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miércoles, 26 de marzo de 2025

Los primeros

Primeros médicos
Los primeros médicos fueron ancianos cuya experiencia hizo que los llamaran al lecho de personas enfermas o cuya compasión movía a cuidar heridas. Los primeros astrónomos fueron pastores de Egipto que observaron que ciertos astros volvían a colocarse en idéntico lugar del cielo transcurrido determinado período. El primero que por medio de guarismos y signos expresó esta proposición tan sencilla; dos más dos son cuatro, creó las matemáticas, poderosísima ciencia que verdaderamente colocó al hombre sobre el trono del Universo. Todas estas ciencias, cultivadas durante un infinito número de generaciones, harán progresos tanto más seguros cuanto que la imprenta evita el peligro del retroceso, escribe Jean Anthelme Brillat-Savarin.

jueves, 31 de agosto de 2023

Para el astrónomo, mirar el cielo es mirar hacia el pasado

Cuenta el astrofísico Rafael Rebolo que “para el astrónomo, mirar el cielo es mirar hacia el pasado”. El Universo nos proporciona rastros de cómo fue su origen. Y construimos telescopios e instrumentos complejos para tratar de descubrir esas huellas que a lo largo de la historia del Universo han quedado impresas en fenómenos que hoy podemos registrar, medir. Igual que un arqueólogo entra en una pirámide y encuentra los vestigios intactos de una civilización pasada, en el Universo encontramos huellas intactas de cómo pudieron ser sus primeros instantes.

lunes, 14 de marzo de 2022

Las galaxias, las estrellas, los agujeros negros… producen ingentes cantidades de energía

La astrofísica norirlandesa Jocelyn Bell Burnell cuenta como las galaxias, las estrellas, los agujeros negros… producen ingentes cantidades de energía. Esa energía puede transmitirse en muchos formatos. Una fuente evidente de energía es la luz visible. Pero, del mismo modo que la energía de una hoguera se descompone en luz, calor, humo, sonido…, la terrible explosión energética de un fenómeno cósmico también puede obtener diferentes formas: rayos X, rayos gamma, ondas de radio… Las emisiones de radio de los acontecimientos más lejanos que ocurren en el espacio llegan a la Tierra muy debilitadas. La señal actual de un teléfono móvil, por ejemplo, es miles de millones de veces más potente que el “sonido” que nos alcanza de la explosión de una estrella después de pasar miles de millones de años viajando por el Universo. Aun así, las antenas de los radiotelescopios pueden ser capaces de detectarla y, a partir de su información, los científicos pueden inferir qué tipo de astro la ha originado……Los ojos humanos solo responden a una pequeñísima fracción de la familia de radiaciones estelares. En cierto sentido, somos invidentes para el cosmos. Pero los astrónomos hemos aprendido que las estrellas, las galaxias, los planetas… nos hablan en muchos idiomas diferentes. Así que, si tú tienes la suerte de contar con el telescopio adecuado, puedes comunicarte con el cielo.

jueves, 18 de junio de 2020

Aristarco dedujo que la tierra giraba alrededor del sol


Aristarco

El astrónomo y matemático griego, Aristarco ( 310 a. C.- 230 a. C),  construyó un reloj de sol modificado llamado skáphe (escafa), un cuenco esférico con una aguja levantada en el centro, como si fuera un obelisco en miniatura, y que arrojaba sombras sobre las líneas trazadas en la superficie del cuenco. Con este aparato podía medir la altitud y la dirección del Sol. Esto le permitió descubrir que el Sol ilumina la media Luna, vista desde la Tierra, en un ángulo de 87 grados. De aquí conjeturó que el Sol tiene varias veces el tamaño de la Tierra y debía de estar muy lejos. Aristarco también dedujo que la Tierra giraba alrededor del Sol, una teoría astronómica que iba en contra de la ortodoxia aceptada de que el Sol giraba alrededor de una Tierra quieta. Argumentó que el Sol parece moverse por el cielo porque la Tierra gira sobre su eje. Pero a falta de telescopio y mapas estelares exactos, Aristarco no pudo probar algo considerado absurdo por un mundo cuyo centro era la Tierra y que seguiría convencido de que el Sol era un servidor suyo durante dieciocho siglos, hasta la época de Copérnico y Galileo.