Mostrando entradas con la etiqueta conciencia moral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conciencia moral. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de junio de 2023

La libertad de elegir incluye los privilegios que nos singularizan como seres humanos

El privilegio humano de la autoconciencia para descubrir un principio fundamental de la naturaleza del hombre; entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene la libertad interior de elegir. La libertad de elegir incluye los privilegios que nos singularizan como seres humanos. Además de la autoconciencia, tenemos imaginación (capacidad para ejercer la creación en nuestras mentes, yendo más allá de la realidad presente). Tenemos conciencia moral (una profunda percepción interior de lo que es correcto o incorrecto, de los principios que gobiernan nuestra conducta, y de la medida en que nuestros pensamientos y acciones están en armonía con dichos principios). Y tenemos voluntad independiente (capacidad para actuar sobre la base de nuestra autoconciencia, libres de cualquier otra influencia). Ni siquiera los animales más inteligentes tienen esos recursos. Podemos decir, con una metáfora tomada del lenguaje de la informática, que ellos están programados por el instinto o el adiestramiento, o por ambas cosas. Se los puede adiestrar para que sean responsables, pero no pueden asumir la responsabilidad de ese adiestramiento; en otras palabras, no pueden dirigirlo. No pueden cambiar la programación. Ni siquiera tienen conciencia de ella. Pero como consecuencia de nuestros privilegios humanos, podemos formular nuevos programas para nosotros mismos, totalmente independientes de nuestros instintos y adiestramiento. Por ello la capacidad del animal es relativamente limitada, y la del hombre, ilimitada. Pero si vivimos como animales, sobre la base de nuestros instintos, condicionamientos y condiciones, siguiendo los dictados de nuestra memoria colectiva, también nosotros seremos limitados.
La libertad de elegir incluye los privilegios que nos singularizan como seres humanos. Podemos subordinar los sentimientos a los valores. Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan, escribe el profesor Stephen Covey.

viernes, 13 de abril de 2018

Es un deber grave del periodista documentarse bien, y tener su información al día.


San Josemaría Escrivá de Balaguer tenía el convencimiento que sobre la misión y la formación profesional y ética de los periodistas destacan dos aspectos, el aprecio por la libertad y la responsabilidad personales, y el amor a la verdad, unido al deseo de contribuir a una convivencia libre, pacífica y solidaria entre los ciudadanos. Sin verdad y sin libertad no hay auténtica comunicación, sino apariencia de comunicación, y por tanto injusticia.   

“Considero que es un deber grave del periodista
documentarse bien, y tener su información al día aunque a veces eso suponga cambiar los juicios hechos con anterioridad”, dice San Josemaría. Y lo mismo vale para los demás medios de comunicación social, aunque aquí el marco se amplía, porque no se trata sólo de informar con rigor, sino también de fomentar todo lo que promueva la dignidad de la persona, la formación de la conciencia moral, el sentido de la vida y, desde otra perspectiva, la convivencia.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Por qué no podemos no llamarnos cristianos


Benedetto Croce
El filósofo Benedetto Croce en un artículo de 1942 titulado “Por qué no podemos no llamarnos cristianos”, afirmaba que semejante calificación “es simple observancia de la verdad”, y precisaba que: “El cristianismo ha sido la mayor revolución que la humanidad haya realizado jamás, tan grande, tan incluyente y profunda, tan rica en consecuencias, tan inesperada e irresistible en su concreción que no sorprende que haya parecido o pueda aún aparecer como un milagro, una revelación desde lo alto, una intervención directa de Dios en las cosas humanas, que de él han recibido leyes y orientaciones completamente nuevas. Ninguna revolución ni ninguno de los grandes descubrimientos que han marcado un hito en la historia humana admiten comparación con el cristianismo, y frente a él resultan particulares y limitados. Ninguna revolución, incluyendo las que hizo Grecia en la poesía, en el arte, en la filosofía, en la libertad política, y Roma en el derecho; por no hablar de las más remotas de la
escritura, de la matemática, de la ciencia astronómica, de la medicina y de todo lo que debemos a Oriente y a Egipto. Y las revoluciones y los descubrimientos que siguieron en los tiempos modernos, puesto que no fueron particulares y limitados como sus precedentes antiguos, sino que afectaron a todo el hombre, al alma misma del hombre, no pueden pensarse sin la revolución cristiana, en relación de dependencia respecto a ella, a la que corresponde la primacía, porque el impulso originario fue y sigue siendo el suyo”. Y prosigue: “La razón de esto es que la revolución cristiana actuó en el centro del alma, en la conciencia moral y, al destacar lo íntimo y lo propio de dicha conciencia, casi pareció que le proporcionaba una nueva virtud, una nueva cualidad espiritual, de la que hasta entonces carecía la humanidad. Los hombres, los genios, los héroes que hubo antes del cristianismo realizaron acciones magníficas, obras bellísimas, y nos transmitieron un espléndido tesoro de formas, de pensamientos y de experiencias; pero en todos ellos se echa de menos ese acento propio que nos une y hermana, y que sólo el cristianismo supo dar a la vida humana”.