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sábado, 24 de abril de 2021

Más del 75% de las compañías que cotizan en el Nasdaq no tienen ni una mujer en su consejo de administración


Según datos recabados por Bank of America Securities, más del 75% de las 3.200 compañías que cotizan en el Nasdaq no tienen ni una mujer en su consejo de administración. Asimismo, solo ocho de las 500 empresas que forman el S&P cuentan con al menos el 50% de directivas en sus consejos. Y si se añade el factor racial, el resultado empeora: solo hay una consejera delegada negra en todas las firmas del S&P 500.


Pese a la fuerza mediática de las feministas, sus principios son una utopía en Wall Street. A principios de diciembre Nasdaq presentó una propuesta ante la SEC, el organismo supervisor de la bolsa estadounidense, para implementar la obligación de que la mayoría de sus cotizadas tengan en sus juntas directivas al menos una mujer. Según la proposición, si una empresa no puede cumplir con estos requisitos, no será excluida de cotización pero sí deberá explicar el porqué. La solicitud está a la espera de ser (o no) aprobada por la SEC. 

sábado, 28 de abril de 2018

Lo único que importa es que sea bueno para Wall Street.


Cuenta David Harvey que los privilegios derivados de la propiedad y la gestión de las empresas se han fusionado  mediante el pago a los altos directivos con stock options, esto es, con derechos de compra sobre acciones de la compañía. De este modo, el valor de las acciones y no el de la producción, se convierte en la luz trazadora de la actividad económica y, tal y como se hizo visible con la caída de compañías como Enron, las tentaciones especuladoras que resultan de esto pueden convertirse en demoledoras.

El eslogan coreado con frecuencia durante la década de 1960 había sido “lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”, actualmente se ha transformado en que “lo único que importa es que sea bueno para Wall Street”. Por lo tanto, un notable foco del ascenso del poder de clase bajo el neoliberalismo, debe atribuirse a los altos directivos que son los operadores decisivos en los consejos de administración de las empresas, y a los jefes del aparato financiero, legal y técnico que rodea este santuario de acceso restringido de la actividad capitalista. Sin embargo, el poder de los auténticos dueños del capital, los accionistas, se ha visto en cierto modo menguado, salvo que obtengan un porcentaje de votos suficientemente alto como para influir en la política de la empresa. En más de una ocasión, los accionistas han perdido inmensas sumas de dinero a causa de estafas cometidas por los altos directivos y sus asesores financieros. Las ganancias especulativas también han hecho posible amasar enormes fortunas en periodos muy breves de tiempo (ejemplo de ello son Warren Buffet y George Soros).


lunes, 22 de enero de 2018

Trusts

Los hombres de los trusts ofrecen la imagen moderna del señor que oprime a los simples mortales y burla el interés público. La solución aplicada por los partidos de izquierda no ha consistido en disolver los trusts, sino en transferir al Estado el control de ciertas ramas de la industria o de ciertas empresas desmesuradas. Abandonemos la objeción clásica, dice el filósofo y sociólogo francés Raymond Aron, la nacionalización no suprime, sino que a menudo acentúa los inconvenientes económicos del gigantismo. La jerarquía técnico-burocrática, en que se integra a los trabajadores, no se modifica por un cambio aportado al estatuto de propiedad. El director de las Fábricas Nacionales Renault, el de los Yacimientos de Carbón Franceses no son menos capaces de sugerir a los gobernantes decisiones favorables a su empresa. La nacionalización elimina, es verdad, la influencia política cuyo ejercicio en la sombra se reprochaba a los magnates de la industria y que han ejercido a veces. Los medios de acción que pierden los dirigentes de los trusts, pasan a los dueños del Estado. Las responsabilidades de éstos tienden a crecer a medida que decrecen las de los detentadores de los medios de producción. Cuando el Estado permanece democrático se arriesga a ser, a la vez, extenso y débil. Cuando un equipo se apodera del Estado, reconstituye y acaba en su provecho la combinación entre fuerza económica y fuerza política que la izquierda reprochaba a los trusts.



Raymond Aron
Las nacionalizaciones, tal como se han practicado tanto en Francia como en Gran Bretaña y Rusia, opina Raymond Aron, no protegen al trabajador contra sus jueces, ni al consumidor contra el trust; eliminan a los accionistas, a los miembros de los consejos de administración, a los financieros, a quienes tenían una participación más teórica que real en la propiedad o que, por el manipuleo de los títulos, llegaban a influir en el destino de las empresas.