Stephan Zweig, en su última obra, describió el “mundo de la seguridad” que la Gran Guerra hizo literalmente añicos, dando comienzo al que Luigi Fenizzi llamó el “siglo cruel”, durante el cual el planeta Tierra fue transformado en un enorme matadero en el que millones y millones de hombres fueron bárbaramente masacrados en nombre de valores contrarios a los de la tradición iluminista. Todo sucedió como si de los estratos profundos de Europa se hubieran desencadenado terroríficas fuerzas poderosas decididas a hacer tabula rasa de la civilización de los derechos y de las libertades, trabajosamente construida a lo largo de siglos de luchas y experimentos. Un espectáculo tan inquietante que indujo a Benedetto Croce a evocar la figura del Anticristo, “destructor del mundo, que disfruta con la destrucción, sin que le importe no poder contribuir sino al proceso cada vez más destructor, vertiginoso de esta misma destrucción, lo negativo que quiere comportarse como positivo y ser como tal no ya creación sino destrucción». Con estas palabras, Croce expresó su angustia, al mismo tiempo metafísica y moral, frente al “ideal de la muerte” que animaba a los dos grandes movimientos totalitarios surgidos de los escombros de la Gran Guerra, el comunismo y el nazismo.
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sábado, 11 de julio de 2026
El siglo cruel
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miércoles, 23 de octubre de 2024
Los últimos Juegos Olímpicos ha sido una burla al cristianismo
*Los últimos Juegos Olímpicos han sido como una especie de anuncio universal del advenimiento del Anticristo. Además de la burla llevada a cabo contra la Eucaristía, la presencia de figuras y signos de carácter satánico ha sido proverbial según han acertado a ver expertos, y, por supuesto, no solo los pertenecientes al espacio de los cristianos. Por otro lado, la persecución cada vez más exacerbada de estos y de la fe es muy clara, basta con solo ver las estadísticas y los hechos. La quema de iglesias en Francia y los ataques a los cristianos fuera de Europa cada vez más frecuentes son solo una muestra de lo que hay y de lo que se nos viene encima.
De la misma manera que lo es, en nombre de una laicidad beligerante, la cancelación de contenidos de la fe y de su expresión pública, plástica o hablada. Y, sobre todo, el premeditado olvido de Dios, fuente de nuestra cultura tanto democrática como predemocrática, por un mal entendido programa de inclusión. Es lo que ya conocemos, desde hace años, como la apostasía silenciosa; los bautizados que ya ni creen ni esperan en el Dios, al que, al menos inicialmente, estaban unidos. La propia crisis profunda de la Iglesia Católica con sus diferentes manifestaciones es otro signo, anunciado por algunas importantes revelaciones, algunas relativamente recientes. Y cuando, en Occidente, la fe está en crisis también lo está nuestra sociedad y nuestra cultura a las que había contribuido grandemente a dar forma.
Con independencia de que pudieran ser meras coincidencias en el tiempo, ahondadas por el desarrollo alcanzado por el hombre en este y en el pasado siglo, estos y otros signos debería invitarnos al menos a la reflexión.La intuición de que el final de los tiempos ha comenzado no es exclusivamente cristiana; se trata de una sensación bastante generalizada.
*Resumen del articulo publicado en el periódico digital El Debate escrito por Manuel Bustos Rodríguez, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz y director de la Real Academia Hispano Americana.
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