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lunes, 16 de diciembre de 2019

Sin Jupiter, Saturno y la Luna no existiría vida en la Tierra


Jupiter es  once veces superior a la Tierra
Simulaciones por ordenador muestran que la presencia de un planeta del tamaño de Júpiter en un sistema solar es necesaria para desviar y lanzar al espacio los cometas y meteoritos pasajeros; así se limpia continuamente un sistema solar y puede florecer la vida. Si Júpiter no existiera en nuestro sistema solar, la Tierra estaría bombardeada con meteoritos y cometas, lo que haría la vida imposible. El doctor George Wetherill, un astrónomo en el Instituto Carnegie en Washington D.C., considera que sin la presencia de Júpiter o Saturno en nuestro sistema solar, la Tierra habría sufrido un número de colisiones de asteroides mil veces mayor, y cada diez mil años ocurriría un enorme impacto amenazador para la vida.


Extrapolando las leyes de la gravedad de Newton a millones de años, los científicos pueden demostrar que sin una gran Luna es muy probable que nuestro eje de giro se hubiera hecho inestable y la Tierra se tambaleara, lo que haría la vida imposible. El doctor Jacques Lasker, un astrónomo francés, estima que sin nuestra Luna el eje de la Tierra podría oscilar entre 0 y 54 grados, lo que precipitaría condiciones climáticas extremas incompatibles con la vida.

Via Láctea
Hay aún otros accidentes fortuitos que fueron necesarios para crear vida en la Tierra, entre ellos un campo magnético intenso. Esto es necesario para desviar los rayos cósmicos y la radiación que podrían destruir la vida en la Tierra. Una moderada velocidad de rotación planetaria. Si la Tierra rotara con demasiada lentitud, la cara que se enfrenta al Sol estaría ardiente, mientras que la otra cara estaría gélida durante largos períodos de tiempo; si la Tierra rotara con demasiada rapidez, habría condiciones climáticas extremadamente violentas, como vientos y tormentas monstruosas. Una localización que esté a la distancia correcta del centro de la galaxia. Si la Tierra estuviera demasiado cerca del centro de la galaxia Vía Láctea, recibiría una radiación peligrosa; si estuviera demasiado lejos del centro, nuestro planeta no tendría suficientes elementos pesados para crear moléculas de ADN y proteínas.

domingo, 29 de octubre de 2017

La veracidad al final es aceptada incluso por aquellos que se oponen a ella en un principio.

La veracidad es la cualidad de lo que es verdadero o veraz, y está conforme con la verdad y se ajusta a ella. 

Veracidad.
Galileo construyó un potente telescopio a fines de 1609 y lo utilizó para mirar los cielos. Muchas de las nuevas observaciones que hizo durante los tres meses siguientes fueron objeto de controversias muy importantes para el debate de los astrónomos acerca de la validez de la teoría copernicana, de la cual era Galileo un entusiasta campeón. Galileo afirmó, por ejemplo, haber visto cuatro lunas girando en órbita alrededor de Júpiter, pero encontraba difícil convencer a otros de la validez de sus observaciones. El asunto no carecía de importancia. La teoría copernicana conllevaba la polémica afirmación de que la Tierra se mueve, girando sobre su eje una vez por día y en órbita alrededor del Sol una vez al año. La opinión recibida, que Copérnico había desafiado en la primera mitad del siglo anterior, decía que la Tierra es estacionaria, con el Sol y los planetas girando alrededor de ella. Uno de los argumentos, en absoluto trivial, en contra del movimiento de la Tierra era que si se moviera en órbita
alrededor del Sol, la Luna se quedaría detrás. El argumento se desmorona tan pronto como se admite que Júpiter tiene lunas, pues hasta los oponentes de Copérnico estaban de acuerdo en que Júpiter se mueve. Por lo tanto, si tiene lunas, las arrastra consigo, mostrando así justamente el mismo fenómeno que los oponentes de Copérnico suponían imposible en el caso de la Tierra.

La veracidad de lo visto con el telescopio fue pronto aceptada por los observadores competentes contemporáneos de Galileo, incluso por aquellos que se le habían opuesto en un principio, dice el físico y profesor Alan Chalmers.


jueves, 6 de julio de 2017

El calentamiento global puede ser un calentamiento de los planetas de nuestro sistema.

Los polos no se van a fundir en cincuenta años
Carlo A. Ricci, presidente del European Polar Board y directivo del programa EPICA que estudia el cambio climático a través de las muestras de hielo, declaró en Madrid que “es evidente que la Tierra se está calentando, pero aún no sabemos la magnitud exacta de ese calentamiento”; y afirmo que “los polos no se van a fundir en cincuenta años; al menos tardarían unos mil, si la temperatura sigue aumentando a este ritmo”.



Otro hecho quizá todavía más sorprendente, el calentamiento global puede ser calentamiento planetario. Todos o casi todos los planetas de nuestro sistema parece que se están calentando, o así lo permiten entender un buen número de datos que ahora mismo se barajan, escribe Comellas. La NASA advierte que los casquetes polares de Marte se están derritiendo desde hace treinta años. El polo Sur nos muestra montañas y grandes barrancos que hasta ahora no habíamos podido ver a causa de los hielos y que han quedado descubiertos. También aumenta el albedo, o radiación energética emitida o más bien devuelta por la superficie de Marte recalentada. Se atribuye al incremento de las temperaturas la abundancia actual de grandes tempestades de arena y de furiosos tornados en el planeta vecino. ¡Y no podemos acusar a los marcianos de su peculiar calentamiento global! Las mismas señales de calentamiento advertimos en Júpiter.