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jueves, 1 de enero de 2026

Extracto de la carta de G.K. Chesterton a su prometida

La señorita Frances Blogg cuando la conoció el joven Chesterton

Extracto de la carta de G.K. Chesterton a su prometida, Frances Blogg:

Me hierve la sangre cuando pienso en las afrentas que hacen tantos torpes artistas ilustrados a las formas sólidas, dignas, honradas, feas y pacientes de las cosas que son necesarias, a esos valiosos y antiguos cimientos de la vida. Hay mojigatos esteticistas que pueden mirar una cacerola sin una lágrima de alegría o de tristeza, infelices decadentes que no pueden ver ninguna dignidad en las honrosas cicatrices de una tetera. Así que concentran toda la decoración de sus casas en ventanas de colores a las que nadie mira, y en jarrones con lirios que todo el mundo desea que no estorben. No, mi idea (que es mucho más barata) es hacer que una casa sea realmente alegórica, explicar realmente su propio significado esencial. En todos los objetos deben inscribirse dichos místicos o antiguos, cuanto más prosaico sea el objeto, mejor; y cuanto más tosca y rudamente se haya trazado la inscripción, mejor. “¿Has enviado la lluvia sobre la tierra?” [Job 5:101] debería estar inscrito en el paragüero, quizás en el paraguas. “Hasta los pelos de tu cabeza están contados”[Lc 12:7] daría un tremendo significado a los cepillos del pelo. Las palabras sobre el “agua viva” [Jn 4:10] revelarían la música y la santidad del fregadero, mientras que “nuestro Dios es un fuego consumidor” [Heb 12:29] podría escribirse sobre la rejilla de la cocina, para ayudar a las cavilaciones místicas de la cocinera. ¿Intentaremos alguna vez ese experimento, querida? Tal vez no, porque ninguna palabra sería lo suficientemente dorada para los utensilios que tuvieras que tocar, tú serías belleza suficiente para toda una casa…

martes, 1 de noviembre de 2022

La cocina nos hizo humanos


Richard Wrangham, profesor de biología y antropología de la Universidad de Harvard, opina que fue la cocina la que nos hizo humanos. Cocinar permite comer cantidades apreciables de alimento sin gran esfuerzo digestivo y concentrar recursos dietéticos sin necesidad de grandes establos para conservar el pienso. Te las arreglas perfectamente con un estómago mucho más pequeño que el del hombre primitivo y el de las vacas, y se hace más fácil obtener la energía de los alimentos. La cocina nos halaga con sabores y nos hace más felices. ¿Qué más queremos? Lo único que hace falta es el fuego. Para ser humanos hacía falta cocinar y, por lo tanto, haber descubierto el fuego. Wrangham asegura que nuestros dientes se volvieron mucho más pequeños que los de nuestros antepasados hace 1,9 millones de años, con el Homo Erectus, con lo que fue ésta la primera especie que cocinó los alimentos, ya que sus dientes no eran aptos para masticar comida cruda porque hay que tenerlos muy grandes para poder masticar la fibra de la comida vegetal o para triturar la carne. Y así nos hemos convertido en los únicos animales a los que la comida cruda no les sienta nada bien. Si le damos a un chimpancé comida cruda, le sienta bien, crece; en cambio, un humano adelgaza, no le gusta. Una vez que aprendimos a cocinar no hubo forma de escapar de ello porque nos adaptamos biológicamente. Pero ¿cómo llegamos hasta aquí? Wrangham cree que el hecho de tener que cocinar los alimentos, tener que esperar a que se cuezan, provocó un pacto social entre los humanos. Cada uno comía lo que había conseguido durante el día y había cocinado después y no le robaba la comida a su vecino.

viernes, 14 de enero de 2022

Los inmigrantes han modificado los datos demográficos del mundo


Uno de los acontecimientos más asombrosos de las últimas décadas es la emigración de millones de personas a las ciudades, a veces a distancias enormes. Esos inmigrantes han modificado los datos demográficos del mundo. Han creado el fenómeno totalmente nuevo de la ciudad global, con habitantes de todos los continentes viviendo en estrecho contacto, casi siempre en relativa armonía. Los habitantes de Londres, por ejemplo, hoy hablan más de trescientas lenguas maternas. Es un hecho universal que, sea lo que sea lo que la gente deja atrás cuando emigra, siempre se lleva consigo su cocina; en este aspecto la humanidad es constante.


Hablando de hechos universales o globales, lo que es en nuestros días totalmente global es el fútbol. El deporte ha unido a las comunidades desde hace ya largo tiempo. Hoy el fútbol parece unir al mundo entero; estrellas africanas juegan en clubes ingleses propiedad de hombres de negocios rusos; en Asia se fabrican reproducciones de las camisetas de los equipos, que se venden y se llevan en Sudamérica…

domingo, 6 de septiembre de 2020

La Exposición Estadounidense en el parque Sokolniki


Parque Sokolniki

Nixon inauguró la Exposición Estadounidense en el moscovita parque Sokolniki. El aspecto más notable de la exposición era una cocina con todas las comodidades, equipada con lavavajillas y cocina eléctrica, además del electrodoméstico más preciado de los estadounidenses, un enorme refrigerador. Era, declaró Nixon, “como las de nuestras casas en California”. “Nosotros también tenemos esas cosas”, replicó Jruschov. Pero Nixon pareció no escucharle. “Es nuestro último modelo. Es de un tipo que se fabrica en miles de unidades para su instalación directa en las casas. En Norteamérica nos gusta hacer la vida más fácil a las mujeres”.


Cuenta el historiador Niall Ferguson que para los rusos normales y corrientes, acostumbrados a las primitivas instalaciones de las atestadas viviendas comunitarias, ver la exposición era como vislumbrar un universo paralelo. Alrededor de cincuenta mil visitantes fueron a verla cada día; en total, la visitaron 2,7 millones de ciudadanos soviéticos. En Estados Unidos, los críticos de Richard Nixon solían preguntar: “¿Se fiaría usted de comprarle un coche usado a ese hombre?”. En Europa oriental, la mayoría de la gente habría estado encantada de poder comprarle una nevera usada. El frigorífico de Nixon parecía el arma capaz de ganar la guerra fría. Como diría acertadamente Jruschov: “Lo que en realidad estamos discutiendo no es cuestión de aparatos de cocina, sino de dos sistemas opuestos: el capitalismo y el socialismo”. También los norteamericanos lo entendían así. Otra atracción de la Exposición Estadounidense fue el último modelo de ordenador de IBM, el RAMAC 305, que permitía a los visitantes formular preguntas sobre la cultura y los logros materiales de Estados Unidos, que la máquina respondía.

miércoles, 19 de abril de 2017

La cocina.

Dartnell cuenta que la cocina es la química original de nuestra historia, que dirige deliberadamente la transformación de la composición química de la materia. El crujiente marrón del exterior de un filete asado y la dorada corteza de una hogaza de pan se deben ambos a un cambio molecular conocido como la reacción de Maillard. Las proteínas y los azúcares del alimento reaccionan juntos para crear toda una serie de nuevos y sabrosos compuestos. Pero la cocina sirve a propósitos mucho más fundamentales que hacer simplemente que el sabor del alimento resulte más apetitosos.

El calor de la cocción mata cualesquiera agentes patógenos o parásitos contaminantes, evitando la intoxicación alimentaria por microbios o la infección por la tenia de la carne de cerdo, por ejemplo. La cocina también ayuda a ablandar la comida dura o fibrosa, y rompe las estructuras de las moléculas complejas para liberar compuestos más simples que resultan más fáciles de digerir y absorber. Ello incrementa el contenido nutricional de muchos alimentos, permitiendo a nuestro cuerpo extraer más energía del mismo volumen de materia comestible. Y en algunos casos, como en el taro, la mandioca y la patata silvestre, el calor prolongado inactiva los venenos de la planta; de lo contrario, por tomar el ejemplo extremo de la mandioca, una sola comida resultaría letal.

La cocción es solo una de las clases de procesamiento que
aplicamos al alimento antes de su consumo. La capacidad de almacenar alimento de forma segura durante períodos prolongados después de su obtención es un requisito previo fundamental para el sustento de la civilización. Permite transportar los productos desde los campos o los mataderos a las ciudades para mantener a grandes poblaciones, y posibilita asimismo el almacenamiento de reservas para las épocas de vacas flacas. El alimento se estropea por la acción de los microbios (bacterias además de mohos) que descomponen su estructura y alteran su química, o liberan productos residuales desagradables o incluso directamente tóxicos para los humanos. El objetivo de la preservación de los alimentos es impedir que se produzca este deterioro microbiano, o cuando menos retrasar el proceso lo máximo posible. Esto se hace modificando de manera deliberada las condiciones del alimento a fin de eliminar las condiciones propicias para el crecimiento microbiano. Básicamente, se trata de ejercer un
control sobre la microbiología del alimento: evitar el crecimiento de microorganismos, o incluso utilizar algunos microbios para impedir que se introduzcan otras cepas indeseables. En algunos casos se alienta la fermentación a partir del crecimiento microbiano para descomponer las moléculas complejas del alimento y hacer sus nutrientes más fácilmente accesibles para nuestro propio consumo. La biotecnología, pues, está lejos de ser una innovación moderna: es uno de los inventos más viejos de la humanidad.


El avance que nos dotó de todas estas capacidades, la cocción a fondo del alimento hirviendo o friendo, el proceso de fermentación y la conservación a largo plazo, fue la innovación de cocer la arcilla para hacer vasijas de barro, un hecho que tuvo profundas ramificaciones para nosotros como especie. El sistema digestivo humano, a diferencia, por ejemplo, de los múltiples estómagos de los rumiantes como las vacas, es incapaz de descomponer adecuadamente muchos tipos de alimentos, y, en consecuencia, hemos aplicado la tecnología para complementar lo que nuestro cuerpo es capaz de hacer naturalmente. 

La cocina moderna,el apogeo de la sofisticación civilizada con todos sus adobos, confits y menudeo de reducciones, no es más que un adorno superficial de la necesidad fundamental de impedir que la comida nos envenene y desbloquear lo máximo posible su contenido nutritivo.