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sábado, 24 de agosto de 2024

La circunstancia que hizo inevitable la guerra civil en España fue la guerra civil dentro del PSOE

Largo Caballero e Indalecio Prieto
José Antonio Primo de Rivera hacía el 14 de marzo de 1936 desde la Dirección General de Seguridad, donde se hallaba detenido acusado de ser el responsable político de diversos atentados cometidos por la Falange contra miembros de la izquierda, todo ello en el contexto de una espiral de violencia que también se había cobrado víctimas entre las filas falangistas. Decía Primo de Rivera a sus seguidores: En la propaganda electoral se dijo que la Falange no aceptaría, aunque pareciera sancionarlo el sufragio, el triunfo de lo que representa la destrucción de España. Ahora que eso ha triunfado, ahora que está el poder en las manos ineptas de unos cuantos enfermos, capaces por rencor de entregar la Patria entera a la disolución y a las llamas, la Falange cumple su promesa y os convoca a todos, estudiantes, intelectuales, obreros, militares, españoles, para una empresa peligrosa y gozosa de reconquista. No menos agresivas eran por aquel entonces las proclamas de Largo Caballero. El dirigente socialista, en un mitin en Cádiz celebrado el 24 de mayo, había vaticinado: Cuando el Frente Popular se derrumbe, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que… quiere decir la represión… de las clases capitalistas y burguesas. Cabe recordar que tanto Primo de Rivera como Largo Caballero eran, cuando pronunciaron sendos discursos, diputados al Congreso, con lo cual sus palabras no sólo ponen en evidencia la hostilidad extrema entre facciones políticas, sino también el desprestigio de la institución legislativa para encauzar el debate político.
El PSOE, a causa de las graves disensiones internas que acumulaba, se veía incapacitado para administrar su victoria electoral. Las luchas internas entre los seguidores de Prieto, que avalaba plenamente el programa de mínimos del Frente Popular, y los partidarios de Largo Caballero, que propugnaba la unidad de acción revolucionaria con los comunistas e, incluso, anarquistas, no menguaba sino que se acentuaba. La UGT se mostraba dispuesta a suscribir el pacto ofrecido por los confederales, mientras que las Juventudes Socialistas ya se habían fusionado con las comunistas. Este cúmulo de disparidades justifican que Salvador de Madariaga afirmara que “La circunstancia que hizo inevitable la guerra civil en España fue la guerra civil dentro del PSOE”.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Lo militar excluye lo miliciano y en la España de Franco la victoria correspondió al Ejército

Cuenta el historiador Javier Tusell que lo militar excluye lo miliciano y en la España de Franco desde un principio la victoria correspondió al Ejército y no a las milicias del Partido…En la Italia mussoliniana, el partido controló y bloqueó a los sindicatos; en España, la fuerza que tenía en sus manos el máximo de poder efectivo,el Ejército, le cerró el paso sin mayores complicaciones. 

Para los falangistas no era que lo católico no interesara sino que había de integrarse en el Estado en vez de constituirse por sí mismo en fundamento del régimen político y social. El catolicismo era fundamental pero formaba parte del Partido y el Estado y éstos eran quienes debían desempeñar un papel hegemónico y protagonista. El sector más clerical, en cambio, concebía lo católico como el elemento de integración por excelencia pero, al mismo tiempo, exigía autonomía para él.

miércoles, 23 de junio de 2021

¿La influencia falangista?

Primo de Rivera

El antifascismo, consigna de las masas obreras, pone en acción su mayor despliegue de propaganda contra la aparición de un grupo minúsculo de españoles, al que se presenta como el pulpo que destruirá las conquistas obreras y llevará el país a la guerra. “Pocas veces, cuenta el historiador Diaz-Plaja, ha habido un fenómeno semejante en la política mundial. Un partido, Falange, que cuenta con efectivos tan reducidos que no logra sacar más que a un diputado, en las elecciones de 1933 y ni siquiera uno en las de febrero de 1936, se asoma continuamente a la Prensa y a la Radio izquierdistas, como peligro inminente. La derecha, por su parte, desconfiará de un jefe que, repetidas veces, ha acusado a los conservadores de egoístas y ciegos ante la realidad del momento y abandonará a su suerte a Primo de Rivera que, falto de una cédula de diputado, será detenido y morirá fusilado en noviembre de 1936, condenado por un titulado Tribunal de Justicia republicano”.

Franco

La Falange ganó la batalla; su bandera ondeó en los edificios públicos, su camisa y su saludo fueron obligatorios, el emblema del yugo y las flechas, que se copiará del similar de los Reyes Católicos, aparece en las entradas de los pueblos y en el escudo nacional. En los pueblos, las delegaciones falangistas encarrilan y vigilan las actividades deportivas, sociales, incluso festivas. Pero la verdad, dice Diaz-Plaja, es que todo es más apariencia que realidad. “Franco, a pesar de su boina y camisa azul, era, entonces, ante todo un militar que tenía que gobernar a varios grupos, unidos sólo para ganar la guerra. Pero la habilidad de Franco consistió en emplear a sus aliados(tradicionalistas,falangistas,democristianos,monárquico alfonsino)los que reputaba más oportunos en cada momento. Y así, mientras los signos exteriores de la Falange estaban en todas las fachadas de España, nunca ha habido más de tres o cuatro ministros de ese origen en los gobiernos nacionales y de 69 ministros sólo ocho han jurado el cargo luciendo la camisa azul. Fueron los que se mostraron partidarios (Girón, Solís) de una mayor ayuda material (seguros sociales, universidades laborales) al obrero”.

sábado, 9 de marzo de 2019

El asesinato de Calvo Sotelo fue la señal para el estallido de la Guerra Civil

Entierro de Calvo Sotelo, en el cementerio de La Almudena de Madrid,
Unas 8.000 personas asistieron a los oficios religiosos en el funeral del político monárquico Calvo Sotelo. El gobierno había prohibido el saludo fascista, pero en aquella ocasión los ánimos estaban tan excitados, que, a pesar de que sólo pocos falangistas se encontraban presentes, todos saludaban como ellos. Los guardias de asalto, apostados en las bocacalles, montados en motocicletas, disparaban contra cuantos saludaban. El historiador Peter Kemp  calcula que hubo varias cientos de víctimas como consecuencia de los disparos de los guardias de asalto (policía republicana). El asesinato de Calvo Sotelo por la policía republicana, dice Kemp,  fue la señal para el estallido de la Guerra Civil, cinco días más tarde.