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sábado, 11 de julio de 2026

El siglo cruel

Stephan Zweig, en su última obra, describió el “mundo de la seguridad” que la Gran Guerra hizo literalmente añicos, dando comienzo al que Luigi Fenizzi llamó el “siglo cruel”, durante el cual el planeta Tierra fue transformado en un enorme matadero en el que millones y millones de hombres fueron bárbaramente masacrados en nombre de valores contrarios a los de la tradición iluminista. Todo sucedió como si de los estratos profundos de Europa se hubieran desencadenado terroríficas fuerzas poderosas decididas a hacer tabula rasa de la civilización de los derechos y de las libertades, trabajosamente construida a lo largo de siglos de luchas y experimentos. Un espectáculo tan inquietante que indujo a Benedetto Croce a evocar la figura del Anticristo, “destructor del mundo, que disfruta con la destrucción, sin que le importe no poder contribuir sino al proceso cada vez más destructor, vertiginoso de esta misma destrucción, lo negativo que quiere comportarse como positivo y ser como tal no ya creación sino destrucción». Con estas palabras, Croce expresó su angustia, al mismo tiempo metafísica y moral, frente al “ideal de la muerte” que animaba a los dos grandes movimientos totalitarios surgidos de los escombros de la Gran Guerra, el comunismo y el nazismo.

sábado, 17 de agosto de 2019

Toda historia es historia contemporánea

Marc Bloch
El historiador francés Marc Bloch creía en las relaciones que entablan en la historia el pasado y el presente. Consideraba que la historia no sólo tiene que permitir “comprender el presente a través del pasado”,actitud tradicional, sino también “comprender el pasado mediante el presente”.


La idea de que la historia esté dominada por el presente descansa en gran parte en una célebre frase del historiador italiano Benedetto Croce, quien declara que “toda historia” es “historia contemporánea”. Croce quiere decir con eso
Benedetto Croce
que “por lejano que parezcan cronológicamente los hechos que la constituyen, la historia está siempre referida en realidad a la necesidad y a la situación presente, donde repercuten las vibraciones de esos hechos”. Croce cree que desde el momento en que los acontecimientos históricos pueden ser repensados constantemente, no están “en el tiempo”; la historia es “el conocimiento del eterno presente”. 

miércoles, 14 de febrero de 2018

Por qué no podemos no llamarnos cristianos


Benedetto Croce
El filósofo Benedetto Croce en un artículo de 1942 titulado “Por qué no podemos no llamarnos cristianos”, afirmaba que semejante calificación “es simple observancia de la verdad”, y precisaba que: “El cristianismo ha sido la mayor revolución que la humanidad haya realizado jamás, tan grande, tan incluyente y profunda, tan rica en consecuencias, tan inesperada e irresistible en su concreción que no sorprende que haya parecido o pueda aún aparecer como un milagro, una revelación desde lo alto, una intervención directa de Dios en las cosas humanas, que de él han recibido leyes y orientaciones completamente nuevas. Ninguna revolución ni ninguno de los grandes descubrimientos que han marcado un hito en la historia humana admiten comparación con el cristianismo, y frente a él resultan particulares y limitados. Ninguna revolución, incluyendo las que hizo Grecia en la poesía, en el arte, en la filosofía, en la libertad política, y Roma en el derecho; por no hablar de las más remotas de la
escritura, de la matemática, de la ciencia astronómica, de la medicina y de todo lo que debemos a Oriente y a Egipto. Y las revoluciones y los descubrimientos que siguieron en los tiempos modernos, puesto que no fueron particulares y limitados como sus precedentes antiguos, sino que afectaron a todo el hombre, al alma misma del hombre, no pueden pensarse sin la revolución cristiana, en relación de dependencia respecto a ella, a la que corresponde la primacía, porque el impulso originario fue y sigue siendo el suyo”. Y prosigue: “La razón de esto es que la revolución cristiana actuó en el centro del alma, en la conciencia moral y, al destacar lo íntimo y lo propio de dicha conciencia, casi pareció que le proporcionaba una nueva virtud, una nueva cualidad espiritual, de la que hasta entonces carecía la humanidad. Los hombres, los genios, los héroes que hubo antes del cristianismo realizaron acciones magníficas, obras bellísimas, y nos transmitieron un espléndido tesoro de formas, de pensamientos y de experiencias; pero en todos ellos se echa de menos ese acento propio que nos une y hermana, y que sólo el cristianismo supo dar a la vida humana”.