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sábado, 8 de enero de 2022

Durante la legislatura socialista, el capitalismo español encontró su camino

“La primera década de la Transición española fue de crisis y penuria económica, paro masivo, desindustrialización y depresión social. Los efectos de la crisis económica que arrancó en 1973 (crisis del petróleo) y llegó hasta 1986 (incorporación a la Comunidad Económica Europa).El movimiento obrero, que protagonizó la crisis del franquismo, sencillamente desapareció en los diez primeros años de democracia. Fue primero derrotado políticamente, luego integrado en los sindicatos democráticos y finalmente hecho trizas por el proceso de reconversión y desindustrialización, que terminó de minar las bases culturales de sus comunidades (los barrios obreros). Por eso la Transición tuvo, según la posición social y según la suerte de cada cual, un sabor ya a modernización y progreso, ya a derrota y desesperación. Consolidada la democracia española, esta se constituyó como un régimen de y para las clases medias”, escribe el historiador Emmanuel Rodríguez López.

Los años ochenta fueron la década prodigiosa de la enajenación de grandes empresas públicas (SEAT, ENSIDESA, Tabacalera), de la compra de la mayor parte del sector de procesamiento alimentario por empresas francesas e italianas o de la industria farmacéutica por las compañías alemanas. Empujada por la entrada de capitales, la economía española se disparó, pero ya no sobre la base del crecimiento industrial de los años setenta. En su lugar, el sector inmobiliario y la bolsa estaban dando forma a una nueva modalidad de crecimiento. Durante la segunda y la tercera legislatura socialista (1986-1992), el capitalismo español encontró su camino. España se convirtió en el lugar privilegiado de las burbujas financiero-inmobiliarias continentales.

miércoles, 28 de julio de 2021

La globalización ha permitido que viva mejor un mayor número de habitantes


La conquista de la mayor parte de América por los españoles originó lo que Pierre Chaunu llama la economice monde. Un hecho que demuestra el alcance de la globalización es como en el siglo XIX la crisis de Baring, en que una quiebra de los ferrocarriles argentinos provocó en hundimiento de la bolsa de Viena. Pero realmente es después de la Segunda Guerra Mundial cuando aparece el gran fenómeno de la globalización de la economía. Se fundaron el Sistema Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.



La globalización económica supone que capitales, bienes, servicios, producción, tecnología disponibles en una zona determinada del mundo pueden ponerse con facilidad a disposición de otra parte del mundo. Un hecho muy frecuente es la inversión de una empresa en un país distinto a aquel en que tiene su sede social. Así se han formado las grandes multinacionales. Respecto a la agricultura hay que destacar el hecho que en paises pobres, de escaso desarrollo, muchos agricultores producen café, cacao, plátanos, soja para venderlos a bajo precio en paises desarrollados, no produciendo los cultivos tradicionales que reclama su propia sociedad, dice el profesor José Luis Comellas.



El economista Gonzalo Anes considera que a pesar de las sombras y las miserias, la mundialización ha permitido que viva más y mejor un progresivo mayor número de habitantes en este planeta.

martes, 3 de septiembre de 2019

El mundo aun no está globalizado


A pesar de lo que muchos creen, el mundo actual no está totalmente globalizado. Los conflictos migratorios que vivimos nos demuestran que continúan existiendo impedimentos para la emigración internacional. Los países ricos han erigido barreras que la dificultan. Desde este punto de vista, se podría argumentar que el mundo estaba mucho más globalizado hace cien años, cuando millones de europeos emigraban sin obstáculos legales hacia el continente americano en busca de una vida mejor. La globalización tecnológica y de la información tampoco ha llegado a todo el mundo, porque existen millones de africanos que jamás han visto un teléfono o un ordenador y ni siquiera se pueden llegar a imaginar en qué consiste eso que llamamos Internet. La globalización comercial tampoco existe ya que sigue habiendo grandes impedimentos legales para que los países pobres exporten sus productos agrícolas y textiles a Europa, Japón o Estados Unidos. 

Este proteccionismo de los países ricos no es tan sólo una señal de que la globalización todavía no ha llegado al Tercer Mundo, sino que posiblemente sea el responsable de muchos de los males que actualmente padecen algunos de los países africanos. Tampoco se puede decir que la globalización de capitales sea un hecho, cuando hay muchos países pobres que impiden legalmente las inversiones extranjeras o prohíben que personas no nacionales sean propietarias de empresas en el país.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Algunos datos económicos de Cataluña.

Las exportaciones de Cataluña en 2016 ascendieron a 65.160 millones de euros, pero mucho mayores aún son las importaciones, 78.344 millones. Cataluña es la principal responsable del déficit comercial de España, el 6,2% de su PIB, tres veces más que el déficit del resto de regiones, que es del 2,1%.

Las empresas catalanas deben 321.000 millones de euros y las familias, 102.000 millones.

Cataluña gastó 23.159 millones en pensiones en 2016, e ingresó por cotizaciones 18.159 millones, un déficit de 4.934 millones, el 21,5%.

En el caso de que se produjera la poco probable separación de Cataluña del resto de España el PIB de Cataluña caería un 34%, por la caída del comercio exterior e interior. La nueva moneda perdería como mínimo un 30% de su valor, lo que llevaría la deuda pública al 175-209% del PIB, y a las familias y empresas endeudadas en euros, a la ruina. La fuga de capitales sería enorme obligando a implantar controles. Los pensionistas perderían un 21,5% de sus pensiones, igual que los sueldos de los empleados públicos, que no podrían mantenerse.

domingo, 22 de enero de 2017

Muerte del socialismo democrático.

Tras décadas de abundancia en las que los gobiernos socialdemócratas de posguerra sentaron las bases de los programas modernos de protección social en toda Europa, varios factores se confabularon para producir un cambio. El reto para los socialdemócratas progresistas había sido siempre mantener un equilibrio políticamente sostenible entre los ingresos de los impuestos y la inversión en servicios públicos. Para Suecia y Gran Bretaña, entre otros, ese equilibrio se rompió en las décadas de 1970 y 1980, cuando la deuda pública se disparó sin control, las industrias pesadas tradicionales entraron en decadencia y las relaciones entre gobiernos y sindicatos se tensaron hasta bordear la ruptura. 


En términos geopolíticos, el final de la guerra fría y el hundimiento del comunismo desacreditaron a la socialdemocracia y cuestionaron su papel de punto intermedio entre el comunismo soviético y el individualismo estadounidense. Más amenazantes aún a largo plazo, las fuerzas de la globalización, al permitir el movimiento rápido de capitales y mano de obra por las fronteras, empezaron a dejar al descubierto prácticas nacionales poco competitivas y a privar a los gobiernos del control sobre el destino económico de sus propios países en el que se basaba el intervencionismo socialdemócrata, dice Ben Dupré. En un mundo online dominado por inmensas corporaciones multinacionales, las aspiraciones socialdemócratas parecían
Tony Blair
cada vez más obsoletas. Enfrentados a ese peligro, muchos empezaron a plantearse una “Tercera Vía”. En esencia una posición de centro-izquierda, en la que una versión comprensiva del capitalismo se conjugaría con el compromiso socialista con la igualdad y la protección social. En 1997, los Nuevos Laboristas británicos liderados por Tony Blair ganaron las elecciones como pioneros y defensores de la Tercera Vía. Pero no llegó a convencer a los críticos, que creían que el precio pagado por rescatar la socialdemocracia fue la muerte del socialismo.