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jueves, 23 de mayo de 2024

En Canossa se forjó realmente Occidente

El emperador Enrique IV a la puerta de Canossa

Enrique IV fue excomulgado por el Papa Gregorio VII. Enrique se veía atado por la cadena del anatema. Se había envalentonado a los enemigos de Enrique. Todos sus amigos habían desaparecido. Su reino se había vuelto ingobernable. En el cambio de año de 1076 a 1077 Enrique fue a la fortaleza llenada Canossa donde se encontraba el Papa. Los hechos acaecidos en Canossa sirvieron para cristalizar una auténtica crisis de proporciones épicas. El Papa quería “instaurar el orden correcto en el mundo”(Tellenbach). Toda la cristiandad, desde su cúspide hasta el pueblo llano, iba a dividirse en dos, un reino espiritual y otro secular. Ya no se permitiría a los reyes inmiscuirse en los asuntos eclesiásticos. Sir Richard Southern argumenta que ahí se forjó realmente Occidente. “Había empezado en serio la expansión de Europa. Que todo esto ocurriera en tan poco tiempo es lo más destacable de la historia medieval”.
El Papa Gregorio VII al atreverse a retar a Enrique IV y el aura de tradición asombrosamente antigua que envolvía a los emperadores e imperios estaba introduciendo en el Occidente moderno la primera experiencia revolucionaria. Europa occidental iba al fin a emprender un camino que resultaría ser, irrevocablemente, su propio camino. Fue Gregorio VII, en Canossa, quien se convirtió en el padrino del futuro.
Que el mundo puede dividirse en Iglesia y Estado, y que estos reinos deberían existir por separado, estas son las suposiciones que el siglo XI hizo “ fundamentales para la sociedad y la cultura europeas por primera vez y de forma permanente”. La reciente llegada a los paises occidentales de personas de culturas no cristianas no ha servido para refrescar la memoria. Del islam se dice a menudo que nunca sufrió una Reforma, pero sería más apropiado decir que nunca tuvo un Canossa. Sin duda, para un musulmán devoto, el concepto de las esferas políticas y religiosas puedan separarse es chocante.
Referencia:Milenio de Tom Holland.


sábado, 16 de abril de 2022

Los cruzados españoles se distinguían por su mayor tolerancia

Gregorio VII

Aunque a veces se dice que los españoles inventaron las cruzadas, la institución fue un invento europeo, papal, concretamente de Gregorio VII.La concepción específica de la guerra como instrumento religioso para liberar la península y la Tierra Santa, resultó del renacimiento papal del siglo XI, aunque lo estimuló también la aparición, en el Mediterráneo oriental, de una nueva fuerza musulmana dominante y agresiva, los turcos seljúcidas.


La idea de cruzada arraigó en la península en Aragón por la campaña contra Barbastro, en 1064. A partir de entonces, y durante cuatrocientos años, las principales campañas de defensa y reconquista fueron acompañadas, como cosa normal, de la idea de cruzada. Se convirtió en uno de los rasgos de la vida en Hispania, más consistente que en cualquier otra parte de la cristiandad, por el hecho evidente de que sólo en la península la frontera con los musulmanes estaba al alcance de la mano…..Aunque se adoptó ésta como medio de estimular la reconquista; la relación entre cristianos y musulmanes cambió sólo parcialmente, incluso después de las grandes invasiones marroquíes, y siguió siendo más práctica y humana de lo que solía ser la de los cruzados transpirenaicos. Los cruzados españoles se distinguían por su mayor tolerancia, así como por un enfoque más calculador y práctico, tanto de la guerra como de la paz, en sus relaciones con los musulmanes.

domingo, 31 de diciembre de 2017

La reforma gregoriana.

La reforma gregoriana representó la ofensiva de mayor envergadura del papado en su intento de salir airoso de la postración crónica de la Iglesia. Gregorio VII pretendió reformar una Iglesia debilitada por la simonía y la incontinencia de los clérigos, y quiso restablecer la unidad y mantener los derechos de la sede romana. Siempre estuvo dispuesto a colaborar con los príncipes, pero en caso necesario no dudó en enfrentarse a ellos y castigarlos. No era nuevo lo que pedía el papa, pero no cabe duda de que era nueva la radicalidad con que planteaba sus exigencias. La reforma gregoriana fue considerada por el papado como la ocasión de apartar a la Iglesia del dominio y las intervenciones de los laicos y, de manera especial, de alejar al papado de las pretensiones del emperador germánico. Consiguió también una separación más neta entre clérigos y laicos, entre Dios y el césar, entre el papa y el emperador. Es decir, lo contrario a la solución cristiana ortodoxa, la de Constantinopla, gobernada por el cesaropapismo, donde el emperador era una especie de papa. También era contrario a cuanto sucedía en el Islam, que no distinguía la religión de la política. El cristianismo latino, sobre todo desde esta reforma gregoriana, definió una cierta independencia de los laicos y sus responsabilidades específicas. El laicado formaba parte de la Iglesia, pero se produjo una distinción tal que facilitó más tarde, en la Europa de la Reforma y en la de finales del siglo XIX, la aparición, más allá del laicado, de la laicidad.