Mostrando entradas con la etiqueta ancestro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ancestro. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de noviembre de 2021

Se nos forma y se nos entrena como consumidores

Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman, sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío escribe que si nuestros ancestros fueron formados y entrenados, sobre todo, como productores, a nosotros se nos forma y se nos entrena primero como consumidores y luego como todo lo demás. Los atributos que se consideran ventajas en un productor (la adquisición y la retención de hábitos, lealtad a las costumbres establecidas, prontitud para demorar la gratificación, estabilidad de necesidades) se convierten en los vicios más impresionantes de un consumidor. Por mucho que siguieran existiendo o se convirtieran en normales, serían el toque de difuntos de la economía centrada en el consumidor.

sábado, 17 de febrero de 2018

¿Existió una lengua madre?

Construcción de la Torre de Babel, Museo del Duomo, Pisa
Cuenta la Biblia que en tiempos en que todos los pueblos todavía hablaban la misma lengua, los hombres decidieron acrecentar su fama y reforzar su unidad como pueblo construyendo una ciudad con una torre que llegara hasta los cielos. El castigo de Dios a semejante osadía no tardó en llegar, confundió sus lenguas, de modo que no podían comprenderse los unos a los otros, y los dispersó por la faz de la Tierra. El libro del Génesis relata que los hombres que intentaron construirla, descendientes de quienes sobrevivieron al Diluvio Universal, fueron dispersados y sus lenguas confundidas, como castigo a su soberbia.

Sir William Jones
En 1786, Sir William Jones, fundador de la Asiatic Society de Calcuta, no solo demostró la similitud entre las lenguas europeas germánicas y latinas, el griego, el persa, el sánscrito y, con menos certeza, el celta y el antiguo gótico, sino que además postuló que todas ellas derivaban de un único idioma ancestral, ya desaparecido. ¿Sería posible, detectando afinidades sutiles entre idiomas muy lejanos, agrupar dos o más de estas grandes familias lingüísticas en superfamilias? Esta es quizá la pregunta más apasionante que puede formularse la lingüística comparativa, ya que se refiere a la posibilidad de inferir la existencia de una “lengua madre”, ancestro de todos los idiomas que los seres humanos hablamos en la actualidad.

Ruhlen y otros lingüistas sostienen haber detectado
Merritt Ruhlen
, palabras cognadas en varios idiomas que pertenecen a familias muy lejanas, y que no pueden atribuirse a la casualidad. ¿Ha habido una "lengua madre", ancestro de todos los idiomas modernos? Formas como tic, que en idiomas muy distantes aparece en palabras que significan ‘contar’, ‘señalar’, ‘número’ o ‘dedo’, parecen indicar que sí. Damián  Zanette y Susanna Manrubia opinan que hay palabras cognadas en varios idiomas lejanos se vincula con la forma ua, referida a ‘agua’ y ‘beber’. Por supuesto, la española agua, proveniente del latín aqua, es nuestro primer ejemplo. Siguen water (‘agua’ en inglés), uaho (‘agua’ en sidamo, de la familia afroasiática), cua (‘beber’ en kamkake, del sur de África), uacca (‘agua’ en ainu, de la familia del coreano), acua (‘del agua’ en algonquiano, de Norteamérica), gua (‘río’ en proto-chinanteca, de Centroamérica) y hacua (‘lavar’ en huarayo, de Sudamérica). ¿Serán estas las reliquias de una lengua común a todos los hombres, desaparecida hace milenios, que la leyenda de la torre de Babel evoca desde las memorias más profundas de la humanidad?


jueves, 7 de diciembre de 2017

La mayoría de nosotros puede mantener solamente en torno a 150 relaciones de valor.


Robin Dunbar
El profesor Robin Dunbar, un antropólogo evolucionista de Oxford, dice que “nuestras mentes no están diseñadas para permitirnos tener más de un limitado número de personas en nuestro mundo social”. Dunbar incluso ha llegado a calcular un número: encontró que “la mayoría de nosotros puede mantener solamente en torno a 150 relaciones de valor”. Como era de esperar, él llama a ese límite impuesto el Número Dunbar. Este es el límite que la evolución biológica determinó para nuestros ancestros remotos, donde se detuvo, o al menos donde se frenó bastante, y donde tomó el relevo su más hábil, ágil y diestra, y sobre todo con más recursos y menos paciente sucesora, la llamada “evolución cultural” (que es la evolución organizada, formada y dirigida por los propios humanos, a través del proceso de enseñanza y de aprendizaje antes que por el cambio genético). Hay que saber que 150 es probablemente el número máximo de seres que pueden convivir, permanecer juntas y cooperar de forma eficiente si sobreviven cazando y recolectando. El tamaño de un grupo protohumano no podía cruzar ese límite mágico sin apelar, o más bien conjurar, fuerzas y  herramientas que superaran las garras y los colmillos. Sin aquellas fuerzas y herramientas la proximidad continua de muchos individuos se habría hecho insostenible, y también habría sido imposible “tener en cuenta” a ese gran número de personas. “Imaginar” totalidades más amplias de las que son asequibles a los sentidos no era posible porque entonces no era concebible. La mente no necesitaba desarrollar ningún sentido que no tuviera la posibilidad de utilizar.

Las redes electrónicas de amistad prometían romper con las insuperables limitaciones de la sociabilidad establecidas por nuestra dotación genética. Pero, afirma Dunbar, no lo hicieron y no lo harán. Y esa promesa está condenada a no cumplirse. “Sí, afirma Dunbar en un artículo del 25 de diciembre de 2010 aparecido en el New York Times, puedes tener 500, 1.000 o incluso 5.000 “amigos” en tu página de Facebook, pero todos salvo los principales 150 no pasan de ser meros voyeurs que observan tu vida cotidiana”.

puedes tener 500, 1.000 o incluso 5.000 “amigos” en tu página de Facebook, pero todos salvo los principales 150 no pasan de ser meros voyeurs que observan tu vida cotidiana