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domingo, 8 de febrero de 2026

La víctima anónima, la persona que sin morir se quedó sin vida

Poco después de medianoche, lista en mano, llamaron a setenta y nueve presos  y, atados por los codos de dos en dos, fueron llevados en ocho camiones a las afueras de Lérida. En el cruce de la carretera de Barcelona con la de Tarragona, un grupo de unos doscientos milicianos obligó al convoy a retroceder hasta el cementerio. Alrededor de las dos de la madrugada los detenidos fueron asesinados de doce en doce. Las crónicas dicen que los condenados cantaban el Magnificat y que sólo se remataba a los moribundos que respondían con un gesto si habían quedado malheridos. En este episodio encontramos uno de los diálogos más patéticos de la persecución. Uno de los fusilados, el padre Josep Franch, rector de la parroquia del Carme de Lérida, en lugar de responder a la pregunta pidió al verdugo que le dejase acabar de rezar el Credo. “De acuerdo, pero sea breve, porque no estoy acostumbrado a esperar”. Segundos más tarde, el padre Franch exclamaba: “He acabado y os perdono”. La escena deja constancia una vez más del grado de convicción en la fe cristiana de los sacerdotes y religiosos que perdieron la vida por su condición de eclesiásticos. El hecho de no haber encontrado casos de apostasía demuestra una coherencia doctrinal muy elevada y admirable, escribe Jordi Albertí.
Hay que recordar, dice Albertí, a la víctima anónima, a las personas que sin morir se quedaron sin vida, a los que vivieron en el alma la tragedia de perder la esperanza… y, más aún, a los que siendo amigos o hermanos, vecinos o compañeros de trabajo o de estudio, se encontraron frente a frente con un fusil en la mano, se encontraron lamentándose de la cobardía, la humana cobardía, que les impidió salir a la defensa de los condenados sin juicio.

domingo, 20 de julio de 2025

El optimismo cristiano es una consecuencia necesaria de la idea cristiana de creación

En el primer capítulo del Génesis nos vemos ante el hecho capital de la creación, y es Creador mismo que contemplando su obra al termino de cada día, no solo afirma que el la ha hecho, sino que es buena porque el la ha hecho. Abarcando con su mirada el conjunto de su obra al terminar el sexto día, Dios puede por última vez atestiguar lo mismo y proclamar que su creación es muy buena. He aquí cual es desde el tiempo de San Irineo, la piedra angular del optimismo cristiano.Obra de un Dios bueno, el mundo no puede explicarse como el resultado de un error inicial, de una caída, de una ignorancia o de una defección cualquiera. San Irineo comprende y dice que el optimismo cristiano es una consecuencia necesaria de la idea cristiana de creación. Un Dios bueno, que hace todo de nada y confiere gratuitamente a los seres a quienes crea, no solo la existencia, sino aun su orden, no sufre ninguna causa intermedia y por consiguiente inferior entre el y su obra.Como es el único autor, asume la plena responsabilidad. Y lo puede, pues es buena.
Cuando San Agustín  trata de representar el universo en su dependencia de la acción creadora, la formula que acude a su mente es el Eclesiástico. En su pensamiento la obra de la creación fue un fíat instantáneo, lo que no solo significa que los seis días de los que habla el Genesis son una alegoría y se reducen de hecho a un instante, sino que a partir de ese momento la obra de la creación está realmente terminada.El descanso del séptimo día dura todavía.Todo lo que nos parece que de nuevo se produce, nace , crece y se desarrolla, estaba ya ahí desde el primer momento de la creación. Fuera de los seres que Dios creó de forma acabada, creó los gérmenes de todos los seres por venir, al mismo tiempo que las leyes numéricas que presidirán su desarrollo en el transcurso de los tiempos. Cada vez que un ser nace bajo nuestra mirada, es el hecho mismo de la creación el que resplandece en toda su evidencia.Los padres que engendran no son nada, pero Dios es, y El es quien crea al niño; la madre que lleva al hijo en su seno no es nada, pero Dios es, y es El quien da al hijo el crecimiento.
Referencia: El espíritu de la filosofía medieval de Etienne Gilson

jueves, 23 de mayo de 2024

En Canossa se forjó realmente Occidente

El emperador Enrique IV a la puerta de Canossa

Enrique IV fue excomulgado por el Papa Gregorio VII. Enrique se veía atado por la cadena del anatema. Se había envalentonado a los enemigos de Enrique. Todos sus amigos habían desaparecido. Su reino se había vuelto ingobernable. En el cambio de año de 1076 a 1077 Enrique fue a la fortaleza llenada Canossa donde se encontraba el Papa. Los hechos acaecidos en Canossa sirvieron para cristalizar una auténtica crisis de proporciones épicas. El Papa quería “instaurar el orden correcto en el mundo”(Tellenbach). Toda la cristiandad, desde su cúspide hasta el pueblo llano, iba a dividirse en dos, un reino espiritual y otro secular. Ya no se permitiría a los reyes inmiscuirse en los asuntos eclesiásticos. Sir Richard Southern argumenta que ahí se forjó realmente Occidente. “Había empezado en serio la expansión de Europa. Que todo esto ocurriera en tan poco tiempo es lo más destacable de la historia medieval”.
El Papa Gregorio VII al atreverse a retar a Enrique IV y el aura de tradición asombrosamente antigua que envolvía a los emperadores e imperios estaba introduciendo en el Occidente moderno la primera experiencia revolucionaria. Europa occidental iba al fin a emprender un camino que resultaría ser, irrevocablemente, su propio camino. Fue Gregorio VII, en Canossa, quien se convirtió en el padrino del futuro.
Que el mundo puede dividirse en Iglesia y Estado, y que estos reinos deberían existir por separado, estas son las suposiciones que el siglo XI hizo “ fundamentales para la sociedad y la cultura europeas por primera vez y de forma permanente”. La reciente llegada a los paises occidentales de personas de culturas no cristianas no ha servido para refrescar la memoria. Del islam se dice a menudo que nunca sufrió una Reforma, pero sería más apropiado decir que nunca tuvo un Canossa. Sin duda, para un musulmán devoto, el concepto de las esferas políticas y religiosas puedan separarse es chocante.
Referencia:Milenio de Tom Holland.


miércoles, 4 de agosto de 2021

El germen de las confrontaciones contra la Iglesia que se produjeron en 1931

Asesinato de Canalejas

Diez años de propaganda anticlerical y de estigmatización de los católicos, como contrarios a la libertad y al progreso, habían sembrado la semilla del rencor y habían convertido la religión, no sólo la Iglesia, en un peligroso motivo de división y de confrontación social. El asesinato de Canalejas, el 12 de noviembre de 1912, ayudó a cristalizar en el espíritu de los liberales, y también de los republicanos y de los socialistas, el reto de conseguir implantar en el futuro un estado laico. Un reto pendiente que se convertirá en el germen de las gravísimas confrontaciones que por este motivo se produjeron en 1931, escribe el historiador Jordi Albertí.
En 1911 se registraron en España más de trescientas huelgas

En 1911, dice Albertí, se registraron en España más de trescientas huelgas, entre las que destaca la general convocada en septiembre. En la dinámica de estas protestas obreras se hizo evidente la divergencia entre las dos grandes centrales. Cabe destacar que, a pesar de la violencia con que los hechos se desarrollaron en algunas de las capitales, los amotinados nunca dirigieron sus ataques contra eclesiásticos ni contra centros religiosos. Este cambio de actuación se mantuvo en las jornadas de huelga general de 1914 y de 1916, que tenían como prioridad la protesta contra la precariedad y el empeoramiento de las condiciones de vida que se había acentuado con el inicio de la primera guerra mundial. El hecho de que la ausencia de los ataques contra las personas o los bienes de la Iglesia coincida durante estos años con la desactivación de los debates anticlericales en los foros políticos y con la renuncia táctica de los Gobiernos a dictar nuevas medidas unilaterales contra la Iglesia, denota una importante y evidente relación causa-efecto, o cuando menos una clara retroalimentación, entre el anticlericalismo intelectual y los objetivos estratégicos de las luchas obreras.

Sebastián Faure

Una de las principales herramientas de difusión del anticlericalismo fue la puesta en circulación de numerosos folletos y libritos que buscaban convencer a los obreros de las bondades del ateísmo mientras señalaban a la Iglesia como la culpable secular de todos los males. La popularidad de estas obras divulgativas queda demostrada, por ejemplo, con las traducciones de los libros del anarquista francés Sebastián Faure (1858-1942). Entre 1917 y 1939 se vendieron 335.000 ejemplares de la obra de este autor Contestación a una creyente, 250.000 de Los crímenes de Dios y, según datos de la editorial Vértice, 620.000 ejemplares de Doce pruebas de la inexistencia de Dios. El anticlericalismo también estuvo presente en el ideario de numerosos rotativos y publicaciones periódicas. Algunos estudios explican la connivencia de los partidos de la izquierda parlamentaria con el anticlericalismo y, en algunos momentos, con la persecución religiosa, como una fórmula estratégica de la clase media española, de los profesionales y empresarios emergentes, para liberar a las estructuras del Estado del lastre que representaba para el progreso la versión conservadora de la sociedad que defendía la Iglesia. Implantar el laicismo hubiera significado, según esta interpretación, entrar de pleno en la modernidad. 

viernes, 19 de enero de 2018

En los siglos XVI y XVII el vulgo en España no tomó parte alguna en el movimiento luterano.

Escribía Marcelino Menéndez Pelayo en su libro Historia de los heterodoxos españoles que en los siglos XVI y XVII el vulgo creía con toda firmeza, y no tomó parte alguna en el movimiento luterano, y acudía con suma devoción y fervor a los autos de fe, donde los encorozados y ensambenitados eran capellanes del emperador, canónigos de iglesias metropolitanas y caballeros y damas de la primera nobleza, porque la intentona luterana en España tuvo un carácter muy aristocrático. El vulgo veía los vicios y mala vida de algunos eclesiásticos, leía las diatribas contra ellos en los libros de devoción y en los de solaz y deporte más o menos apacible y honesto, los censuraba a su vez en cuentos, apodos y refranes, de que es riquísima el habla castellana, pero de ahí no pasaba.

La Inquisición en Granada en el siglo XVI.


Sin reparo dejó correr la Inquisición, ya muy mediado el siglo, en 1542 la Tragicomedia de Lisandro y Roselia (de Sancho Muñón, rector de la Universidad de Salamanca), donde se lee la siguiente descripción del infierno: «Allí serán atormentados muy cruelmente los papas que dieron largas indulgencias y dispensaciones sin causa y proveyeron las dignidades de la Iglesia a personas que no las merecían, permitiendo mil pensiones y simonías. Allí los obispos y arcedianos que proveen mal los beneficios, teniendo respecto a sus parientes y criados, y no a los hábiles y sufficientes. Allí los eclesiásticos profanos y amancebados…» (escena 4.ª del cuarto acto). Nuestros
La Inquisición.
escritores “ni aun por asomo tendían a la reforma del dogma”, y que cuanto más ásperos se muestran en la censura de las costumbres, tanto más adictos aparecen a la Sede Apostólica. La reforma había comenzado en España mucho antes del concilio de Trento, y antes que Paulo IV, San Pío V, Sixto V y otros pontífices de venerada memoria la extendiesen a la Iglesia universal. El principal fautor de esta reforma, por lo que hace a los regulares, fue el franciscano Ximénez de Cisneros.