lunes, 23 de octubre de 2017

Tolerar no es, ni puede ser, algo ilimitado.

Tolerancia.

La tolerancia es tolerancia precisamente porque no presupone una visión relativista. Quien tolera tiene creencias y principios propios, los considera verdaderos, y, sin embargo, concede que los otros tengan el derecho a cultivar “creencias equivocadas”. La cuestión es importante porque establece que el tolerar no es, ni puede ser, algo ilimitado. “La tolerancia está siempre en tensión y nunca es total. Si a una persona le importa alguna cosa tratará de llevarla a cabo, de realizarla; de lo contrario, es difícil creer que verdaderamente le importe. Pero no intentará realizarla por cualquier medio, a toda costa”. No estamos obligados a tolerar comportamientos que nos infligen daño o perjuicio. Al ser tolerantes con los demás esperamos ser tolerados por ellos.

Giovanni Sartori
Hoy en Europa la xenofobia se concentra en los inmigrantes africanos e islámicos. ¿Se puede explicar toda la xenofobia y sólo como un rechazo de tipo racial? Seguramente no. En términos étnicos, los asiáticos (chinos, japoneses, coreanos, etcétera) no son menos distintos de los blancos que los africanos. Y ni siquiera los indios (de India) son como nosotros, no lo son para nada, dice Giovanni Sartori,  y, sin embargo, ni los asiáticos ni los indios suelen suscitar reacciones de rechazo, ni siquiera allí donde ahora ya son numerosos (los asiáticos en Estados Unidos, los indios en Inglaterra). Hay que hacer notar también que los asiáticos no se dejan asimilar más que los africanos. De lo que se debe deducir que la xenofobia europea se concentra en los africanos y en los árabes, sobre todo si son y cuando son islámicos. Es decir, que se trata sobre todo de una reacción de rechazo cultural-religiosa. La cultura asiática también es muy lejana a la occidental, pero sigue siendo laica en el sentido de que no se caracteriza por ningún fanatismo o militancia religiosa. En cambio, la cultura islámica sí lo es. E incluso cuando no hay fanatismo
sigue siendo verdad que la visión del mundo islámica es teocrática y que no acepta la separación entre Iglesia y Estado, entre política y religión. Del mismo modo, la ley coránica no reconoce los derechos del hombre como derechos universales e inviolables. Y éstas son las verdaderas dificultades del problema. El occidental no ve al islámico como un infiel. Pero para el islámico el occidental sí lo es.


Y añade el profesor Sartori que los extranjeros que no están dispuestos a conceder nada a cambio de lo que obtienen, que se proponen permanecer como extraños a la comunidad en la que entran hasta el punto de negar, al menos en parte, sus principios mismos, son extranjeros que inevitablemente suscitan reacciones de rechazo y de hostilidad. El dicho inglés es que la comida gratis no existe. ¿Debe y puede existir una ciudadanía gratuita, concedida a cambio de nada?  La respuesta correcta sería no.

domingo, 22 de octubre de 2017

Cuando nos miramos en el espejo.

A menudo nos sorprendemos cuando nos miramos en el espejo. Nos chocan las arrugas de la piel, la tristeza de la mirada, el dolor que expresa el rostro. No esperábamos vernos así. Mentalmente, nos veíamos jóvenes, con la piel lisa y la expresión despreocupada. 


Al igual que Dorian Gray, no queremos afrontar la realidad de nuestra vida. Esta discrepancia entre el aspecto que tenemos y el que nos gustaría tener también se aplica al cuerpo, que debería ser más visible que el rostro para nosotros. Cerramos los ojos a la carencia de armonía de las diversas partes del cuerpo y a la falta de gracia en los movimientos. La ropa nos ayuda a esconder esta realidad, ante nosotros mismos y ante las demás personas.

Felicidad.


La felicidad que queremos, la felicidad que los griegos llamaban sabiduría, la que es el objetivo de la filosofía, es una felicidad que no se obtiene a golpe de drogas, de mentiras, de ilusiones, de diversión, en el sentido que Pascal da a este término; es una felicidad que se obtiene en una cierta relación con la verdad, una verdadera felicidad o una felicidad verdadera. ¿Qué es la sabiduría? Es la felicidad en la verdad o “el gozo que nace de la verdad”. Esta última expresión es la que utiliza san Agustín para definir la beatitud, la vida verdaderamente feliz, por oposición a nuestras pequeñas felicidades, siempre más o menos artificiales o ilusorias.

Epicuro.
Epicuro, que, para filosofar, nunca se es “demasiado viejo ni demasiado joven”, puesto que nunca es demasiado tarde ni demasiado pronto para “alcanzar la salud del alma”, es decir, para aprender a vivir o para ser feliz. Tenemos un deseo de felicidad. Ésta es la idea de Pascal, todo hombre quiere ser feliz, inclusive el que va a ahorcarse. Se ahorca precisamente para escapar de la desgracia; y escapar de la desgracia es acercarse aún más, al menos tanto como uno puede, a una cierta felicidad, aunque sea negativa o la misma nada. 

sábado, 21 de octubre de 2017

Si conociéramos el bien no habría conflictos.

Sócrates sostenía que todos los hombres buscan la felicidad. Si la alcanzan o no, depende del estado de su alma. Solo las almas buenas logran la felicidad. Las gentes no son buenas porque se sienten atraídas por cosas que parecen ser buenas, pero que no lo son en absoluto. Si conociéramos el bien, nos comportaríamos adecuadamente y no habría conflictos, ni en nosotros ni en la sociedad.

Por otro lado los griegos creían en la virtud de la moderación. Una célebre máxima grabada en el Oráculo de Delfos era: De nada demasiado.

La americanización de los hispanoamericanos.


José Tillan, vicepresidente de MTV Latin America, tiene el convencimiento que los pronósticos sobre la americanización de los hispanoamericanos son erróneos: “No tenemos nada en contra de los húngaros o los italianos, cuya aculturación se ha vuelto total a medida que se han ido americanizando. Pero los latinos seguirán siendo latinos en Estados Unidos porque son muchos, porque hoy existen unos medios de comunicación modernos, por la proximidad geográfica y sobre todo porque cambiaremos profundamente Estados Unidos. Estamos realizando la “latinoamericanización” de la cultura estadounidense”.

viernes, 20 de octubre de 2017

Doscientos cincuenta millones de niños de entre cinco y catorce años son forzados a trabajar.

Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo, hay alrededor de 250 millones de niños de entre cinco y catorce años que son forzados a trabajar. 153 millones de esos niños viven en Asia, 80 millones en África y 17 millones en Latinoamérica. “Muchos de ellos trabajan en condiciones que hacen peligrar su desarrollo corporal, espiritual o emocional”. Las formas más terribles de trabajo
Prostitución infantil.
infantil son la explotación sexual y la esclavitud. La primera de ellas incluye la prostitución y la producción de pornografía infantil. La segunda comprende incluso el peonaje, que obliga a los niños a trabajar hasta cancelar compromisos reales o ficticios de sus padres.


De acuerdo con sus principios, la OIT define al trabajo infantil como la actividad asalariada desarrollada hasta la edad de dieciocho años. Pero  la prohibición general de trabajo rige sólo para los niños de hasta los trece años. 

En Europa, las empresas hoy deben cumplir normas ambientales y sociales mucho más estrictas que en los países del sur e incluso que en EE.UU. No obstante, desde una perspectiva crítica, esto sólo ha logrado que muchas empresas trasladen sus centros de producción ha regiones con estándares más bajos. De ese modo, Europa ha exportado sus problemas ambientales a los países más pobres.

Narcisista.



A los narcisistas les preocupa más su apariencia que sus sentimientos. De hecho, dice el psicoterapeuta estadounidense Alexander Lowen, no los aceptan si éstos se contradicen con la imagen deseada. “Al actuar con frialdad, tienden a ser seductores y manipuladores, a luchar por conseguir poder y control. Son egotistas, están centrados en sus propios intereses, pero los verdaderos
Alexander Lowen en Sevilla.
valores del yo están ausentes, a saber, poder expresarse, ser dueño de sí mismo, actuar con dignidad e integridad. A los narcisistas les falta el sentido del yo que se deriva de los sentimientos corporales. La vida les parece vacía y falta de significado, al carecer de un sentido del yo sólido. Viven en un estado de desolación”.
Otto Kernberg

Otto Kernberg, relevante psicoanalista, aporta una visión más concreta. En los narcisistas, según sus propias palabras, “se encuentran diversas combinaciones de ambición desmedida, fantasías de grandeza, sentimientos de inferioridad y excesiva dependencia de la admiración y aclamación externas”. En su opinión, también son características de la persona narcisista la “inseguridad e insatisfacción crónicas acerca de sí misma, la explotación consciente o inconsciente de los demás y la crueldad hacia las otras personas”.