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martes, 18 de enero de 2022

¿Quien es el hombre?


*¿Quien es el hombre? ¿Que es lo que de hecho le caracteriza? La posición erguida requiere modificaciones sustanciales en el sistema esquelético, algunas de las cuales no parecen especialmente ventajosas. El transito por el canal del parto, por ejemplo, se complica de forma notable, lo que hace que los bebes humanos nazcan en un estado de desarrollo relativamente más temprano que el de sus parientes antropoides. Esto, a su vez, potencia un aprendizaje más largo, una maduración más lenta del sistema nervioso y un mayor desarrollo cerebral.


Pero el hombre es algo más que cerebro. El hombre es libertad y autoconciencia, es el nivel de la naturaleza en que ésta se vuelve consciente de si misma. Emerge así una dimensión totalmente distinta de la material e irreductible a ella. Lo prueba el hecho mismo de que la pregunta humana sobre el significado sea inextirpable; puede ser acallada, pero no se puede eliminar. Una tocata de Bach es un conjunto de cambios de presión en el aire que llega a mis oídos y sería imposible sin el órgano, pero ¿es solo eso o es también, y radicalmente, “otra cosa” respecto al instrumento que hace suceder sus notas? Un beso apasionado es un conjunto integrado de sensaciones y de reacciones neuromusculares, ademas de un intercambio de microbios por vía oral, pero ¿resulta razonable afirmar que es eso y nada más que eso?


El cientifismo nos llevaría a concluir de forma irracional que una escultura de Miguel Angel no es nada más que un trozo de roca. Los paleontólogos no son capaces de identificar con precisión el umbral de la aparición del hombre. Pero nuestra experiencia actual muestra que se produjo una discontinuidad debida a una dimensión distinta de la material. ¿Cuándo sucedió esto por primera vez? Querer responder a esta pregunta es como pretender definir en que golpe de Miguel Angel aquel mármol dejó de ser un simple bloque de piedra para convertirse en una obra de arte.

*Escrito basado en un artículo del profesor José Augusto Diaz


jueves, 23 de agosto de 2018

A fines del cretácico se produjo la última de las grandes extinciones de seres vivos, entre ellas la de los dinosaurios.

A fines del cretácico se produjo la última de las grandes extinciones de seres vivos que hubo en la historia del planeta, entre ellas la de los dinosaurios. Por supuesto, y como cada teoría tiene sus detractores, algunos paleontólogos creen que aquellos enormes bichos comenzaron a extinguirse ya a fines del cretácico, antes de que sobrevinieran las hecatombes, que no habrían sido sino el golpe de gracia final. Todo es posible, y no es aquí cuestión de discutirlo. Por un tiempo, el descubrimiento de Walter Álvarez, si no quedó en entredicho, subsistió como una de las muchas hipótesis de la gran extinción. Se han dado explicaciones
de todo género, algunas demasiado sensacionalistas, como la de que hubo un enfriamiento previo que dejó ateridos a los dinosaurios, que su excesiva abundancia provocó luchas mortales entre ellos, que si un germen desconocido envenenó los huevos, que se los comieron los pequeños mamíferos roedores, o que a los dinosaurios les dio de pronto por suicidarse, como tal vez ocurre ahora con algunas ballenas o cachalotes que se lanzan voluntariamente, sin que se sepa por qué, contra las playas. En fin, toda una serie de teorías sugestivas, pero en buena proporción disparatadas, acogidas con entusiasmo por los medios. 


Sin embargo, cuenta José Luis Comellas, en marzo de 2010 un grupo de 41 científicos de todo el mundo publicaron en la revista Science un trabajo en que concluyen que el impacto de Chicxulub fue la causa primordial de la catástrofe del "Kreide-Tertiär". En todo caso, lo absolutamente cierto es que hace 65 millones de años no quedaron dinosaurios sobre la Tierra. Y es curioso, añade Comellas, cada vez que se registra una extinción masiva, la vida estalla al poco tiempo con increíble rapidez: tiene lugar, en virtud no solo de mutaciones genéticas, sino de lo que se llaman “mutaciones genéricas”, el surgimiento de seres vivos de géneros distintos a los existentes hasta entonces. En este caso, parece que pudieron sobrevivir a la catástrofe los pequeños mamíferos, del tipo de los topos o lepóridos precedentes de los conejillos, que sobrevivieron quizá por su capacidad de construir sus madrigueras bajo tierra. Fuera lo que fuese, los mamíferos empezaron a multiplicarse rápidamente.