“Lo más importante de la educación no consiste en transmitir unos conocimientos o habilidades; es, ante todo, ayudar al otro a que crezca como persona, a que despliegue todas sus potencialidades, que son un don que ha recibido de Dios. Lógicamente, también es necesario instruir, comunicar contenidos, pero sin perder nunca de vista que educar tiene un sentido que va más allá de enseñar unas capacidades manuales o intelectuales”, escribe José Manuel Martín. Implica poner en juego la libertad del educando y, con ésta, su responsabilidad. De ahí que, en cuestiones de educación, es preciso proponer metas, objetivos adecuados que, dependiendo de cada edad, puedan ser percibidos como algo sensato que da significado y valor a la tarea emprendida.
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viernes, 21 de febrero de 2025
Educar es ayudar al otro a que crezca como persona
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viernes, 17 de marzo de 2023
Los objetivos y motivaciones que guían la actuación humana han de examinarse a la luz de lo que sabemos y comprendemos
Si queremos llegar a entender este mundo a menudo violento en que vivimos (y a menos que intentemos entenderlo no podemos esperar ser capaces de actuar racionalmente en él y sobre él), no podemos limitar nuestra atención a las grandes fuerzas impersonales, naturales y de origen humano, que actúan sobre nosotros. Los objetivos y motivaciones que guían la actuación humana han de examinarse a la luz de todo lo que sabemos y comprendemos; hay que examinar críticamente sus raíces y su desarrollo, su esencia, y sobre todo su validez, con todos los recursos intelectuales de que disponemos. Esta necesidad urgente, con independencia del valor intrínseco del descubrimiento de la verdad respecto a las relaciones humanas, convierte la ética en un campo de importancia primordial. Solo los bárbaros no sienten curiosidad por saber de dónde proceden, cómo llegaron a estar donde están, adónde parecen dirigirse, si desean ir allí y, en tal caso, por qué, y si no, por qué no, escribe Isaiah Berlin.
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sábado, 19 de febrero de 2022
Lo que cuenta es lograr los objetivos
La política se ha diluido hasta convertirse en la mera gestión de problemas. Los votantes cambian su voto no porque los partidos sean muy diferentes, sino porque es casi imposible distinguirlos, y lo que ahora separa a la izquierda de la derecha es un punto porcentual o dos en los impuestos sobre la renta. Lo vemos en el periodismo, que retrata la política como una competición donde lo que está en juego no son ideales sino carreras. Lo vemos también en el ámbito académico, donde todo el mundo está demasiado ocupado escribiendo como para leer, demasiado ocupado publicando como para debatir. De hecho, la universidad del siglo XXI se parece más que a ninguna otra cosa a una fábrica, y lo mismo puede decirse de nuestros hospitales, escuelas y cadenas de televisión. Lo que cuenta es lograr los objetivos. Se trate del crecimiento de la economía, de los índices de audiencia o de las publicaciones. De forma lenta pero segura, la calidad está siendo remplazada por la cantidad, escribe el historiador holandés Rutger Bregman.
| Rutger Bregman |
Si nuestros abuelos aún seguían los preceptos impuestos por la familia, la Iglesia y la nación, nosotros seguimos los dictados de los medios, el marketing y un Estado paternalista. No obstante, pese a ser cada vez más parecidos, hace mucho que superamos la época de los grandes colectivos. La pertenencia a partidos políticos y sindicatos ha caído en picado y la tradicional línea divisoria entre derecha e izquierda tiene ya escaso significado. Lo único que nos preocupa es resolver problemas, como si la política pudiera externalizarse a consultores de gestión, añade Bregman. “Las mejores mentes de mi generación se dedican a pensar en cómo lograr que la gente haga clic en anuncios”,se lamentaba un antiguo genio matemático de Facebook.
sábado, 12 de junio de 2021
El tamaño de un gobierno debe tener el nivel adecuado para atender la infraestructura pública
Warren Mosler dice que lo primero que se debería hacer es establecer el tamaño del gobierno en el nivel adecuado para atender la infraestructura pública, basado en beneficios y costes reales. El sistema monetario será entonces la herramienta que utilicemos para lograr nuestros objetivos económicos y políticos, y no la fuente de información para establecer cuales serían esos objetivos. Entonces, después de decidir lo que tenemos que gastar para tener un gobierno con el tamaño adecuado, ajustaríamos los impuestos para que todos tuviésemos suficiente poder adquisitivo para comprar lo que está todavía a la venta en los grandes almacenes, después de que el gobierno terminase de hacer sus compras. Esperaría que los impuestos fuesen un poco más bajos que el gasto público. De hecho, un déficit presupuestario en torno al 5% de nuestro producto interior bruto podría llegar a ser la norma. Sin embargo, ese porcentaje en si mismo no tiene ninguna consecuencia económica en particular y podría ser mucho mayor o mucho menor, dependiendo de las circunstancias. Lo que importa es que el propósito de los impuestos debería ser equilibrar la economía y asegurarse de que no esté sobrecalentada ni demasiado fría. Y que el gasto del gobierno federal se fije en la cantidad correcta, en función del tamaño y alcance del gobierno que queremos. Eso significa que no deberíamos aumentar el tamaño del gobierno para ayudar a salir a la economía de una desaceleración. Ya deberíamos tener el tamaño adecuado de gobierno y, por lo tanto, no necesitaríamos ampliarlo cada vez que la economía se desacelera. Así, aunque el aumento del gasto del gobierno durante una desaceleración hace que la economía se reactive y termine la recesión, eso es mucho menos deseable que lograr lo mismo con los suficientes recortes de impuestos para restaurar el gasto del sector privado a los niveles deseados. Peor aún es aumentar el tamaño del gobierno solo porque el gobierno tiene superávit. La finanzas públicas no indican qué tamaño debe tener el gobierno. La cuantía optima de los gastos del gobierno no tiene nada que ver con los ingresos fiscales o la capacidad de endeudarse, ya que ambos son solo herramientas para la actuación política en favor del bien público y no razones para gastar o no gastar ni fuentes de ingresos necesarias para que tenga lugar el gasto público.
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miércoles, 26 de diciembre de 2018
La historia es la ciencia de los hombres en el tiempo.
Al historiador francés Marc Bloch no le gustaba la definición de la historia como “ciencia del pasado”, y consideraba “absurda la idea misma de que el pasado en cuanto tal pudiera ser objeto de ciencia”. Proponía definir a la historia como “la ciencia de los hombres en el tiempo”.
La historia es historia humana, y Paul Veyne subraya que “una diferencia enorme” separa la historia humana de la historia natural y es que “el hombre delibera, la naturaleza no; la historia humana se convertiría en un no sentido si nos olvidamos del hecho de que los hombres tienen objetivos, fines, intenciones”.
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miércoles, 21 de diciembre de 2016
Los movimientos terroristas.
Los movimientos terroristas son ilegales y secretistas; debido a los riesgos, las amenazas y la escasez de oportunidades para atacar sus objetivos, ejercen un grado excepcional de presión interna sobre sus miembros. La conformidad siempre se refuerza cuando el grupo está más cohesionado y es más unánime; lo que dificulta desobedecer las órdenes, especialmente cuando las dicta un miembro de mayor rango y autoridad. Otra propiedad común de la pertenencia al grupo, no obstante, es que en sí misma puede conducir a una relajación de los mecanismos de freno contra conductas impulsivas o inusuales, que en condiciones normales se reprimirían o no llegarían a reconocerse, dice John Horgan.
La desindividualización es un término formal con el que se
denomina el proceso por el que “se debilitan las restricciones sociales y se liberan las tendencias impulsivas y agresivas cuando la persona pierde su identidad individual, normalmente a consecuencia de su pertenencia a un grupo grande o debido a la ocultación de su identidad de una forma u otra”. La desindividualización permite comprender por qué gente que normalmente no sería agresiva puede llegar a sumarse a una protesta política violenta o a formar parte de un grupo de saqueadores de escaparates, por ejemplo. Dworetsky explica cómo es posible llegar a encontrarse tan inmerso en los acontecimientos y en el sentimiento de formar parte del grupo que perdemos la individualidad. Una vez que ésta mengua, perdemos la conciencia de quiénes somos y cuáles son nuestros valores. A su vez, esto nos vuelve más impulsivos y sensibles al estado emocional en que nos encontramos, y, hasta cierto punto, menos capaces de regular nuestra propia conducta. La reducción de la individualidad también hace que nos preocupemos menos por lo que puedan pensar de nosotros los demás y por lo que puedan hacernos. Nos preocupa más responder como parte del grupo.![]() |
| Sendero Luminoso. |
Silke ha descubierto que el uso de máscaras por parte de terroristas de Irlanda del Norte se asocia de forma significativa al incremento del nivel y la variedad de las agresiones acontecidas en la escena del delito. Además, las heridas infringidas a las víctimas tienden a ser más graves que las causadas por quienes no llevan máscara. Parte del proceso de deshumanización comporta otro uso del lenguaje que se da con frecuencia en los entornos militares convencionales. En el discurso militar abunda lo que Bandura describe como “expresiones paliativas”. Es normal que se enseñe a los soldados que digan que disparan contra “blancos” u “objetivos” y no contra “personas”. No debe subestimarse la importancia del poder de las palabras para ejercer control e influencia sobre la conducta. Estos términos no distan mucho de los que utilizaron los responsables del bombardeo de los presuntos pisos francos de los terroristas de Fallujah a mediados de 2004, que a menudo provocaron la muerte de civiles ajenos al conflicto. Estos objetivos solían ser las víctimas de lo que se describía como armamento“desplegado concienzudamente”.
Los movimientos terroristas son ilegales y secretistas; debido a los riesgos, las amenazas y la escasez de oportunidades para atacar sus objetivos, ejercen un grado excepcional de presión interna sobre sus miembros
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