sábado, 15 de junio de 2024

La pornografía produce una incitación a la violencia y a los abusos sexuales

La pornografía produce una incitación a la violencia y a los abusos sexuales en el mundo real (“el porno es la teoría, la violación es la práctica”).Las mujeres, por lo general, no salen bien paradas en la pornografía comercial, las feministas abolicionistas dicen que su preocupación fundamental no es la moralidad sexual tal como la entienden los conservadores, sino los abusos a las mujeres, los niños y los hombres tanto dentro de la industria pornográfica como en la sociedad general que consume sus productos.
Los clubes de strip-tease, reconvertidos en Clubes para caballeros, han abandonado sus viejos y sórdidos locales para establecerse en las principales calles, mientras que el pole dancing (baile en barra) se vende a las mujeres como una forma sexi de mantenerse en forma.
El auge de la cultura del porno se vincula al auge de la cultura de la violación; una vez más, no es sólo una cultura en la que existe la violación, sino una cultura que la normaliza y la permite. Pudiera parecer raro hablar de una cultura que permite la violación cuando la ley la define como un delito violento, sólo superado por el asesinato. Pero la mayoría de los juicios por violación no terminan en condena, y muchos incidentes no son juzgados, o siquiera denunciados, porque los mitos y los estereotipos culturales impiden que muchas personas consideren “real” una violación a menos que ocurra a punta de cuchillo en un callejón oscuro. Los mismos mitos también llevan a la gente a buscar razones para culpar a la víctima y no al agresor. Aunque los factores que contribuyen a esta situación son numerosos, algunas activistas feministas creen que la cultura del porno es uno de ellos. No hace falta creer que el porno es lo que causa directamente las violaciones para entenderlo como un repositorio de los mitos que permiten que tantos hombres violen con impunidad.
Referencia:Feminismo de Deborah Cameron

La hegemonía woke

Ernesto Laclau
Ernesto Laclau, filósofo y escritor postmarxista, inaugura un postmarxismo que reconoce que no se puede ser marxista ya que no existen las clases sociales. “Propone ocupar todas las luchas que se vayan dando e integrarlas en un solo discurso”, la amalgama confusa que nos ocupa. Elaborada su teoría en 1985, Laclau muere en 2014. Justo ese año se produce el que Juan Carlos Girauta apunta como el momento inaugural en la nueva hegemonía woke, el debate en una universidad americana entre dos feministas sobre la “cultura de la violación”, donde una de las debatientes está a favor y la otra dice que “si admitimos esto hacemos un flaco favor a otras mujeres del mundo que conviven junto a auténticas barbaridades como la ablación”. "Ahí aparece el monstruo”. Luego llega un grupo de alumnos y dice que no se puede permitir que en esta universidad haya una persona que niegue que en EE.UU. existe una “cultura de la violación”. Este grupo pronto se va ampliando. El quid de su éxito es la creencia e imposición de que no puede ser que exista ni siquiera debate en otro lugar. Nadie puede defender una idea contraria a la existencia de la cultura de la violación porque dicen que se va a ofender allí donde se diga lo contrario. Se trata de un uso deliberado de la mentira. “¿Por qué quien asume (siempre en el espacio público, nunca en el privado) que hay que salvar el planeta, también asume la determinación de género y también considera que los españoles cometieron un genocidio?… no hay ninguna lógica que justifique la adscripción a estas cosas…". Salvo la teoría del postmarxista, una inoculación.
“La hegemonía cultural es la verdadera pandemia” donde el capitalismo aparece como el enemigo común. “El woke europeo sigue las consignas del woke americano que no ha entendido a Foucault”. La teoría postmarxista de Laclau funciona porque nadie entiende nada, porque nadie ha leído nada, y lo que hila todas las causas es curiosamente, o no tanto, el capitalismo. Las causas LGTBI que no van contra los países comunistas o musulmanes, que históricamente han sido sus enemigos absolutos. Van contra los países capitalistas donde todos estos movimientos han tenido la oportunidad de salir adelante. Se trata de buscar el enemigo común, sea cierto o no.

Hoy lo bueno cede lugar a lo útil, toda valoración se torna relativa

Según la posición, o punto de vista, como hoy se le llama, puede todo volverse hacia acá o hacia allá, juzgarse de uno u otro modo; lo que aparece como derecho se puede presentar como injusticia, y viceversa; todas las cosas pueden vencer si las ayudan las circunstancias y los caprichos. Así la vida se transforma cada vez más en placer, en juego del mero sujeto vacío; el individuo no conoce límite ni temor alguno; el hombre violento se burla de todo orden como mero formalismo, como invención de los débiles, a los cuales opone el poder y la ventaja de los más fuertes como verdadero derecho natural. Lo bueno cede lugar a lo útil, toda valoración se torna relativa, la convicción pierde su apoyo seguro, y la acción, todo fin reflejo que ennoblezca y dignifique al hombre. Es cierto que ese relativismo tiene su razón de existir y toda teoría debe sufrir en algún modo sus ataques; pero, como único dueño, se convierte en el enemigo mortal de todo lo grande y lo verdadero,manifiesta Rudolf Eucken,escritor y filósofo alemán, premio Nobel de Literatura.


viernes, 14 de junio de 2024

Los pueblos de las naciones del centro-oriente de Europa,rompieron las cadenas que las ataban a Moscú

Brézhnev
El deterioro interior de la Unión Soviética había alcanzado, al final de los años de Brézhnev, tal magnitud que no solo la fuerza del país, sino su salud física y moral, su avituallamiento, su hábitat, sus hospitales, en suma: la capacidad de las autoridades públicas para satisfacer las necesidades sociales más elementales se encontraba en entredicho. Ello era así hasta el punto de que uno de los observadores que previeron, siguiendo a Amalrik, la crisis general del régimen, fue un joven demógrafo, Emmanuel Todd, que durante los años setenta había descubierto el aumento de la tasa de mortalidad infantil soviética. Los individuos acaso podían vivir un poco mejor que en el pasado, pero el régimen se quedaba sin aliento; el partido estaba gangrenado por la corrupción; por doquier se veían el cinismo, la embriaguez y la pereza. La vulnerabilidad particular de un sistema de partido único omnipotente que impera sobre la sociedad causó este desplome general, producido por el del partido. Sin embargo, ese bolchevismo crepuscular habría podido sobrevivir aún, sin duda, y tal vez llegar al fin del siglo. Si ya no había una verdadera creencia, sí, en cambio, había una numerosa policía, velando porque todos hablaran la lengua muerta de la ideología. Sájarov estaba bajo estricta vigilancia en Gorki. Los hospitales psiquiátricos cuidaban de los disidentes. El colapso se inició como una clásica crisis de sucesión, a causa del ejercicio obligado de cada nuevo amo del partido, tomar las riendas del aparato. Andrópov o Chernenko no permanecieron en funciones el tiempo suficiente para ser el blanco de su sucesor, todavía eran los hombres de Brézhnev los que había que someter o eliminar para convertirse en el amo. Así, Gorbachov hizo como Jruschov después de Stalin, y como Brézhnev después de Jruschov, acumuló en sus manos el máximo de poder. Pero lo hizo de manera inédita. Antes que él, el partido constituía el único medio del poder. En ocasiones, el secretario general podía volverse contra el partido y destruir su osamenta para rehacerlo, como lo hizo Stalin durante los años treinta; pero nadie era el amo de la Unión Soviética si no contaba con autoridad absoluta sobre el aparato comunista. Cuando Jruschov perdió esta autoridad en 1964, no tardó en caer. Ahora bien, Gorbachov, para imponerse, tomó otro camino. No le bastó remodelar las altas esferas del partido para ponerlas al servicio de su reinado. Se apoyó, además, sobre elementos externos al partido. La liberación de Sájarov, en 1986, indica que modificó las reglas del régimen.
La modesta apertura hacia la sociedad y la relativa suspensión del terror policiaco no manifiestan una pugna por el comunismo sino una vaga aspiración a la democracia, sobre la cual Gorbachov se apoyó poco a poco, a la vez por elección propia y por la fuerza de las circunstancias. Jruschov nunca puso en entredicho el monopolio político del partido, pero su lejano sucesor, en cambio, infringe esta regla fundamental; amenazado, como él, de encontrarse en minoría en el Comité Central, reanimó el Parlamento y debió apoyarse sobre algunos sectores de la opinión pública, como la intelligentsia. Mas, con ello, al debilitar a sus adversarios también se debilitó a sí mismo, destruyendo la fuente de su legitimidad y ofreciendo un nuevo terreno de batalla a unos rivales imprevistos. Asimismo, al suprimir el miedo de hablar, suprimió el principio de la obediencia. Incluso el desorden creciente de la economía encuentra ahí una de sus causas, en la medida en que es inseparable de la anarquía del Estado: Al suprimir el terror, me dijo por entonces un miembro del Parlamento soviético, Gorbachov también ha suprimido la confianza. Palabras terribles pero profundas, que muestran bien el carácter frágil y ambiguo del primero y último presidente de la Unión Soviética, demasiado comunista para lo que ha concedido de libertad. Gorbachov pretende renovar el régimen comunista, y para ello no cuenta con otras ideas que las que toma de la tradición occidental; sus únicos medios son los que mendiga ante las grandes democracias capitalistas. Todo lo que hace contradice lo que afirma proponerse. Cuando la referencia a Occidente se ha convertido, poco a poco, en un pensamiento que comparte con Sájarov, uniendo la nomenklatura y la oposición intelectual, de la idea comunista ya solo queda lo que esta ha destruido. Una sociedad ha sido quebrantada hasta sus cimientos y en esa debacle incluyó sus recursos de reconstrucción a la manera occidental, precisamente cuando ya no tenía otros a su disposición.
Los pueblos de las naciones del centro-oriente de Europa,rompieron las cadenas que las ataban a Moscú para recuperar lo más pronto posible las fuentes de su historia. El comunismo nunca concibió otro tribunal sino la historia; helo aquí, pues, condenado por la historia a desaparecer en cuerpo y alma.

Generación Z

La generación Z(nacidos entre 1996 y 2012) es increíblemente rica, en EEUU. En España no les va tan bien. Dentro de que la economía en España anda a trancas y barrancas eso empobrece a uno de los sectores más débiles, aquellos que apenas tienen experiencia que se encuentran con uno de las tasas más altas del mundo de desempleo juvenil.En cambio la generación Z es la más rica en EEUU que sus antecesoras. Tiene valores diferentes (propiedad de la vivienda y salud mental) frente a los millenials y se ha criado en unas circunstancias diferentes que marcan sus aspiraciones laborales. Las empresas van a tener que empezar a trabajar con una generación distinta a las anteriores y va a ser un desafío para ellas.
La generación Z en España se está enfrentando a una de las circunstancias más duras de la economía española. Se encuentran con que la tasa de desempleo juvenil es la más alta de la UE. Es incluso peor que la de Grecia, un país que siempre había evitado que España apareciera en el peor lugar posible del ranking europeo. Esto es un grave problema, primero porque la productividad de un trabajo se alcanza a partir de cierto tiempo trabajando, por lo que ese retraso se puede acabar arrastrando de por vida. Además es un problema porque impide mucho desarrollo profesional y personal, no hay más que ver las cifras de natalidad recientes.
La generación Z está ganando más que las generaciones anteriores en su misma época. Esta generación en EEUU ha abandonado las humanidades y se ha centrado en estudios con mayor rendimiento económico como ingenierías y economía (algo que no sucede con los Gen Z españoles, que han optado principalmente por las carreras de letras). Además sus sueldos suben más que en otros grupos de edad. En EEUU los sueldos subieron un 13% en el segmento de edad entre 16 y 24 frente al 6% para los trabajadores entre 25 y 54. En Gran Bretaña subieron los sueldos un 15% para aquellos entre 18 y 21 y en Nueva Zelanda un 10% para aquellos entre 20 y 24 frente a una subida media en el país del 6%. (Javier J Navarro)

jueves, 13 de junio de 2024

Hay personas que no se arriesgan

Hay personas que no se arriesgan. La derrota anticipada se convierte en obstáculo insalvable. Una sensación de impotencia tan demoledora que paraliza y nos impide crecer. La seguridad en uno mismo es uno de los factores que contribuyen a sacar adelante las ideas. La reflexión sería que si otros pueden, ¿por qué yo no? Cada uno conoce sus límites y posibilidades; no obstante, es probable que el miedo a dar el primer paso termine por dejarnos fuera de combate antes de presentar batalla.
La derrota es una posibilidad tan real como el triunfo. Las dos opciones están presentes en cualquier desafío que enfrentemos. Por supuesto alguien que pretenda sacar adelante una iniciativa, tendrá que hacer una planificación, saber con qué recursos cuenta y a qué se va a enfrentar. Lo anterior es indispensable, pero si la empresa no se toma con actitud positiva, existen muchas posibilidades de no lograr lo que te propones. Esa falta de positivismo puede conducirnos a la parálisis por miedo a la derrota. Así, el compromiso llega hasta donde el miedo lo permita.La derrota, como posibilidad latente, no tiene por qué dar al traste con los sueños. La actitud positiva deriva de ese amor propio, de esa confianza en uno mismo, y ante el fracaso saca a relucir tus mejores esencias. Entonces la derrota será tomada como una experiencia que fortalecerá a quien la sufre.
En muchas ocasiones ser diferente es considerado una anomalía. Si alguien va en contra de cualquier comportamiento llamado normal, se hace acreedor de cuestionamiento y rechazo. De ahí que algunas personas no se decidan a intentar algo sin antes haber obtenido la aprobación de sus personas de confianza. Cada uno somos un universo particular. Aunque vivimos en comunidad y es aconsejable el intercambio de apoyo, también es necesario cultivar y proteger nuestra individualidad. Es en ese punto donde juega un papel imprescindible la autoestima y la asertividad.

Ha sido destino de los franceses, vivir mal la victoria y la derrota

De Gaulle
Ha sido destino de los franceses, en el siglo XX, vivir mal la victoria y la derrota. Victoriosa en 1918, Francia no tuvo ni la fuerza moral ni la visión histórica, ni el talento diplomático, ni el crecimiento demográfico, ni la fuerza militar que le hubiesen permitido administrar duraderamente una situación de predominio en la Europa continental. Derrotada en 1940, no evitó ni la autoflagelación ni el desquite de la derecha contra la izquierda ante la mirada del enemigo, ni la iniciativa poco gloriosa, pero precoz y deliberada, de las medidas contra los judíos. En 1945 se encontró en una situación inédita; ni victoriosa ni derrotada o, mejor dicho, a la vez victoriosa y derrotada. Gracias a De Gaulle, a los ejércitos que este pudo reunir y a la resistencia interior, pudo obtener (penosamente, in extremis) un taburete ante la mesa de los vencedores, el día de la capitulación. Pero no estuvo presente en Yalta ni en Potsdam. Nadie olvida en realidad que capituló en junio de 1940, y que contribuyó solo marginalmente a la victoria final. Los franceses lo saben mejor que nadie. ¿Qué otro pueblo está más habituado a la fragilidad de la grandeza nacional y, por cierto, qué otro pueblo es más sensible a ella? Un déficit de gloria militar pesa desde 1815 sobre la historia de Francia. Sedán agravó esta frustración, pero Joffre y Foch vengaron Sedán. La derrota de la primavera de 1940 revive el sentimiento de humillación nacional llevándolo a un punto extremo El régimen de Vichy consagra este resentimiento, so pretexto de aliviarlo; la existencia de un gobierno francés bajo un protectorado alemán más o menos disimulado, y en gran parte sostenido por la opinión pública, limita el alcance del llamado del 18 de junio, y esto vale tanto para lo inmediato como para la historia. De Gaulle quiso conjurar la derrota provisional por medio de la participación de los franceses en la victoria final. Pero esa derrota, a la que Vichy le dio carácter oficial, son los estadunidenses y los ingleses, por no hablar de los rusos, del otro lado de Europa, quienes finalmente la han borrado, no los ejércitos franceses. La opinión pública nacional es gaullista en 1944, después de haber estado por Vichy en 1940, y esto es signo de que ha seguido la guerra, más que haberla ganado. El desplome de 1940 no fue borrado de su memoria por la victoria de 1944-1945, como Sedán había sido vengado por el Marne. De Gaulle permite no pensar más en ello, no olvidarlo, menos aún borrarlo, debido precisamente a que la necesidad de olvidar impide el olvido. Los franceses festejaron su liberación en agosto de 1944, pero la victoria del 8 de mayo de 1945 no hizo lanzarse a nadie a las calles. Francia sale de la guerra como una nación aún herida, guiada por su curandero.
Petain pasa revista a guardia de honor en el Pabellón Savinge de Vichy
En Francia los judíos son los grandes olvidados de la victoria. El antifascismo, cuando es de tendencia comunista, no tiene un lugar que asignarle a la masacre de los judíos, los comunistas no están dispuestos a ceder la primera fila en el odio a Hitler, pues lo han conquistado al precio de una ardua lucha. Por lo demás, en sus filas figuran muchos militantes judíos. En cuanto al antifascismo definido por su mínimo común denominador, a saber, el sentimiento democrático, acentúa por reacción el universalismo abstracto de la tradición francesa, que es ciega a la existencia de los judíos como colectividad particular a la hora en que esta particularidad se ha convertido en la piedra de escándalo de una persecución sin precedentes. Esta tradición ha hecho a los franceses especialmente indiferentes a la suerte de los judíos extranjeros en su tierra, y no se interesaron más, apenas, cuando salió a la luz la magnitud de la hecatombe judía en los campos de concentración. En su forma más general, esta masacre le sirvió de pretexto a los franceses para olvidar las leyes antisemitas adoptadas desde el otoño de 1940 por el gobierno de Pétain, y para imputar la responsabilidad de las deportaciones de judíos efectuadas desde Francia a los crímenes de la “colaboración”. De este modo, la metamorfosis imaginaria de la nación francesa en pueblo de resistentes antinazis contribuyó a oscurecer lo que la guerra tuvo de intereses filosóficos y morales.
Referencia:El pasado de una ilusión de François Furet