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martes, 18 de noviembre de 2025

La especie humana ya no es exclusivamente natural; es cultural


La invención del lenguaje es lo propio del hombre. Por medio del lenguaje, el hombre viejo puede comunicar a los más jóvenes lo que ha aprendido. Nosotros consideramos que más allá de la transmisión, la relación maestro-discípulo es la que ha constituido la humanidad. Sin ella, nos convertiríamos en animales; de ahí el peligro de las delirantes ideologías que cuestionan esta relación. Gracias al lenguaje, las mutaciones de la humanidad ya no son genéticas, sino culturales. Ya no necesitan miles de años, solo años. Gracias al lenguaje, la especie humana se ha extendido por la Tierra y se ha transformado con una rapidez desconocida hasta entonces. La especie humana ya no es exclusivamente natural; es cultural. Cierto es que las mutaciones genéticas siguen con su lento ritmo. Así, desde hace doscientos mil años, los colores de la piel han cambiado. En países muy soleados como los de África o el sur de la India, la selección natural ha favorecido la supervivencia de los mutantes de melanina (piel negra), mientras que las pieles blancas se han visto favorecidas en los países nórdicos, en donde la oscura se ha debilitado. Pero estas mutaciones son superficiales hasta tal punto que, cuando se descubre un esqueleto, es imposible deducir cuál era el color de su piel.


Referencia: Toda la historia del mundo (Jean-Claude Barreau;Guillaume Bigot)

lunes, 13 de octubre de 2025

Fuerzas que no dejan espacio ni a Dios, ni al hombre


La agenda 2030, Nuevo Orden Mundial, y corrientes de pensamiento actuales portadoras de transhumanismos, inhumanismos, poshumanismos, son fuerzas que no dejan espacio ni a Dios, ni al hombre; para sus autores o difusores tampoco puede contar el hombre creado y redimido por Dios, ni la obra de la gracia, ni la salvación, ni la realidad sacramental de la Iglesia; Dios no cuenta, Dios entregado y revelado en Jesucristo, en la historia y humanidad de los hombres no cuenta ni puede contar…..La oscuridad se adueña de nuestra tierra, la soledad en que dejan al hombre es total. Los grandes temas de la dignidad de la persona humana, los derechos humanos fundamentales, universales e inalienables, como los entendemos enraizados en la tradición cristiana, la verdad o la libertad, desaparecen del horizonte del futuro del hombre histórico que existe. La esperanza escatológica vendría a consistir en pura quimera y consolación alienante, el hombre perece aunque aparezca como la única fuerza capaz de futuro y mejoramiento del mundo de los hombres, escribe Antonio Cañizares.
 


martes, 15 de octubre de 2024

El hechizo de la grandeza

Incluso los que tienen poco interés en el arte han digerido que el nombre Rembrandt es sinónimo de grandeza artística. Si un museo descubre que el cuadro que tiene de Rembrandt en realidad no lo pintó él sino un discípulo suyo, el valor de esa obra cae en picado. El cuadro en sí sigue siendo el mismo. Lo que ha cambiado es su situación contextual, lo que no es objetivamente apreciable sino más bien una cualidad atmosférica que el objeto produce en la mente del espectador. Los conservadores del museo pueden enviar el lienzo al sótano o dejarlo colgado donde estaba pero atribuyéndolo a su verdadero autor. El espectador,lo llamaremos señor Y, que en su día contempló la obra con admiración, comienza a ver su inferioridad respecto al Rembrandt “auténtico”. El señor Y no es un hipócrita ni un bufón. El cuadro no ha cambiado, pero sí lo ha hecho su percepción. Al lienzo le falta un componente crucial, aunque sea ficticio, el hechizo de la grandeza.
En un experimento muy difundido, la neuroeconomista Hilke Plassmann del Caltech descubrió (mejor dicho, redescubrió) que el mismo vino sabe mejor cuando en la etiqueta del precio se lee noventa dólares en lugar de diez. “El precio contribuye a que nos parezca que el vino sabe mejor,explica Plassmann, pero es un prejuicio cognitivo que proviene de cómputos cerebrales que me dicen que debo esperar que sea mejor y, a continuación, determina mi experiencia de tal modo que, en efecto, me sabe mejor”.
Todas nuestras percepciones están contextualmente codificadas y esa codificación contextual no permanece fuera de nosotros, en el entorno, sino que la interiorizamos en una realidad psicofisiológica, que es la razón por la que un nombre famoso unido a un cuadro lo vuelve literalmente mejor, escribe Siri Hustvedt, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras.