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miércoles, 10 de abril de 2024

De la propaganda a la publicidad

Eulalio Ferrer, que fue asesor político de Felipe González, publicó un ensayo de revelador título, “De la lucha de clases a la lucha de frases, de la propaganda a la publicidad”.
“Pero en Cuba”, objeta uno, “por lo menos siempre ha habido educación y sanidad”. “Ay, mi hermano, contesta otro, pero uno no se pasa la vida en el hospital o en la escuela”. “Sí, agrega un tercero, allá le enseñan a leer a todo el mundo. A leer las instrucciones del partido”.
Referencia:Cómo viajar sin ver de Andrés Neuman.

viernes, 13 de octubre de 2023

Para las mujeres, el desempleo significaba en 1830 un destino diabólico

Flora Tristán

En sus visitas a Inglaterra durante la década de 1830 la escritora y revolucionaria Flora Tristán (1803-1844) quedó asombrada al ver las condiciones de vida de los trabajadores de las fábricas: “La esclavitud ya no es, a mi juicio, el mayor de los infortunios humanos desde que conozco el proletariado inglés; el esclavo está seguro de su pan toda su vida y de recibir cuidados cuando está enfermo; en cambio, no existe lazo alguno entre el obrero y el patrono inglés. Si este no tiene trabajo que dar, el obrero muere de hambre; si cae enfermo, sucumbe entre las pajas de su jergón… Si envejece o si a resultas de un accidente queda lisiado, es despedido y tiene que mendigar furtivamente, por miedo a ser detenido”. Para las mujeres, el desempleo significaba un destino todavía más diabólico, señalaba Flora al observar a las prostitutas que pululaban por las aceras de Waterloo Road. “En Londres, escribía, todas las clases están profundamente corrompidas”. 

miércoles, 10 de junio de 2020

Los hechos de la historia contemporánea son también hechos relativos al triunfo y al fracaso de hombres y mujeres individuales




Para el sociólogo Charles Wright Mills, los hechos de la historia contemporánea son también hechos relativos al triunfo y al fracaso de hombres y mujeres individuales. Cuando una sociedad se industrializa, el campesino se convierte en un trabajador, y el señor feudal es liquidado o se convierte en un hombre de negocios. Cuando las clases suben o bajan, un hombre tiene trabajo o no lo tiene; cuando la proporción de las inversiones aumenta o disminuye, un hombre toma nuevos alientos o se arruina. Cuando sobrevienen guerras, un agente de seguros se convierte en un lanzador de cohetes, un oficinista en un experto en radar, las mujeres viven solas y los niños crecen sin padre. Ni la vida de un individuo ni la historia de una sociedad pueden entenderse sin entender ambas cosas.


Los hombres, habitualmente, no definen las inquietudes que sufren en relación con los cambios históricos y las contradicciones institucionales. Por lo común, no imputan el bienestar de que gozan a los grandes vaivenes de la sociedad en que viven. Rara vez conscientes de la intrincada conexión entre el tipo de sus propias vidas y el curso de la historia del mundo, los hombres corrientes suelen ignorar lo que esa conexión significa para el tipo de hombres en que se van convirtiendo y para la clase de actividad histórica en que pueden tener parte. No poseen la cualidad mental esencial para percibir la interrelación del hombre y la sociedad, de la biografía y de la historia, del yo y del mundo.

martes, 2 de enero de 2018

El igualitarismo de la Norteamérica moderna.

 El monte Katahdin desde Millinocket Camp, 1895, óleo sobre lienzo, Museo de Arte de Portland.
Como Kojève (entre otros) señaló, el igualitarismo de la Norteamérica moderna representa el logro esencial de la sociedad sin clases ideada por Marx. Esto no quiere decir que no haya ricos y pobres en los Estados Unidos, o que la brecha entre ellos no haya aumentado en los últimos años. Pero las causas profundas de la desigualdad económica no tienen tanto que ver con la estructura legal y social subyacente a  esta sociedad, que sigue siendo fundamentalmente igualitaria y moderadamente redistributiva, cuanto con las características culturales y sociales de los grupos que la componen, que, a su vez, son el legado histórico de las condiciones premodernas, dice Francis Fukuyama. 

La pobreza de los negros en Estados Unidos no es un producto inherente del liberalismo, sino más bien el “legado de la esclavitud y el racismo”, añade Fukuyama, que siguió existiendo mucho tiempo después de que se aboliera formalmente la esclavitud. Como consecuencia de la disminución del problema de clase, puede decirse con certeza que el atractivo del comunismo en el mundo occidental desarrollado es hoy menor que en cualquier otro momento desde que terminó la I Guerra Mundial.

martes, 29 de agosto de 2017

La Ley en lugar de ser un freno a la injusticia, se convierte a menudo en el instrumento más invencible de injusticia.

Como el trabajo es por sí mismo una carga y el hombre tiende naturalmente a evitar el dolor, se sigue, como lo demuestra la historia, que allí donde la expoliación es menos onerosa que el trabajo, prevalece la expoliación; y prevalece sin que ni la religión ni la moral puedan hacer nada, en este caso, para impedirlo. ¿Cuándo se detiene la expoliación? Cuando resulta más peligrosa que el trabajo. Es evidente que la ley debería tener como objetivo oponer el poderoso obstáculo de la fuerza colectiva a esta funesta tendencia; que debería tomar partido a favor de la propiedad contra la expoliación. Pero lo normal es que la ley sea obra de un hombre o de una clase de hombres. Y como la ley no existe sin sanción, sin el apoyo de una fuerza preponderante, es lógico que, en definitiva, ponga esta fuerza en manos de los legisladores. Este fenómeno inevitable, combinado con la funesta tendencia que hemos descubierto en el corazón del hombre, explica la perversión casi universal de la ley. Se comprende que, en lugar de ser
un freno a la injusticia, se convierta a menudo en el instrumento más invencible de injusticia. Se comprende que, según el poder del legislador, destruya, en beneficio propio, y en grados diversos, en el de los demás hombres, la personalidad por la esclavitud, la libertad por la opresión, la propiedad por la expoliación. Está en la naturaleza de los hombres reaccionar contra la iniquidad de que son víctimas. 

Así pues, cuando la expoliación está organizada por la ley, en beneficio de las clases que la hacen, todas las clases expoliadas tienden, por vías pacíficas o por vías revolucionarias, a participar de algún modo en la confección de las leyes. Estas clases, según el grado de ilustración a que han llegado, pueden proponerse dos fines muy distintos cuando persiguen por esta vía la conquista de sus derechos políticos; o bien quieren hacer que cese la expoliación legal, o bien aspiran a tomar parte de la misma. ¡Desdichadas, tres veces desdichadas las naciones en las que esta última actitud domina entre las masas, cuando se apoderan a su vez del poder legislativo!, manifiesta Frédéric Bastiat en su libro La Ley.