sábado, 20 de diciembre de 2025

No hay filosofía que excuse la falta de sentido común

El filósofo Jaime Balmes escribe que “cuando la naturaleza habla en el fondo de nuestra alma con voz tan clara y tono tan decisivo, es necedad el no escucharla. Solo algunos hombres apellidados filósofos se obstinan a veces en este empeño; no recordando que no hay filosofía que excuse la falta de sentido común, y que mal llegará a ser sabio quien comienza por ser insensato”.
Es tan singular el hombre que “cuando su corazón necesita una doctrina, el entendimiento la inventa y se la presta; siendo raro encontrar a nadie que siga el impulso de sus pasiones sin que al mismo tiempo tenga a mano algunas razones más o menos plausibles para excusar su conducta”.


El Mal solo corrompe y arruina

Tolkien decía que “el Mal no puede crear nada nuevo, solo corromper o arruinar lo que las fuerzas del Bien han inventado o construido”. No obstante, el mal sí puede ser estratégico o manipulador, dice Ignasi Grau.
En Cartas del diablo a su sobrino, C.S. Lewis decía que “la ruta más segura al infierno es gradual”. Individualismo, relativismo y desacralización han cimentado esta ruta hasta el día de hoy. Con la reivindicación del superhombre y el individualismo, nos hemos convencido de que somos, cada uno, el centro del universo. El relativismo nos ha convencido que no existe ni bien, ni mal. Con la muerte de Dios y la desacralización de lo moral, nos hemos convencido de que no hay más allá, y si lo hay, poco le importa cómo nos comportemos. En este contexto, dice Grau, los marcos de nuestra época permiten, en la esfera pública, un mayor margen para el mal.
En nuestra sociedad actual, la libertad no es aquella autodeterminación de la voluntad hacia al bien, evocada por San Agustín, si no más bien, la ausencia de coacciones, incluidas, por supuesto, las coacciones morales.


viernes, 19 de diciembre de 2025

Jazz de Nueva Orleans


Nueva Orleans. La metrópoli portuaria, con inmigrantes de Europa, África y Centroamérica, se convirtió en el lugar más cosmopolita y hedonista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Antes que Nueva York o Los Ángeles, la creatividad pasaba por Nueva Orleans y, especialmente, por el legendario barrio Storyville, el espacio de juego, perdición, crimen y vicio donde se crio Louis Armstrong, pero antes lo hizo un músico crucial, el pianista Jelly Roll Morton, quien en sus conciertos en bares y prostíbulos aportó la improvisación al ragtime salida del folclore negro, conocido poco después como blues. Morton, que con polémica se autodenominó el inventor del jazz, decía que a su música festiva en Storyville incluía también un matiz español. La línea de conexión con ese matiz español se tiene que buscar en el Caribe. Una conexión que no ha dejado de crecer y apreciarse entre los músicos y los estudiosos de Nueva Orleans. Es un condimento del jazz que tiene que ver con lo erótico, lo físico, lo festivo, dentro del espíritu de improvisación, escribe Fernando Navarro, crítico musical.
Hot jazz es decir jazz de Nueva Orleans y su formulación no solo se apreciaba en el piano de Jelly Roll Morton en los tugurios, sino también en las orquestas callejeras. Las bandas de Nueva Orleans (brass bands) crearon, por tanto, el credo de la improvisación colectiva, la espontaneidad de cada uno sumaba al conjunto en favor del ritmo trepidante. Formaciones con instrumentos de viento, cuerda y percusión buscaban la expresión de cada instrumento con agitación y gozo comunitarios. La Creole Jazz Band, la orquesta de King Oliver, fue una de las máximas referencias y la más importante en registrar sus canciones en un estudio de grabación. De allí saldría Louis Armstrong, el gran embajador del futuro jazz y primera estrella de la música popular en Estados Unidos, afirma Navarro.


Nueva Orleans fue la gran ciudad de la diáspora caribeña y recibió también intercambios de Cuba, Haití y otros países de la región. Algunos estudiosos están indagando en el legado de Honduras, donde los descendientes de africanos y aborígenes caribeños y arahuacos en su exilio llevaron el ritmo extraordinario que ofrecen las percusiones de la cultura garífuna. Incluso hay investigaciones con las bandas militares de México durante ese periodo de finales del siglo XIX en el que la frontera estaba por definir. Los intercambios dejaron instrumentos de viento como las cornetas y modos de tocar que influyeron en las brass bands de Nueva Orleans.
El jazz era una música tan viva y agitada desde su raíz misma de búsqueda de libertad y expresión de identidad colectiva que no había cadenas que amarrasen con facilidad al sonido. Porque, como decía el trompetista Wynton Marsalis, “el jazz siempre es raza”. Y, en este sentido, conviene recordar las palabras del historiador Howard Zinn: “El jazz por muy alegre que fuera, presagiaba rebelión”. 

La educación no puede convertirse en una excusa para saldar cuentas con el pasado


La educación no puede convertirse en una excusa para saldar cuentas con el pasado. Hay que transmitir conocimientos y enseñar destrezas a fin de preparar a los más jóvenes para construir su propio futuro. En consecuencia, no se les puede privar del legado cultural con la excusa de lo sucedido en tiempos pretéritos. De lo contrario, corremos el riesgo de cronificar la inmadurez, de crear nuevos Peters Pan poco dispuestos a asumir el reto de ser personas maduras capaces de afrontar las dificultades de la vida. Con buena intención podemos convertirnos en cómplices de intereses espurios que abocan al alumnado a un infantilismo permeable a todo tipo de manipulaciones. Sin las herramientas intelectuales correspondientes difícilmente se desarrollará su pensamiento crítico. Hacer de la niñez una quimera puede condenarnos a una ciudadanía en perpetua minoría de edad, escribe Josep Otón Barcelona, doctor por la Universidad de Barcelona y catedrático de historia.


jueves, 18 de diciembre de 2025

La paz del corazón tiene un precio


El filósofo Miguel-Ángel Martí afirma que la paz del corazón “tiene un precio y quien la desee tendrá que estar dispuesto a pagarlo”. La calma exige “una clara determinación” que pasa primero por conocer las trampas mentales que nos ponemos a nosotros mismos cuando nos pasa algo con lo que no contábamos. La serenidad no es la mera ausencia de conflictos, sino la comprensión de lo que nos sucede para luego conducirnos por la vida con compasión por el otro y por uno mismo.
Serenidad. Esta es, sin duda, una palabra que al nombrarla evoca paz, dulzura, tranquilidad, sosiego, calma, felicidad...La filosofía de vida actualmente parece mirar a otro lado, solo de soslayo añora la calma como forma de estar en la existencia. Pero no es suficiente para alcanzar la serenidad un desmayado deseo, requiere una clara determinación que troquele de una manera definitiva nuestro espíritu y, por tanto, el modo de comportarnos...
Vivimos hacia fuera cuando sabemos que sin tener el "corazón caliente", reconfortado, abrigado por nuestros propios pensamientos, de nada sirve situarnos en la vanguardia de la diversión...No está sereno quien no tiene nada que le moleste, sino quien entiende, por amor, lo que le sucede.


La espiritualización de los sistemas jurídicos puede promover una justicia más pura y ecuánime


La secularización, como proceso de diferenciación entre las instituciones políticas y las religiosas, es un fenómeno de las sociedades maduras, inspirado, entre otras, en la enseñanza evangélica de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). El dualismo estructural Iglesia-Estado que propone la secularización es profundamente beneficioso tanto para la religión como para la política, ya que protege a las comunidades religiosas de la dominación política y a las comunidades políticas del control religioso.
La distinción entre espiritualidad y religión, que algunos estudiosos laicistas han utilizado para arrinconar la dimensión institucional de la religión y priorizar la idea de una espiritualidad ambigua que no requiere ningún tipo de protección jurídica. Esta pertinente distinción entre espiritualidad y religión no socava en ningún momento el valor fundamental de la religión, y no puede llevar a reducir la religión a una mera estructura organizada ni a transformar la espiritualidad en un confuso y amorfo espiritualismo. Además, las religiones, a menudo, han dado forma a diferentes tradiciones espirituales porque la espiritualidad, hasta cierto punto, requiere encarnarse en la cultura, la historia, la fe y las comunidades, del mismo modo que la comunicación solo se vivifica en un sistema lingüístico determinado.  
Dios, la creación, la naturaleza, la razón y la moral están inseparablemente conectados. El universo creado ofrece testimonio de las leyes de Dios y comunica conocimiento moral. Lo natural y lo sobrenatural no son dos dimensiones meramente yuxtapuestas, sino dos dimensiones interconectadas de una realidad multidimensional que incluye distintas dimensiones como la jurídica, la política, la moral y la religiosa, entre otras. Cada dimensión de la realidad es autónoma en su propio ámbito de aplicación, pero queda integrada en una dimensión más profunda. Lo jurídico en lo político, lo político en lo moral y lo moral en lo espiritual. 
La espiritualización de los sistemas jurídicos (entre otros métodos) puede promover una justicia más pura y ecuánime, unos acuerdos más estables y una protección más fuerte de los derechos. Si se lleva a cabo correctamente, la espiritualización del derecho fomenta la limitación de cualquier tipo de dominación, inspira la reducción de la coerción, estimula la comunión y el consenso en la sociedad y aumenta el respeto por el derecho y los sistemas jurídicos. La espiritualización exige el reconocimiento de la dimensión superior del derecho y, por lo tanto, ayuda a las sociedades a repensar, reorientar, renovar, reformar y reimaginar el derecho y los sistemas jurídicos.

Referencia:Extracto de la introducción del libro de Rafael Domingo Oslé titulado Law and Religion in A Secular Age 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

La Iglesia ortodoxa es útil instrumento para Putin

Según Dell `Asta (profesor de Lengua y Literatura Rusa en la Universidad Católica de Milán y Brescia, Vicepresidente de la Fundación Cristiana Rusia) Putin, durante los primeros años de su presidencia, se interesó, sobre todo, por la geopolítica, en la que el gas y el petroleo jugaban un papel destacado. Sin embargo, al poco tiempo, fue consciente de que la Iglesia ortodoxa podía ser útil instrumento para su proyecto imperial. La Iglesia pasó a ser un atributo secundario de la nación y el Estado hasta transformarse en un “dicasterio estatal”, Desde allí se defiende un “nacionalismo de civilización” de rasgos mesiánicos. La Iglesia ortodoxa queda al servicio del “mundo ruso”, con Moscú como centro político y Kiev como centro espiritual, pues la Rus de Kiev en el siglo IX está considerada como origen de la Rusia cristiana. 
Ese “mundo ruso” tiene una Iglesia ortodoxa  común, representada por el Patriarcado de Moscú, y un líder nacional que es el presidente Putin. Desde esta perspectiva, Rusia y Ucrania son el mismo país, aunque tampoco habría que excluir a Bielorrusia, y la defensa de la unidad de Rusia conlleva la unidad de la Iglesia.
La guerra de Ucrania adquiere, en la perspectiva del patriarca Kirill, el carácter de una misión para garantizar el futuro de Rusia, en la que el sacrificio de los soldados reviste un carácter religioso. Kirill llegó a afirmar que “su sacrificio lava todos los pecados cometidos”.