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jueves, 3 de octubre de 2024

La facultad de hablar es exclusiva del hombre, no la poseen ni los ángeles, ni los animales ni los demonios

La facultad de hablar es exclusiva del hombre, no la poseen ni los ángeles, ni los animales ni los demonios. Hablar significa exteriorizar los pensamientos que hay en nuestra mente; los ángeles, en cambio, tienen una “inefable capacidad intelectual”, gracias a la cual cada uno comprende el pensamiento del otro, o bien todos leen los pensamientos de todos en la mente divina; los demonios tienen ya un conocimiento recíproco del grado de su propia perfidia; y los animales no tienen pasiones individuales sino específicas y, por tanto, conociendo las propias, conocen también las de sus semejantes y no tienen necesidad de conocer las de animales de otras especies. Los demonios hablan un lenguaje que no es el humano: y curiosamente una expresión diabólica como el célebre “Pape satán, pape satán aleppe” provoca otra expresión, esta vez pronunciada por Nemrod, responsable de la catástrofe babélica («Raphèl mai amècche zabì almi», Infierno, XXXI, 67). Los diablos hablan la lengua de la confusión (cf. Hollander, 1980). En cambio, el hombre es guiado por la razón que en cada uno asume formas de discernimiento y de juicio distintas, y necesita una facultad que le permita exteriorizar un contenido intelectual mediante un signo sensible. Para Dante la facultad de lenguaje se define como la aptitud para asociar significados racionales a significantes perceptibles por los sentidos (siguiendo la tradición aristotélica, Dante admite que la relación entre significante y significado, consecuencia de la facultad de lenguaje, se establece por convención, o sea, ad placitum).
Referencia: La búsqueda de la lengua perfecta de Umberto Eco.

viernes, 31 de agosto de 2018

Superhéroes.

Umberto Eco.
Umberto Eco señaló que las historias de los cómics funcionan un poco a la manera de sueños; se repite el mismo argumento básico una y otra vez, de manera obsesiva compulsiva; nada cambia, incluso si el telón de fondo de las historias pasa de la Gran Depresión a la Segunda Guerra Mundial y de ella a la prosperidad de posguerra; los héroes (ya sea Superman, Wonder Woman, Aguijón Verde o Doctor Extraño) parecen vivir en un presente eterno, sin envejecer, siempre fundamentalmente iguales. El argumento básico tiene la siguiente forma: un villano (quizás un capo mafioso, más a menudo un supervillano) se embarca en un proyecto de conquista mundial, destrucción, robo, extorsión o venganza. Alertan al héroe del peligro y se da cuenta de lo que está pasando. Tras pruebas y dilemas, en el último minuto, el héroe arruina los planes del villano. El mundo regresa a la normalidad.

Reaccionan a cosas, carecen de proyectos propios. O, para ser más precisos, en tanto que héroes, no tienen proyectos propios. Como Clark Kent, Superman intenta continuamente (y fracasa) meterse en la cama de Lois Lane. Como Superman, sólo reacciona. En realidad, los superhéroes parecen ser completamente carentes de imaginación.Los superhéroes casi nunca hacen, crean ni construyen cosas. Los villanos, en contraste, son incansablemente creativos. Están llenos de planes, proyectos e ideas.


jueves, 10 de mayo de 2018

No solo los individuos, sino la sociedad misma viven en un proceso continuo de precarización.

Umberto Eco.
Para Umberto Eco se pierde la certeza del derecho (la magistratura se percibe como enemiga) y las únicas soluciones para el individuo sin puntos de referencia son aparecer sea como sea, aparecer como valor, y el consumismo. Pero se trata de un consumismo que no tiende a la posesión de objetos de deseo con los que contentarse, sino que inmediatamente los vuelve obsoletos, y el individuo pasa de un consumo a otro en una especie de bulimia sin objetivo (el nuevo teléfono móvil nos ofrece poquísimas prestaciones nuevas respecto al viejo, pero el viejo tiene que ir al desguace para participar en esta orgía del deseo). 
Crisis de ideologías.
Crisis de las ideologías y de los partidos, alguien ha dicho que estos últimos son ahora taxis a los que se suben un cabecilla o un capo mafioso que controlan votos, seleccionados con descaro según las oportunidades que ofrecen, y esto hace que la actitud hacia los tránsfugas sea incluso de comprensión y no ya de escándalo. No solo los individuos, sino la sociedad misma viven en un proceso continuo de precarización. ¿Hay algo que pueda sustituir esta licuación? Todavía no lo sabemos, y este interregno durará bastante tiempo. 

Bauman observa que es típico del interregno el movimiento
Bauman.
de indignación. Estos movimientos saben lo que no quieren, pero no saben lo que quieren. Uno de los problemas que se les plantean a los responsables del orden público a propósito de los “bloques negros” es que no es posible etiquetarlos, como se hizo con los anarquistas, con los fascistas o con las Brigadas Rojas. Actúan, pero nadie sabe cuándo ni en qué dirección, ni siquiera ellos. 

¿Hay algún modo de sobrevivir a la liquidez? Lo hay, contesta Umberto Eco, y consiste justamente en ser conscientes de que vivimos en una sociedad líquida que, para ser entendida y tal vez superada, exige nuevos instrumentos. El problema es que la política y en gran parte la intelligentsia todavía no han comprendido el alcance del fenómeno.

martes, 20 de marzo de 2018

La teoría conspiratoria de la historia.

Cementerio Judío de Praga
El cementerio de Praga, última de la larga sucesión de novelas de Umberto Eco caracterizadas por lo admirablemente bien que reflejan el espíritu volátil y el enroscado serpenteo de la historia europea, nos ofrece una visión singularmente profunda de la genealogía del paranoico espectro de la conspiración, siempre próximo al umbral de la conciencia, incluso cuando esta dormita. Así resume Eco, por boca de Simonini, el servicio desempeñado por la cosmovisión conspiratoria, así como su utilidad y las causas de su extendido atractivo: Yo siempre he conocido a personas que temían el complot de algún enemigo oculto, los judíos para el abuelo, los masones para los jesuitas, los jesuitas para mi padre garibaldino, los carbonarios para los reyes de media Europa, el rey aguijado por los curas para mis compañeros mazzinianos, los iluminados de Baviera para las policías de medio mundo y, ¡ea!, quién sabe cuánta gente más en este mundo piensa que una conspiración la está amenazando. 

El narrador de El cementerio de Praga vive, piensa y actúa
en el siglo XIX, pero Umberto Eco, que lo situó allí, recompuso su vida, su pensamiento y sus acciones desde la privilegiada visión en retrospectiva que nos da el siglo XXI. Lejos de haberse convertido en la aberración mental de un minúsculo margen desquiciado de la sociedad, la teoría conspiratoria de la historia y de la presunta maquinaria que mueve en nuestros días los hilos de los actores mundiales no deja de aproximarse más y más al corazón mismo del debate político y de la opinión pública a la que abastece e inspira; su popularidad está aumentando con fuerza en un número creciente de países, lo que hace que cuente con un público seguidor en expansión y que aflore con mayor frecuencia en los discursos de los políticos y en las emisiones de los medios de comunicación de masas. 

viernes, 20 de enero de 2017

Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas.

Umberto Eco.
Umberto Eco ha llegado a decir que las redes sociales eran un problema porque “le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios”.Eco agrega que “la televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”. 


No hay duda de que las redes sociales han permitido dar voz a una masa de personas que nunca la tuvo; y que buena parte de ella es ignorante, maleducada y hace del insulto, la mentira y la estupidez su forma de manifestarse, dice Axel Kaiser. En cierto sentido es verdad que los idiotas han encontrado en las redes sociales su ambiente natural, y también que sus opiniones, cuando son repetidas por un número suficiente de personas, son influyentes a pesar de su contenido absurdo. Pero esa es la realidad con la que se debe convivir hoy en día, y la alternativa no puede ser abandonar completamente ese terreno, como han hecho muchas personas, desde los académicos hasta las celebridades. Eso es dejar el espacio de las redes, tan grande y lleno de oportunidades, a los idiotas y populistas, dando por perdida una batalla crucial en el ámbito de las ideas, que también es el de la comunicación.

los idiotas han encontrado en las redes sociales su ambiente natural