
El franquismo no había tenido oposición democrática apreciable. Cuando los presos políticos salieron a la calle en las amnistías de la Transición no eran más que unos 300, casi todos ellos comunistas o terroristas, dice el historiador Moa. Aunque la oposición alzaba la bandera de las libertades, su carácter quedó en evidencia repetidamente, como en relación con la visita de Solzhenitsin a España en 1976. El autor ruso, uno de los grandes testigos contra la barbarie totalitaria, expuso en televisión las profundas diferencias entre el régimen de Franco y el soviético. Como reacción, los antifranquistas lo cubrieron de injurias por haber criticado a la Unión Soviética. En el festival de insultos participaron intelectuales de derechas como Cela o Jiménez de Parga, y un señalado escritor progresista, no comunista, Juan Benet, lamentó desde una revista que se hubiera dejado escapar del Gulag a gente como Solzhenitsin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario