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lunes, 14 de octubre de 2024

Polemizar

Sir Karl Popper, que podía ser tiránico polemizando, pero que aun así reconocía que polemizar era valioso, esencial, de hecho, por sí mismo. Raras veces ocurre en un debate, él mismo observó, que uno de los dos contendientes, de fuerza pareja, consiga convencer o convertir al otro. Pero es igualmente raro que en una polémica correctamente llevada los dos antagonistas terminen manteniendo la misma posición exacta que cuando empezaron. Habrá concesiones, afinamientos, ajustes, y cada una de las dos posiciones habrá sufrido una modificación aun cuando en apariencia siga siendo la misma. Ni siquiera el “sistema” más claramente glacial es inmune a esta norma.

sábado, 1 de agosto de 2020

No refuta a su adversario, se contenta con tratarlo de burgués o fascista



Unidas Podemos y el chavismo no refutan a su adversario, pues se contenta con tratarlo de burgués o fascista. Para criticar los trabajos de quienes piensan de manera diferente, el marxismo hace aparecer a sus autores como si fuesen siervos vendidos a la burguesía. Marx y Engels jamás trataron de refutar a sus adversarios con argumentos; los denigraron, insultaron, vilipendiaron, calumniaron, y sus sucesores no han hecho sino escarnecerlos. Su polémica ataca a la persona del contrincante y nunca sus demostraciones.

 Biblioteca Ludwig von Mises de la Universidad Francisco Marroquín

Una de las más hábiles maniobras de Marx fue ahogar esas atrevidas investigaciones que habían causado la ruina de las teorías socialistas anteriores. Si al finalizar el siglo XIX y despuntar el XX, el socialismo pudo alcanzar sitio de primera fila entre los partidos políticos, lo debe a la prohibición de discutir y profundizar el carácter de la sociedad socialista, escribe el economista austriaco Ludwig von Mises.

domingo, 29 de octubre de 2017

La veracidad al final es aceptada incluso por aquellos que se oponen a ella en un principio.

La veracidad es la cualidad de lo que es verdadero o veraz, y está conforme con la verdad y se ajusta a ella. 

Veracidad.
Galileo construyó un potente telescopio a fines de 1609 y lo utilizó para mirar los cielos. Muchas de las nuevas observaciones que hizo durante los tres meses siguientes fueron objeto de controversias muy importantes para el debate de los astrónomos acerca de la validez de la teoría copernicana, de la cual era Galileo un entusiasta campeón. Galileo afirmó, por ejemplo, haber visto cuatro lunas girando en órbita alrededor de Júpiter, pero encontraba difícil convencer a otros de la validez de sus observaciones. El asunto no carecía de importancia. La teoría copernicana conllevaba la polémica afirmación de que la Tierra se mueve, girando sobre su eje una vez por día y en órbita alrededor del Sol una vez al año. La opinión recibida, que Copérnico había desafiado en la primera mitad del siglo anterior, decía que la Tierra es estacionaria, con el Sol y los planetas girando alrededor de ella. Uno de los argumentos, en absoluto trivial, en contra del movimiento de la Tierra era que si se moviera en órbita
alrededor del Sol, la Luna se quedaría detrás. El argumento se desmorona tan pronto como se admite que Júpiter tiene lunas, pues hasta los oponentes de Copérnico estaban de acuerdo en que Júpiter se mueve. Por lo tanto, si tiene lunas, las arrastra consigo, mostrando así justamente el mismo fenómeno que los oponentes de Copérnico suponían imposible en el caso de la Tierra.

La veracidad de lo visto con el telescopio fue pronto aceptada por los observadores competentes contemporáneos de Galileo, incluso por aquellos que se le habían opuesto en un principio, dice el físico y profesor Alan Chalmers.