Mostrando entradas con la etiqueta autoconciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autoconciencia. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de junio de 2023

La libertad de elegir incluye los privilegios que nos singularizan como seres humanos

El privilegio humano de la autoconciencia para descubrir un principio fundamental de la naturaleza del hombre; entre el estímulo y la respuesta, el ser humano tiene la libertad interior de elegir. La libertad de elegir incluye los privilegios que nos singularizan como seres humanos. Además de la autoconciencia, tenemos imaginación (capacidad para ejercer la creación en nuestras mentes, yendo más allá de la realidad presente). Tenemos conciencia moral (una profunda percepción interior de lo que es correcto o incorrecto, de los principios que gobiernan nuestra conducta, y de la medida en que nuestros pensamientos y acciones están en armonía con dichos principios). Y tenemos voluntad independiente (capacidad para actuar sobre la base de nuestra autoconciencia, libres de cualquier otra influencia). Ni siquiera los animales más inteligentes tienen esos recursos. Podemos decir, con una metáfora tomada del lenguaje de la informática, que ellos están programados por el instinto o el adiestramiento, o por ambas cosas. Se los puede adiestrar para que sean responsables, pero no pueden asumir la responsabilidad de ese adiestramiento; en otras palabras, no pueden dirigirlo. No pueden cambiar la programación. Ni siquiera tienen conciencia de ella. Pero como consecuencia de nuestros privilegios humanos, podemos formular nuevos programas para nosotros mismos, totalmente independientes de nuestros instintos y adiestramiento. Por ello la capacidad del animal es relativamente limitada, y la del hombre, ilimitada. Pero si vivimos como animales, sobre la base de nuestros instintos, condicionamientos y condiciones, siguiendo los dictados de nuestra memoria colectiva, también nosotros seremos limitados.
La libertad de elegir incluye los privilegios que nos singularizan como seres humanos. Podemos subordinar los sentimientos a los valores. Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan, escribe el profesor Stephen Covey.

martes, 18 de enero de 2022

¿Quien es el hombre?


*¿Quien es el hombre? ¿Que es lo que de hecho le caracteriza? La posición erguida requiere modificaciones sustanciales en el sistema esquelético, algunas de las cuales no parecen especialmente ventajosas. El transito por el canal del parto, por ejemplo, se complica de forma notable, lo que hace que los bebes humanos nazcan en un estado de desarrollo relativamente más temprano que el de sus parientes antropoides. Esto, a su vez, potencia un aprendizaje más largo, una maduración más lenta del sistema nervioso y un mayor desarrollo cerebral.


Pero el hombre es algo más que cerebro. El hombre es libertad y autoconciencia, es el nivel de la naturaleza en que ésta se vuelve consciente de si misma. Emerge así una dimensión totalmente distinta de la material e irreductible a ella. Lo prueba el hecho mismo de que la pregunta humana sobre el significado sea inextirpable; puede ser acallada, pero no se puede eliminar. Una tocata de Bach es un conjunto de cambios de presión en el aire que llega a mis oídos y sería imposible sin el órgano, pero ¿es solo eso o es también, y radicalmente, “otra cosa” respecto al instrumento que hace suceder sus notas? Un beso apasionado es un conjunto integrado de sensaciones y de reacciones neuromusculares, ademas de un intercambio de microbios por vía oral, pero ¿resulta razonable afirmar que es eso y nada más que eso?


El cientifismo nos llevaría a concluir de forma irracional que una escultura de Miguel Angel no es nada más que un trozo de roca. Los paleontólogos no son capaces de identificar con precisión el umbral de la aparición del hombre. Pero nuestra experiencia actual muestra que se produjo una discontinuidad debida a una dimensión distinta de la material. ¿Cuándo sucedió esto por primera vez? Querer responder a esta pregunta es como pretender definir en que golpe de Miguel Angel aquel mármol dejó de ser un simple bloque de piedra para convertirse en una obra de arte.

*Escrito basado en un artículo del profesor José Augusto Diaz


miércoles, 28 de julio de 2021

Superar el concepto económico de justicia con el concepto de justicia social


El Papa Francisco en un viaje a Sudamérica decía que “todos los hijos, aunque cada uno tenga su propia índole, son igual de queridos. En cambio, el niño, cuando se niega a compartir lo que recibe gratuitamente de ellos, de los padres, rompe esta relación o entra en crisis, fenómeno más común. Las primeras reacciones, que a veces suelen ser anteriores a la autoconciencia de la madre, empiezan cuando la madre está embarazada. El chico empieza con actitudes raras, empieza a querer romper, porque su psiquis le prende el semáforo rojo, cuidado que hay competencia, cuidado que ya no sois el único. Curioso. El amor de los padres lo ayuda a salir de su egoísmo para que aprenda a convivir con el que viene y con los demás, que aprenda a ceder, para abrirse al otro. A mí me gusta preguntarle a los chicos: “Si tienes dos caramelos y viene un amigo, ¿qué haces?” Generalmente, me dicen: “Le doy uno”. Generalmente. “Y si tienes un caramelo y viene tu amigo, ¿qué haces?” Ahí dudan. Y van desde el “se lo doy”, “lo partimos”, al “me lo meto en el bolsillo”. Ese chico que aprende a abrirse al otro. En el ámbito social, esto supone asumir que la gratuidad no es complemento sino requisito necesario para la justicia. La gratuidad es requisito necesario para la justicia. Lo que somos y tenemos nos ha sido confiado para ponerlo al servicio de los demás. Nuestra tarea consiste en que fructifique en obras de bien. Los bienes están destinados a todos, y aunque uno ostente su propiedad, que es lícito, pesa sobre ellos una hipoteca social. Siempre. Se supera así el concepto económico de justicia, basado en el principio de compraventa, con el concepto de justicia social, que defiende el derecho fundamental de la persona a una vida digna”. 

sábado, 26 de enero de 2019

La autoconciencia hace al hombre.


Erich Fromm se pregunta en que se diferencia el hombre del animal.No es por la posición erecta, se contesta Fromm. Eso existía ya desde mucho antes en los monos, bastante antes de que se desarrollara más el cerebro. Tampoco es por la utilización de herramientas, sino por algo decisivamente nuevo, por una cualidad totalmente distinta, la autoconciencia. También el animal tiene una conciencia, una conciencia de los objetos, sabe que esto es una cosa y eso es otra. Pero cuando surgió el hombre, mostró una conciencia distinta y nueva, la conciencia de sí mismo. El hombre sabe que él es y que es otra cosa, distinta de la naturaleza, distinta también de los otros hombres. Tiene la vivencia de sí mismo, está consciente de que piensa, de que siente. En el reino animal no existe nada análogo. Esto es lo específico que hace que el hombre sea hombre.