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lunes, 28 de octubre de 2019

Anorexia

Universidad Jaume I
Un estudio de la Universidad Jaume I realizado entre 150 jóvenes ha mostrado que casi el 50 por 100 de las jóvenes diagnosticadas de anorexia y bulimia padece también un trastorno de personalidad. Lo que sí ponen de relieve, sin duda, la anorexia y la bulimia son los modelos físicos ideales de las mujeres en el mundo desarrollado actual. Quienes padecen estas enfermedades son, en su mayor parte, mujeres. Y los estudios realizados sobre ellas muestran que tienen un rasgo en común, el perfeccionismo. Son enormemente exigentes consigo mismas, tienden a ser brillantes en los estudios y tienen una necesidad patológica de complacer a los demás. Y el modelo físico que han identificado como el necesario para ser la mejor y para gustar es el de la extrema delgadez. No porque se lo hayan imaginado, sino porque ese es el modelo dominante entre las mujeres más perfectas y más deseadas.


Decía Lucía Cordeiro, gerente de la Asociación de Creadores de Moda, con motivo de la polémica surgida en España en torno a las tallas de las modelos: “Del mismo modo que no se puede culpar al piloto Fernando Alonso de que la gente vaya por carretera a 200 kilómetros por hora y se mate, tampoco se puede culpar a la moda de la anorexia…..Estamos dispuestos a colaborar en lo que podamos, pero creemos, humilde y sinceramente, que la moda no tiene tanta influencia como para ser la gran causa de la anorexia. Hay otros factores que influyen más, como la publicidad de cosmética, cirugía estética y productos para adelgazar”.


sábado, 26 de octubre de 2019

Los errores en educación se pagan muy caros

Según la Organización Mundial de la Salud el suicidio es la primera causa de muerte de jóvenes entre 18 y 24 años en los países occidentales. Según otros estudios, uno de cada cinco niños presenta problemas psicológicos serios; las enfermedades mentales (ansiedad, depresión y fobias principalmente) constituyen la causa más frecuente de bajo rendimiento escolar. Muchos jóvenes comienzan muy pronto a consumir alcohol en exceso, y al llegar a los 20 años uno de cada seis presenta síntomas de embriaguez crónica. La frecuencia de trastornos alimentarios (anorexia y bulimia, sobre todo) también se ha disparado. Aumentan las cifras de adolescentes que se fugan de sus casas (sólo en Francia, por ejemplo, más de cien mil cada año). Escribe Carlos Ma. González para la Revista de Negocios del IEEM que la mayoría de las campañas para evitar estos problemas, que tienen detrás dramas humanos tremendos, se centran en la información sobre los muchos males que acarrean. La experiencia demuestra que la información, aunque es de utilidad, por sí sola resuelve bastante poco, porque la mayoría de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas y que les llevan a buscar refugios fáciles. 


Los errores en educación se pagan muy caros, y aunque no siempre se pueden evitar, lo decisivo es procurar adelantarse y abordarlos antes de que lleguen a plantearse abiertamente. Las causas que los producen suelen ser complejas, y se mezclan con muchos factores como la herencia genética, la dinámica familiar, el estilo educativo escolar o la cultura urbana del entorno. No existe un único tipo de solución que sea capaz de resolver estos problemas, manifiesta González. Alasdair Macintyre ha señalado que una buena educación es haber aprendido a disfrutar haciendo el bien y a sentir disgusto haciendo el mal. Es importante aprender y, por tanto, enseñar a querer lo que merece ser querido.

No puede olvidarse que la envidia, el egoísmo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud. Pero también son carencias de la adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa virtud. El ejercicio de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa, concluye Gonzalez.

jueves, 10 de mayo de 2018

No solo los individuos, sino la sociedad misma viven en un proceso continuo de precarización.

Umberto Eco.
Para Umberto Eco se pierde la certeza del derecho (la magistratura se percibe como enemiga) y las únicas soluciones para el individuo sin puntos de referencia son aparecer sea como sea, aparecer como valor, y el consumismo. Pero se trata de un consumismo que no tiende a la posesión de objetos de deseo con los que contentarse, sino que inmediatamente los vuelve obsoletos, y el individuo pasa de un consumo a otro en una especie de bulimia sin objetivo (el nuevo teléfono móvil nos ofrece poquísimas prestaciones nuevas respecto al viejo, pero el viejo tiene que ir al desguace para participar en esta orgía del deseo). 
Crisis de ideologías.
Crisis de las ideologías y de los partidos, alguien ha dicho que estos últimos son ahora taxis a los que se suben un cabecilla o un capo mafioso que controlan votos, seleccionados con descaro según las oportunidades que ofrecen, y esto hace que la actitud hacia los tránsfugas sea incluso de comprensión y no ya de escándalo. No solo los individuos, sino la sociedad misma viven en un proceso continuo de precarización. ¿Hay algo que pueda sustituir esta licuación? Todavía no lo sabemos, y este interregno durará bastante tiempo. 

Bauman observa que es típico del interregno el movimiento
Bauman.
de indignación. Estos movimientos saben lo que no quieren, pero no saben lo que quieren. Uno de los problemas que se les plantean a los responsables del orden público a propósito de los “bloques negros” es que no es posible etiquetarlos, como se hizo con los anarquistas, con los fascistas o con las Brigadas Rojas. Actúan, pero nadie sabe cuándo ni en qué dirección, ni siquiera ellos. 

¿Hay algún modo de sobrevivir a la liquidez? Lo hay, contesta Umberto Eco, y consiste justamente en ser conscientes de que vivimos en una sociedad líquida que, para ser entendida y tal vez superada, exige nuevos instrumentos. El problema es que la política y en gran parte la intelligentsia todavía no han comprendido el alcance del fenómeno.