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domingo, 4 de mayo de 2025

El nacionalismo catalán ha secularizado la sociedad

Javier Barraycoa Martínez ,doctor en Filosofía y profesor de ciencias políticas la Universidad Abad Oliba, cree que el nacionalismo catalán ha actuado indirectamente, de dos formas. Primero, secularizando la sociedad. A medida que se desploma la práctica religiosa, se abandonan los límites morales al aborto. Y en segundo lugar, el nacionalismo siempre ha ido acompañado de un cierto complejo de superioridad. “Somos más modernos que el resto de España”, entendiendo la modernidad como acoger todas las revoluciones sexuales y los postulados de la Agenda 2030, digamos. Es un aparente localismo que se apoya en un falso universalismo.
Convergencia y el PSC, los dos grandes partidos que han vertebrado la política catalana, nacen de entornos cristianos. Convergencia nace en Montserrat, al amparo de un clero catalanista, pero con la vocación de ser moderno. Y el PSC lo mismo, nace de las grandes redes de cristianos por el socialismo que habían surgido en la Acción Católica y en muchísimas parroquias de Cataluña. Y de ahí la contradicción, gente de misa y de derechas votando a Convergencia, cuando estos han hecho políticas antinatalista o han promovido las parejas de hecho, la homosexualidad o la educación de género.
El profesor Barraycoa cree que la situación de Cataluña es irreversible porque humanamente donde se asienta una cultura de la muerte... Tenemos paradigmas históricos, como la famosa caída demográfica del Imperio Romano, que ya era una cultura anticonceptiva. Para mucha gente, el aborto no deja de ser el último método anticonceptivo. Es muy difícil revertirlo… a menos que hubiera una profundísima renovación espiritual. Pero aquí ya hablamos más de lo divino que de lo humano.

martes, 28 de febrero de 2023

El problema catalán es un problema que que sólo se puede conllevar

Azaña decía que al pueblo catalán podría verse como un personaje peregrinando por las rutas de la historia en busca de un Canaán que él solo se ha prometido a sí mismo y que nunca ha de encontrar. Azaña recuerda que Castilla no ha sido nunca instrumento ni móvil de una frustración de libertades españolas y, por este motivo, el mayor desatino y la mayor profanación que se podría hacer en España sería, por espíritu de oposición, poner frente al regionalismo o nacionalismo catalán u otro cualquiera, un regionalismo o nacionalismo castellano.

El problema catalán, decía Ortega y Gasset, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar, y al decir esto, conste que significo con ello, no sólo que los demás españoles tenemos que conllevarnos con los catalanes, sino que los catalanes también tienen que conllevarse con los demás españoles.El problema catalán es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar; que es un problema perpetuo, que ha sido siempre, antes de que existiese la unidad peninsular y seguirá siendo mientras España subsista; que es un problema perpetuo. Por cualquier fecha que cortemos la historia de los catalanes encontraremos a éstos enzarzados con alguien, y si no consigo mismos, enzarzados sobre cuestiones de soberanía, sea cual sea la forma que de la idea de soberanía se tenga en aquella época; sea el poder que se atribuye a una persona a la cual se llama soberano, como en la Edad Media y en el siglo XVII, o sea, como en nuestro tiempo, la soberanía popular. Pasan los climas históricos, se suceden las civilizaciones y ese sentimiento dilacerante, doloroso, permanece idéntico en lo esencial.



lunes, 13 de noviembre de 2017

Nacionalismo en Cataluña.

En la revista Vida Nueva el cardenal Fernando Sebastián habla sobre el nacionalismo, mas en concreto del nacionalismo catalán. Entre otras cosas manifiesta:
- El nacionalismo es siempre victimista, pero es victimista porque antes, y más profundamente, es egoísta, se cree más que los demás y quiere más que los demás. Es egoísta e insolidario. Pretende estar solo para vivir mejor.
 -El nacionalismo es ruptura. Se quiera o no, desgarra el tejido social, enfrenta a las personas, divide las familias. Por eso, solo es legítimo y moralmente aceptable cuando resulta ser el único remedio contra graves injusticias colectivas, de dominación o discriminación.
-Venir ahora a hablarnos del derecho de autodeterminación es vivir en otro mundo. O no querer enterarse de lo que uno tiene a su alrededor. Tenemos que vivir en la realidad, no en la burbuja de nuestras fantasías.
Ramiro I de Aragón.
-Aquí se habla de 500 años de convivencia. Pero son más. Cataluña formó parte no del Reino de Aragón, pero sí de la Corona de Aragón, con el rey Ramiro de Aragón y el conde Ramón Berenguer, desde el siglo XII.
-A lo largo de estos años de vida democrática se ha convertido ( el nacionalismo catalán) en un problema social y cultural. Esta ampliación cultural del independentismo ha venido por dos cauces: la educación y los medios de comunicación, dirigidos y manipulados desde el poder autonómico.
-Algo tiene que ver también en todo esto la descristianización galopante que está sufriendo Cataluña en estos años. El independentismo descristianiza y la descristianización favorece el independentismo.
-La realidad tiene que  ir entrando en la sociedad catalana desde una enseñanza objetiva, imparcial, no manipulada, y con unos medios de comunicación igualmente objetivos, no sectarios, ni subvencionados ni teledirigidos.
- Los catalanes son tenaces y muy amantes de sus cosas. Y tienen todo el derecho del mundo. Me asustan, dice el cardenal, un poco los melindres democráticos de algunos políticos que quieren una intervención reducida y cortita. Habrá que hacer lo que sea necesario. ¿O no? Esta crisis es una gran oportunidad histórica. No podemos perderla.