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miércoles, 9 de junio de 2021

De Copérnico a Galileo


La aportación sustancial de Copérnico fue la de situar al Sol, en lugar de la Tierra, en el centro del universo. Este modelo heliocéntrico sugería que la Tierra orbitaba alrededor del Sol, como el resto de los planetas. Pese a los feroces ataques de los protestantes por esta supuesta refutación de las Sagradas Escrituras, el sistema copernicano no fue objeto de censura formal alguna por parte de los católicos.


Galileo

En 1616, después de que Galileo hubiera enseñado pública y persistentemente el sistema copernicano, las autoridades eclesiásticas le ordenaron que cesara de presentar la teoría de Copérnico como verdad contrastada, si bien tenía libertad para tratarla como hipótesis. Galileo aceptó y prosiguió con su trabajo. El Papa Urbano VIII se refirió a Galileo como “un hombre cuya fama brilla en el cielo y se extiende por todo el mundo”. Urbano VIII transmitió al astrónomo que la Iglesia nunca había declarado heréticas las teorías de Copérnico y que jamás lo haría. El Diálogo sobre los grandes sistemas del mundo, publicado en 1632, fue escrito por Galileo a instancias del Pontífice, aunque haciendo caso omiso de la instrucción expresa de tratar el modelo copernicano como hipótesis antes que como verdad establecida. Años más tarde, el padre Grienberger señaló supuestamente que, si Galileo hubiese presentado sus conclusiones como hipótesis, el gran astrónomo podría haber escrito todo cuanto deseara. Es sin embargo importante no exagerar lo ocurrido. J. L. Heilbron dice que ciertos contemporáneos bien informados observaron que la referencia a la herejía en relación con Galileo o Copérnico no tuvo una importancia general o teológica. Riccioli, en 1651, declaró que el heliocentrismo no era una herejía y Baldigiam, en 1678, concluyó que aquello era de todos sabido. Lo cierto es que los científicos católicos tuvieron autorización, en lo esencial, para proseguir libremente con sus investigaciones, siempre y cuando presentaran el movimiento de la Tierra como hipótesis (tal como exigía el decreto del Santo Oficio de 1616). Puesto que científicos católicos como el padre Roger Boscovich continuaron esbozando en sus trabajos la idea de una Tierra en movimiento, algunos eruditos especulan que el decreto de 1633 iba probablemente “dirigido a Galileo” y no al conjunto de los científicos católicos.


jueves, 18 de junio de 2020

Aristarco dedujo que la tierra giraba alrededor del sol


Aristarco

El astrónomo y matemático griego, Aristarco ( 310 a. C.- 230 a. C),  construyó un reloj de sol modificado llamado skáphe (escafa), un cuenco esférico con una aguja levantada en el centro, como si fuera un obelisco en miniatura, y que arrojaba sombras sobre las líneas trazadas en la superficie del cuenco. Con este aparato podía medir la altitud y la dirección del Sol. Esto le permitió descubrir que el Sol ilumina la media Luna, vista desde la Tierra, en un ángulo de 87 grados. De aquí conjeturó que el Sol tiene varias veces el tamaño de la Tierra y debía de estar muy lejos. Aristarco también dedujo que la Tierra giraba alrededor del Sol, una teoría astronómica que iba en contra de la ortodoxia aceptada de que el Sol giraba alrededor de una Tierra quieta. Argumentó que el Sol parece moverse por el cielo porque la Tierra gira sobre su eje. Pero a falta de telescopio y mapas estelares exactos, Aristarco no pudo probar algo considerado absurdo por un mundo cuyo centro era la Tierra y que seguiría convencido de que el Sol era un servidor suyo durante dieciocho siglos, hasta la época de Copérnico y Galileo.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Cuando nuestro planeta perdió su lugar privilegiado.

sistema heliocéntrico
Después de que Copérnico y Galileo defendieran y divulgaran el sistema heliocéntrico, el universo medieval se había roto en pedazos, y lo que antes era un cosmos finito cuyo centro estaba ocupado por la Tierra, que permanecía inmóvil, ahora se convertía en un universo de dimensiones incalculables en el que nuestro planeta orbitaba como uno más. El espacio se había multiplicado hasta llegar al infinito, y en él, la Tierra quedaba reducida a un punto insignificante en comparación con la inmensidad que la albergaba. Así, lo que antes se había considerado un hogar, había pasado a ser algo tan extraño como incomprensible. Nuestro planeta había perdido su lugar privilegiado, y con él, de forma inevitable, también el hombre. 

Este cambio de cosmovisión, es decir, de la manera de entender al hombre y su lugar en el universo, causó un verdadero impacto en la historia del pensamiento. Hay que
ponerse en el lugar de alguien de aquella época para hacerse una idea, siquiera aproximada, de lo que semejante cambio debió de suponer en la mentalidad de la época. Afirmar que la Tierra era un planeta más, arrancarla de su centro, hacernos girar alrededor del Sol a gran velocidad, fue una de las mayores heridas que la ciencia infligió al ego de la humanidad. Como señaló Nietzsche, entre otros, después de este acontecimiento el hombre ni fue el mismo ni aún se ha recuperado.

domingo, 29 de octubre de 2017

La veracidad al final es aceptada incluso por aquellos que se oponen a ella en un principio.

La veracidad es la cualidad de lo que es verdadero o veraz, y está conforme con la verdad y se ajusta a ella. 

Veracidad.
Galileo construyó un potente telescopio a fines de 1609 y lo utilizó para mirar los cielos. Muchas de las nuevas observaciones que hizo durante los tres meses siguientes fueron objeto de controversias muy importantes para el debate de los astrónomos acerca de la validez de la teoría copernicana, de la cual era Galileo un entusiasta campeón. Galileo afirmó, por ejemplo, haber visto cuatro lunas girando en órbita alrededor de Júpiter, pero encontraba difícil convencer a otros de la validez de sus observaciones. El asunto no carecía de importancia. La teoría copernicana conllevaba la polémica afirmación de que la Tierra se mueve, girando sobre su eje una vez por día y en órbita alrededor del Sol una vez al año. La opinión recibida, que Copérnico había desafiado en la primera mitad del siglo anterior, decía que la Tierra es estacionaria, con el Sol y los planetas girando alrededor de ella. Uno de los argumentos, en absoluto trivial, en contra del movimiento de la Tierra era que si se moviera en órbita
alrededor del Sol, la Luna se quedaría detrás. El argumento se desmorona tan pronto como se admite que Júpiter tiene lunas, pues hasta los oponentes de Copérnico estaban de acuerdo en que Júpiter se mueve. Por lo tanto, si tiene lunas, las arrastra consigo, mostrando así justamente el mismo fenómeno que los oponentes de Copérnico suponían imposible en el caso de la Tierra.

La veracidad de lo visto con el telescopio fue pronto aceptada por los observadores competentes contemporáneos de Galileo, incluso por aquellos que se le habían opuesto en un principio, dice el físico y profesor Alan Chalmers.