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jueves, 28 de diciembre de 2023

Al unir en la conversación matemáticas, poesía y música podemos presentir la belleza del lenguaje universal de la abstracción

El matemático y el poeta se asoman a la inmensidad del infinito amor explicando la perfección tangible de una rosa. La búsqueda del matemático comparte afán con la del poeta, ambos se nutren de anhelos, de pasión, de abismo. Ambos se asoman a la inmensidad del infinito amor explicando la perfección tangible de una rosa. Y como puente entre ambos lenguajes, el compositor.
El álgebra y la geometría, esos poemas que el Universo recita y solo unos pocos saben leer, y la poesía, el lenguaje que solo unos pocos pueden componer, abrigados por la música….. Dicen que las matemáticas son el lenguaje en el que Dios escribió el Universo, y el Hombre se acerca a ellas con toda su capacidad intelectual y de observación en una suerte de descubrimiento de ese mundo abstracto del que depende este plano físico en el que nos movemos. Algo así como ver a través de los agujeros de la caja en la que que estamos metidos. El alcance de ese mundo abstracto no deja de ser un acercamiento a una sabiduría mayor que nos sostiene. Es aquí donde, a cada avance intelectual en método, fórmula y resultado, el Hombre es consciente no solo de ese mismo avance, sino de todo lo que aún le queda por descubrir, por aprender, animándolo a seguir indagando sobre sí y sobre el mundo hasta llegar al centro mismo de la esencia.


Albert Einstein tocando el violín (1930)

Es al unir en la conversación matemáticas, poesía y música cuando podemos presentir la belleza del lenguaje universal de la abstracción, el que podemos aplicar a infinidad de realidades y que puede, a su vez, ser descubierto o vislumbrado desde tan dispares puntos de partida, pues solo aquel que explica el mundo puede ser intuido desde todo él.
Referencia: Sobre la belleza de lo abstracto de Estrella Fernández-Martos

jueves, 18 de junio de 2020

Aristarco dedujo que la tierra giraba alrededor del sol


Aristarco

El astrónomo y matemático griego, Aristarco ( 310 a. C.- 230 a. C),  construyó un reloj de sol modificado llamado skáphe (escafa), un cuenco esférico con una aguja levantada en el centro, como si fuera un obelisco en miniatura, y que arrojaba sombras sobre las líneas trazadas en la superficie del cuenco. Con este aparato podía medir la altitud y la dirección del Sol. Esto le permitió descubrir que el Sol ilumina la media Luna, vista desde la Tierra, en un ángulo de 87 grados. De aquí conjeturó que el Sol tiene varias veces el tamaño de la Tierra y debía de estar muy lejos. Aristarco también dedujo que la Tierra giraba alrededor del Sol, una teoría astronómica que iba en contra de la ortodoxia aceptada de que el Sol giraba alrededor de una Tierra quieta. Argumentó que el Sol parece moverse por el cielo porque la Tierra gira sobre su eje. Pero a falta de telescopio y mapas estelares exactos, Aristarco no pudo probar algo considerado absurdo por un mundo cuyo centro era la Tierra y que seguiría convencido de que el Sol era un servidor suyo durante dieciocho siglos, hasta la época de Copérnico y Galileo.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Si todos los números pueden representarse empleando el 1 y el 0, esto es lo mismo que decir que Dios creó el Universo a partir de la nada.

Gottfried Wilhelm Leibniz
Isaac Asimov escribió que “el primer matemático civilizado que lo hizo sistemáticamente fue Gottfried Wilhelm Leibniz, hace cerca de tres siglos. Este se sintió maravillado y gratificado porque razonó que el 1, que representa la unidad, era un símbolo evidente de Dios, mientras que el 0 representaba la nada que, además de Dios, también existía en un principio. En consecuencia, si todos los números pueden representarse simplemente empleando el 1 y el 0, seguramente esto es lo mismo que decir que Dios creó el Universo a partir de la nada”.