana; para poder alcanzar ese bienestar el Cielo instituye el gobierno y la autoridad. El Cielo da su mandato a una familia o a un individuo para que gobierne sobre otros seres humanos con justicia e imparcialidad; los gobernantes tienen que hacer que el bienestar de su pueblo sea su principal preocupación. Cuando los gobernantes o una dinastía fracasan en gobernar de esta manera, el Cielo acaba con su mandato y se lo otorga a otro.
¿No es el Cielo el nombre chino para el gran Otro? En este sentido, ¿no está el gobierno del Partido Comunista legalizado por el “Mandato del Cielo”, que obliga a los comunistas a gobernar de una manera que haga que el bienestar de su pueblo sea su principal preocupación?
Cuando se le preguntaba sobre los principios de la buena gobernanza, Confucio replicaba: “El buen gobierno consiste en que el gobernante sea un gobernante, el ministro un ministro, el padre un padre, y el hijo un hijo”.

Una política social que funcione es un paso fundamental para que un país despegue

Los economistas (y otros expertos) no parecen tener nada muy útil que decir en relación con las causas que hacen que unos países crezcan y otros no. Casos perdidos como Bangladesh o Camboya se convierten en pequeños milagros. Casos emblemáticos como Costa de Marfil descienden al grupo de países más pobres. Visto en retrospectiva, siempre se puede elaborar un razonamiento que explique lo sucedido en cada caso. Pero lo cierto es que, en gran medida, somos incapaces de predecir dónde se producirá el crecimiento y no entendemos muy bien por qué se encienden las cosas de repente. Sin embargo, puesto que el crecimiento económico exige tanto fuerza de trabajo como fuerza intelectual, parece plausible que, cuando se produzca la chispa, aumente la probabilidad de que se encienda el fuego si las mujeres y los hombres tienen estudios, buena alimentación y salud, y si los ciudadanos tienen la seguridad y la confianza suficiente para invertir en sus hijos y para dejarles que se vayan de casa para ocupar nuevos empleos en la ciudad. Pero puede que, hasta que eso ocurra, se necesite hacer algo para que la espera de la chispa del crecimiento sea más llevadera. Si se permite que triunfen la miseria y la frustración, y si el enfado y la violencia toman las riendas de la situación, tal vez la chispa no llegue a producirse. Una política social que funcione, que impida que la gente pase al ataque porque sienta que no tiene nada que perder, puede convertirse en un paso fundamental para proteger la cita del país con ese despegue tan difícil de alcanzar.