La educación no puede convertirse en una excusa para saldar cuentas con el pasado
La educación no puede convertirse en una excusa para saldar cuentas con el pasado. Hay que transmitir conocimientos y enseñar destrezas a fin de preparar a los más jóvenes para construir su propio futuro. En consecuencia, no se les puede privar del legado cultural con la excusa de lo sucedido en tiempos pretéritos. De lo contrario, corremos el riesgo de cronificar la inmadurez, de crear nuevos Peters Pan poco dispuestos a asumir el reto de ser personas maduras capaces de afrontar las dificultades de la vida. Con buena intención podemos convertirnos en cómplices de intereses espurios que abocan al alumnado a un infantilismo permeable a todo tipo de manipulaciones. Sin las herramientas intelectuales correspondientes difícilmente se desarrollará su pensamiento crítico. Hacer de la niñez una quimera puede condenarnos a una ciudadanía en perpetua minoría de edad, escribe Josep Otón Barcelona, doctor por la Universidad de Barcelona y catedrático de historia.
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