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lunes, 17 de noviembre de 2025

La Tierra nos estaba esperando


El doctor Michael Denton, médico y bioquímico, propone catorce características propias de nuestro planeta que refuerzan la idea de que la Tierra nos estaba esperando.Tales hechos serían los siguientes:
1. En la atmósfera terrestre, el oxígeno entra fácilmente en combustión con los diversos compuestos orgánicos, dando lugar a una gran cantidad de energía, que es utilizada por los seres vivos para hacer funcionar sus complejos metabolismos. A la vez, esta combustión química nos proporciona el don del fuego así como la posibilidad de hacer ciencia y desarrollar una tecnología que nos ha permitido, entre otras muchas cosas, lanzar naves al espacio. 
2. La naturaleza gaseosa de la molécula de oxígeno (O2) es esencial para todos los seres vivos de vida aérea o terrestre. Éstos pueden absorberlo directamente de la atmósfera por medio de pulmones, branquias o tráqueas y pasarlo a sus respectivos torrentes sanguíneos para repartirlo por todas las células de su cuerpo.
3. El oxígeno se caracteriza por su baja solubilidad en el agua templada. Esto evita que se disuelva en los océanos y contribuye a su permanencia en el aire de la atmósfera para beneficio de la vida terrestre.
4. La luz procedente del espectro solar es perfectamente adecuada para hacer posible reacciones fotoquímicas fundamentales para la vida, como la fotosíntesis. Resumiendo mucho las cosas, podría decirse que esta reacción convierte la luz del Sol en azúcares como la glucosa.
5. La atmósfera de la Tierra es perfectamente transparente a la luz solar. No es como la de otros planetas del sistema solar que no permiten verla nunca, debido a la espesa capa de nubes que los envuelve siempre. Semejante transparencia es lo suficientemente adecuada para observar y estudiar el universo, así como también para contener la mezcla de gases que hacen posible la vida.
6. La atmósfera absorbe una fracción importante de la radiación infrarroja del Sol y esto contribuye al calentamiento de la Tierra a la temperatura adecuada para la vida.
7. En la atmósfera existe una barrera cinética a temperatura ambiente que atenúa el vigor químico del oxígeno. Esto significa que este gas no reacciona espontáneamente con los compuestos orgánicos sino que necesita una energía de activación inicial para entrar en combustión.
8. El átomo de carbono, tan abundante en los seres vivos, presenta una reactividad relativamente baja, lo cual impide también la combustión espontánea de los compuestos reducidos de carbono.
9. El nitrógeno atmosférico es el único gas que ralentiza la propagación del fuego y lo hace controlable por los humanos.
10. El oxígeno y el nitrógeno no son gases de efecto invernadero y no contribuyen al calentamiento de la atmósfera, a pesar de constituir el 99% de la misma.
11. El hecho de que el nitrógeno sea un retardador del fuego en la atmósfera, no impide que los seres vivos puedan absorber oxígeno mediante sus aparatos respiratorios.
12. El oxígeno en su forma de ozono (O3) se requiere sólo en cantidades mínimas en la atmósfera para absorber la peligrosa radiación ultravioleta.
13. En la atmósfera terrestre existen diversas ventanas de absorción de radiaciones solares peligrosas que evitan un excesivo calentamiento incompatible con la vida.
14. En la atmósfera de la Tierra se ha venido manteniendo una presión parcial de oxígeno, semejante a la actual, que resulta idónea para abastecer nuestras necesidades y las demandas de todos los organismos de la biosfera.
Todas estas características y muchas más indican que nuestro planeta estaba perfectamente preparado para nuestra llegada. ¿Quién lo preparó para nosotros? Los hechos hablan por sí mismos.

Referencia:Michael Denton, The Miracle of Man, Discovery Institute Press, Seattle

jueves, 18 de noviembre de 2021

Reproducir un ser vivo es crear un nuevo ser

Aunque pudiera construirse una máquina capaz de reproducirse, ésta se limitaría a fabricar copias de sí misma en el estado que tuviese en el momento de producirlas. A la larga toda máquina se desgasta. Poco a poco las hijas se irían haciendo necesariamente menos perfectas que las madres. En pocas generaciones el sistema derivaría cada vez un poco más hacia el desorden estadístico. La descendencia estaría condenada a la muerte. Por el contrario, reproducir un ser vivo no consiste en volver a copiar al progenitor tal como es en el momento de la procreación. Es crear un nuevo ser. Es poner en marcha, a partir de un estado inicial, una serie de acontecimientos que lo conducen al estado de los progenitores. Cada generación no parte de cero, sino del mínimo vital, es decir, la célula. En el programa están contenidas todas las operaciones que describen el ciclo entero, que conducen a cada individuo desde su juventud hasta su muerte. Pero esto no quiere decir que todo esté fijado con rigidez en el programa genético. Con frecuencia éste no hace otra cosa que establecer unos límites a la acción del medio, o incluso dar al organismo la capacidad de reaccionar, el poder de adquirir un suplemento de información no innata. Fenómenos tales como la regeneración o las modificaciones inducidas en el individuo por el medio muestran claramente que en la expresión del programa existe cierta flexibilidad. A medida que los organismos se complican y su sistema nervioso crece en importancia, las instrucciones genéticas les confieren nuevas potencialidades, como la capacidad de recordar o aprender. Sin embargo, el programa interviene también en estos fenómenos. En el caso del aprendizaje, el programa determina qué puede aprenderse y cuándo debe tener lugar el aprendizaje en el curso de la vida; en el caso de la memoria, limita la naturaleza de los recuerdos, su número y su duración. Así pues, la rigidez del programa varía según las operaciones. Ciertas instrucciones se ejecutan al pie de la letra. Otras se traducen en capacidades o potencialidades. Pero, en resumidas cuentas, es el programa el que fija su grado de flexibilidad y la gama de variaciones posibles.

domingo, 26 de mayo de 2019

No son los genes los que deciden sobre el éxito de un ser vivo

El desarrollo de un ser vivo no depende solo de los genes. Tan importante como los genes es también el individuo y, bajo ciertas circunstancias que varían de una especie a otra, también el grupo en el que se encuentra un ser vivo. Los genes siguen siendo los “portadores de datos” que transmiten sus propiedades de generación en generación. Pero no son ni la única causa desencadenante ni el criterio omnidecisivo en el proceso de la evolución. Tan importante es la “arena” en la que tiene lugar el espectáculo, es decir, el terreno fértil o baldío. Esa arena es el espacio vital de una especie, pero también su entorno social. A veces es el grupo lo decisivo, a veces los parientes efectivos, pero otras también puede ser un grupo que comparta de modo completamente fortuito el mismo hábitat. 



Cuenta el profesor Richard Precht que cuando circunstancias externas amenazan a un ser vivo o a una especie, da completamente igual la calidad de su material genético. Los genes protegen tan poco de los depredadores como de las erupciones volcánicas. Los genes son las informaciones necesarias para construir un organismo. De todos modos esta construcción se produce en un intercambio del ser vivo con su medio. Si ese intercambio tiene éxito y le va bien al animal o a la planta, sobreviven también sus genes. No son los genes los que deciden sobre el éxito de un ser vivo, sino el éxito de un ser vivo lo que decide sobre la supervivencia de los genes. De todas las teorías de la evolución, este punto de vista es probablemente el más aceptado hoy entre los especialistas.

lunes, 7 de enero de 2019

Si se descubriera vida en cualquier planeta, lo que se preguntarían los científicos sería si está fundamentada en el ADN.

cromosoma
El ser humano posee 23 pares de cromosomas, es decir, los 22 pares de autosomas y el par de cromosomas sexuales (X e Y). Sin embargo, hasta 1955 se aceptaba que el ser humano poseía 24 pares de cromosomas, de manera similar a nuestros parientes animales más cercanos, los chimpancés y otros simios de tamaño grande. Esta hipótesis fue refutada cuando Albert Levan y Joe-Hin Tjio utilizaron técnicas microscópicas nuevas para demostrar la existencia de sólo 23 pares de cromosomas. Un estudio detallado del cromosoma humano 2 demostró que estaba constituido por la fusión de dos cromosomas más pequeños que permanecen separados en el chimpancé. Esta fusión fue uno de los acontecimientos que hicieron que nos convirtiéramos en seres humanos.

 ADN Código Genético
Para que las distintas características se hereden de generación en generación de manera fiable, es necesaria una copia fidedigna, aunque no exacta, del código genético. Los pequeños errores en el proceso de copia (las mutaciones pequeñas) representan el material básico de la evolución, algo así como las chispas que encienden su fuego. Se dispersan como una especie de resplandor por efecto de la selección natural, se consumen lentamente en el contexto de la deriva genética, o bien no llegan a prender, manifiesta Mark Henderson en su libro “50 cosas que hay que saber sobre genética”.

Y añade Henderson que si se descubriera vida primitiva en Marte o en cualquier otro planeta, lo primero que se
preguntarían los científicos sería si está fundamentada en el ADN. Las instrucciones genéticas de cada organismo sobre la Tierra están escritas en su ADN (la única excepción la constituyen ciertos virus ARN que no se pueden reproducir si no se introducen en el interior de una célula con ADN). Esta demostración ofrece una evidencia abrumadora de que todos los organismos proceden, en última instancia, de un ancestro común. Si la supuesta vida extraterrestre también utilizara el ADN, la misma conclusión seguiría siendo cierta. Quizá la vida en Marte pudo haber empezado a partir de microorganismos que llegaron desde meteoritos procedentes de la Tierra. O por el contrario, podría ocurrir que nosotros fuéramos, en realidad, marcianos.

sábado, 20 de octubre de 2018

Lo que compramos no es sólo un objeto, sino también la idea que expresa ese objeto.

Dan Ariely, catedrático de la Duke University y autor del libro Predictably Irrational, señala que a menudo lo que compramos no es sólo un objeto, sino también la idea que expresa ese objeto.
Tanto si esa idea es salud, felicidad, iluminación o responsabilidad social, esa tendencia psicológica universal es lo que hace muy poderosos a los persuasores ocultos.

miércoles, 10 de enero de 2018

Las mutaciones del ADN posibilitan la evolución de los organismos.

El genoma humano, es decir, el ADN que cada humano hereda de su progenitor, tiene tres mil millones de letras genéticas. Si quisiéramos imprimir un genoma humano necesitaríamos mil libros, de mil páginas cada uno, con tres mil letras en cada página (equivalente a unas quinientas palabras).



La población humana está formada por más de seis mil millones de personas. Dice el profesor Francisco José Ayala Pereda que basta con que se diera una mutación en cada millón de individuos para que los humanos llevaran colectivamente seis mil nuevas mutaciones por cada posible mutación. Las mutaciones del ADN posibilitan la evolución de los organismos. Pero añade Ayala que si las mutaciones fueran mucho más frecuentes de lo que son, provocarían múltiples defectos e incluso una desorganización total. Es
Ayala Pereda
más probable que las mutaciones causen defectos o enfermedades que beneficios, porque desorganizan la secuencia de ADN establecida de un organismo, la cual ha sido seleccionada a través de miles de generaciones para facilitar su supervivencia y reproducción en el entorno en que vive. Sin embargo el proceso de mutación proporciona a cada generación numerosas variaciones genéticas que, mientras no son letales o muy dañinas, se añaden a las mutaciones arrastradas desde generaciones previas. Esto quiere decir que las especies no están formadas por individuos genéticamente homogéneos sino, más bien, por individuos que difieren entre sí por numerosas variaciones. Por tanto, no sorprende ver que ante nuevos desafíos medioambientales, las especies puedan adaptarse a ellos. Por ejemplo, más de cien especies de insectos han desarrollado una resistencia al pesticida DDT en las partes del mundo en donde se ha usado intensamente. Aunque estos insectos nunca se habían encontrado con este componente sintético en su pasada historia evolutiva, las mutaciones preexistentes permitieron que algunos sobrevivieran ante la presencia de DDT. Esta adaptación se multiplicó rápidamente mediante selección natural porque sólo los insectos resistentes al DDT sobrevivieron y crearon a las generaciones siguientes. La resistencia a enfermedades causadas por bacterias y otros parásitos ante los antibióticos y otros fármacos es una consecuencia del mismo proceso.

Si quisiéramos imprimir un genoma humano necesitaríamos mil libros, de mil páginas cada uno, con tres mil letras en cada página 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Razonamiento desde el diseño.

Variedad de la vida sobre la Tierra
A lo largo de varios siglos antes de Darwin, los filósofos de la naturaleza habían intentado explicar la extraordinaria variedad de la vida sobre la Tierra. La vida es creada en toda su diversidad por Dios, y los rasgos que permiten a un organismo concreto adaptarse a un nicho ecológico están en función del plan del gran Creador. Aunque el origen del “razonamiento desde el diseño” se remonta a Cicerón, se le
William Paley
atribuye a William Paley, un pastor protestante inglés, quien en un tratado publicado en 1802, equipa la complejidad de la vida con la de un reloj encontrado en un prado, cuya simple existencia presupone, a su vez, la existencia de un relojero. Esta teoría se convirtió rápidamente en un elemento de la ortodoxia científica e incluso Darwin la compartió, escribe Mark Henderson.

Para el filósofo David Hume (siglo XVIII), el razonamiento desde el diseño conduce, en última instancia, a la pregunta siguiente: ¿quién diseñó al diseñador? Los implicados en esta controversia, desde Paley hasta los denominados creacionistas “del diseño inteligente”, argumentan en esencia: “No lo sé, de manera que todo debe de proceder de Dios”.

los rasgos que permiten a un organismo concreto adaptarse a un nicho ecológico están en función del plan del gran Creador.

martes, 4 de abril de 2017

Si el placer fuese realmente el sentido de la vida

Placer.
Si el placer fuese realmente el sentido de la vida, habría que llegar a la conclusión de que la vida carece, en rigor, de todo sentido. Pues ¿qué es, en último resultado, el placer? Un estado, simplemente. 
El materialista, y el hedonismo suele correr parejo con el materialismo, se podría incluso decir que el placer no es otra cosa que un proceso que se desarrolla en la sustancia gris del cerebro. ¿Acaso para conseguir semejante proceso merece la pena vivir, padecer, obrar? El profesor Viktor Frankl contesta: “imaginémonos a un condenado a muerte a quien horas antes de ser ejecutado se le deja en libertad de escoger los manjares para su última cena. Este desdichado se preguntaría, con toda seguridad, en la casi totalidad de los casos: ¿tiene acaso algún sentido esto de entregarse a los placeres culinarios a la hora misma de la muerte? ¿No es acaso indiferente, si el organismo se convierte dos horas más tarde en un cadáver, el haber disfrutado de aquel proceso en sus células cerebrales o no haber llegado a disfrutarlo? Pues bien, la vida del hombre se halla siempre a la vista de la muerte, y todo placer humano carecería de sentido ni más ni menos que en el caso del condenado a muerte”.