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lunes, 1 de junio de 2026

Estado anti-capitalista es un Estado que reduce o elimina la propiedad privada de los capitales, no el capital

Estado anti-capitalista es un Estado que reduce o elimina la propiedad privada de los capitales, no el capital. De este modo, el Estado anti-capitalista es, al mismo tiempo, el Estado capitalista por excelencia. La propiedad tomada o negada a los particulares es, de hecho, una propiedad que pasa de una multiplicidad de particulares a un único Estado-propietario.Los Estados comunistas no han creado una “propiedad social”, sino únicamente una propiedad “estatal”, escribe Giovanni Sartori.
Señalaba Trotsky al observar que la nacionalización de la propiedad no crea en modo alguno una “propiedad social”, que esta equivalencia es “el principal sofisma de la doctrina oficial (soviética)” y que, por el contrario, “la propiedad del Estado se convierte en propiedad socialista en la medida en que deja de pertenecer al Estado”.La noción de propiedad social no es fácil de definir y de poner en práctica; pero esta sería, por ejemplo, una autogestión de los empleados que son copropietarios de las acciones de la empresa en la que trabajan, acciones que atribuyen por cuotas voz en las decisiones y dividendos, pero que no pueden venderse libremente.


miércoles, 2 de agosto de 2023

Las políticas de vivienda de la izquierda han sido nefastas

Berlín

Cualquiera que viva en Berlín sabe que el resultado de las políticas de vivienda de la izquierda ha sido nefasto. Es prácticamente imposible encontrar un nuevo apartamento. De hecho, el mercado de alquileres ha quedado casi completamente estancado. No solo eso: los alquileres están creciendo mucho más rápido que en cualquier otra ciudad alemana. Todo esto es el resultado desastroso de las políticas socialistas de vivienda.La nacionalización no crearía ni un solo piso nuevo, simplemente replicaría el viejo sistema de propiedad de Alemania del Este. El problema de la oferta de oferta seguiría igual. Eso sí, las condiciones para invertir en nueva vivienda dedicada al arriendo serían nefastas, agravando el problema.

Los defensores de las políticas de expropiación creen que la única vivienda buena es aquella que está bajo la propiedad del Estado. Pues bien, estas recetas ya se han probado en los tiempos del comunismo. De hecho, ya en los años del régimen de Adolf Hitler se introdujeron distintas restricciones a los precios del alquiler.¿Cuál fue el resultado de aquellos experimentos? Tras décadas de gobiernos nacional-socialistas y socialistas, el parque de viviendas de la RDA y de Berlín Este estaba en un estado desastroso. En 1989, cuando colapsó el régimen comunista, el 65 por ciento de todos los pisos se calentaban con estufas de carbón, un 24 por ciento no tenían siquiera un inodoro y un 18 por ciento no tenían baños. Contar con ascensores, balcones o cocinas modernas era aún menos frecuente. Cerca del 40 por ciento de los edificios de apartamentos presentaban daños graves y un 11 por ciento de los inmuebles estaban completamente inhabitables. El socialismo conduce a la escasez y a la ruina de la vivienda. Pasó entonces y vuelve a pasar ahora.
Rainer Zitelmann empresario, doctor en historia y sociología.

lunes, 22 de enero de 2018

Trusts

Los hombres de los trusts ofrecen la imagen moderna del señor que oprime a los simples mortales y burla el interés público. La solución aplicada por los partidos de izquierda no ha consistido en disolver los trusts, sino en transferir al Estado el control de ciertas ramas de la industria o de ciertas empresas desmesuradas. Abandonemos la objeción clásica, dice el filósofo y sociólogo francés Raymond Aron, la nacionalización no suprime, sino que a menudo acentúa los inconvenientes económicos del gigantismo. La jerarquía técnico-burocrática, en que se integra a los trabajadores, no se modifica por un cambio aportado al estatuto de propiedad. El director de las Fábricas Nacionales Renault, el de los Yacimientos de Carbón Franceses no son menos capaces de sugerir a los gobernantes decisiones favorables a su empresa. La nacionalización elimina, es verdad, la influencia política cuyo ejercicio en la sombra se reprochaba a los magnates de la industria y que han ejercido a veces. Los medios de acción que pierden los dirigentes de los trusts, pasan a los dueños del Estado. Las responsabilidades de éstos tienden a crecer a medida que decrecen las de los detentadores de los medios de producción. Cuando el Estado permanece democrático se arriesga a ser, a la vez, extenso y débil. Cuando un equipo se apodera del Estado, reconstituye y acaba en su provecho la combinación entre fuerza económica y fuerza política que la izquierda reprochaba a los trusts.



Raymond Aron
Las nacionalizaciones, tal como se han practicado tanto en Francia como en Gran Bretaña y Rusia, opina Raymond Aron, no protegen al trabajador contra sus jueces, ni al consumidor contra el trust; eliminan a los accionistas, a los miembros de los consejos de administración, a los financieros, a quienes tenían una participación más teórica que real en la propiedad o que, por el manipuleo de los títulos, llegaban a influir en el destino de las empresas.