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viernes, 17 de julio de 2026

¿Hay una identidad de Europa que tenga futuro y que podamos respaldar desde dentro?

Carlomagno y el Imperio Carolingio
Con la formación de los Estados helenos y del Imperio Romano, se había constituido un continente que se convirtió en la base de la ulterior Europa, pero que tenía unas fronteras enteramente distintas. Se trataba de los países que circundaban el Mar Mediterráneo, que configuraban un verdadero continente por su vinculación cultural, por la circulación de personas y el comercio y por un sistema político común. Sólo las victoriosas campañas del Islam trazaron, por primera vez, en el siglo VII y comienzos del VIII, una frontera a través del Mediterráneo. Lo partieron por la mitad, de modo que lo que hasta entonces había sido un continente se dividió ahora en tres: Asia, África y Europa.
En este proceso de desplazamiento de fronteras, la continuidad ideal con el anterior continente mediterráneo se vio garantizada por una construcción histórico-teológica. Mediante la fe cristiana el Imperio Romano se renovaba y se convertía en el último y permanente imperio de la Historia Universal y definió el conjunto de pueblos y Estados que se estaba formando como el permanente Sacrum Imperium Romanum. Este proceso de nueva identificación histórica y cultural se llevó a cabo con plena conciencia bajo Carlomagno, y aquí emerge la vieja palabra Europa, con un significado transformado. Ahora este vocablo se utiliza como denominación para el imperio de Carlomagno, y expresa a un tiempo la conciencia de la continuidad y de la novedad, con las que el nuevo conglomerado de Estados se identifica en tanto que verdadera fuerza de futuro; de futuro, precisamente porque se entiende anclado en la continuidad de la Historia anterior y, en última instancia, siempre permanente. En la comprensión de sí mismo que así se forma se expresa tanto la conciencia de algo definitivo como la de una misión. Ciertamente, tras el final del Imperio Carolingio el concepto de Europa vuelve a desaparecer, y sólo se conserva en el lenguaje de los eruditos; tan sólo a principios de la Edad Moderna (probablemente en relación con el peligro turco, como forma de autoidentificación) pasará a la lengua popular, para imponerse con carácter general en el siglo XVIII.
Una gran parte del mundo germánico se desgarra de Roma; surge una forma nueva e ilustrada de cristianismo, de tal forma que, desde ahora, recorre el Occidente una línea de separación que constituye también claramente un limes cultural, una frontera entre distintas formas de pensar y actuar. Ciertamente, hay también grietas dentro del mundo protestante, por ejemplo entre luteranos y reformados, a los que se unen metodistas y presbiterianos, mientras la iglesia anglicana propone un camino intermedio entre lo católico y lo protestante. 
Hoy en día a la victoria del mundo técnico secular poseuropeo, a la universalización de su modelo de vida y su forma de pensar, va unida, la impresión de que el mundo de valores de Europa, su cultura y su fe, en los que descansaba su identidad, están acabados y en realidad han sido ya abandonados. ¿Hacia dónde seguir? ¿Hay en los violentos cambios de nuestro tiempo una identidad de  Europa que tenga futuro y que podamos respaldar desde dentro? Para los padres de la unificación europea tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, Adenauer, Schumann, De Gasperi, estaba claro que ese fundamento existe, y que descansa en la herencia cristiana de lo que el cristianismo había hecho nuestro continente.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Lengua catalana

Pienso, decía José María Pemán, que el primer problema del catalán como idioma es éste de calificarlo como “problema”. En este caso, como en otros muchos, el problema es el modo de manipular una cosa en que si misma no lo es. El catalán , en si, no es un problema, es una evidencia. Lo que ocurre es que las evidencias cobran fisonomía contusionada de problema cuando son manejadas por los políticos, que ésos si que son un problema.
Y añade Pemán que es bien claro que si se anuncia un proyecto de ley económico, mercantil, financiero, acuden a opinar, convocados o espontáneamente, las cámaras profesionales, las empresas, los sindicatos. Pero cuando lo que se plantea es el tema de la lengua catalana, acuden con espontaneidad los ateneos, los club de fútbol, los catedráticos, los teatros de aficionados, las parroquias, los grandes almacenes. Está bien claro, es la vida en su totalidad espiritual y física la que se ha sentido convocada……No se comprende que estamos ante hechos biológicos que se escapan de las manos. El día en que Menéndez Pelayo fue mantenedor de unos “Jochs Florals”, pronunciando en catalán parte de su discurso; y que el poeta premiado con la “englantina de oro” era Jacinto Verdaguer, que declamó parte de su “Atlántida”; desde ese día había un hecho irreversible, que la política no podía desconocer, porque no era de la familia de las leyes o los decretos, sino de la familia de la biología y la física como la montaña de Montserrat, del Llobregat o el Mediterráneo. 


miércoles, 7 de diciembre de 2022

El establecimiento de los germanos en la cuenca del Mediterráneo no supone una nueva época en la historia de Europa

Henri Pirenne, historiador belga. que fue profesor de Historia en la Universidad de Gante, escribe que “el establecimiento de los germanos en la cuenca del Mediterráneo no supone una nueva época en la historia de Europa. De ninguna manera hizo tabla rasa del pasado ni rompió con la tradición. El objetivo de los invasores no era anular el Imperio Romano, sino instalarse allí para disfrutarlo. En cualquier caso, lo que conservaron sobrepasa en mucho a lo que pudieron destruir o aportar de nuevo”.

En todo esto resalta la continuidad del movimiento comercial del Imperio Romano tras las invasiones germánicas, que no acabaron con la unidad económica de la Antigüedad. Esta unidad se conserva gracias al Mediterráneo y a las relaciones que mantiene con Occidente y Oriente. El gran mar interior de Europa no pertenece, como en otro tiempo, a un solo estado. Pero aún nada permite prever que dejará pronto de ejercer a su alrededor su atracción secular. A pesar de las transformaciones que presenta, el mundo nuevo no ha perdido el carácter mediterráneo del mundo antiguo. En las costas del Mediterráneo se concentra y se nutre todavía lo mejor de su actividad. Ningún indicio anuncia el fin de la comunidad de civilización establecida por el Imperio Romano. A comienzos del siglo VII, quien hubiera vislumbrado el porvenir no habría encontrado ninguna razón para no creer en la persistencia de la tradición. Lo que era entonces natural y previsible no se realizó. El orden mundial que había sobrevivido a las invasiones germánicas no pudo hacerlo a la del Islam, que se proyectó en el curso de la historia con la fuerza elemental de un cataclismo cósmico.

domingo, 2 de enero de 2022

Lepanto,uno de los mayores combates navales de la historia


Es necesario constatar la enorme magnitud de la batalla de Lepanto, sin duda uno de los mayores combates navales de la historia en cuanto al número total de buques y hombres enfrentados. De hecho, teniendo en cuenta estos criterios, sólo dos batallas pueden comparársele, y las dos fueron muy anteriores en el tiempo: la de Salamina, que enfrentó a griegos y persas en el año 480 a. C., y la de Actium, en la que lucharon los partidarios de Marco Antonio y Cleopatra, por un lado, contra los de Octavio, por el otro, en el año 31 a. C. En la primera fueron setecientos ochenta los buques y en torno a 165.000 los hombres enfrentados; en la segunda, seiscientos treinta buques y unos 250 000 hombres. Las dos fueron grandes batallas, y las dos enormemente decisivas, ya que la primera salvó la civilización occidental, representada entonces por Grecia, de su aniquilación a manos de los persas, y la segunda decidió el destino, también occidental, del mayor Imperio de la Antigüedad. Lepanto fue, desde luego, como estas, una gran batalla. Lepanto supuso sin duda el canto de cisne de una forma de lucha naval que había ya comenzado a quedar desfasada frente al combate entre naves mancas, galeones primero, navíos de línea más tarde, de costados poderosamente artillados, como bien demostraría el duque de Osuna el 14 de julio de 1616, en la batalla de cabo Celidonia, al derrotar con sus cinco galeones nada menos que a cincuenta y cinco galeras turcas.



Una derrota cristiana habría abierto las puertas de Occidente a los turcos. Sin galeras para protegerlas, las flotas otomanas se habrían apoderado primero de Creta y luego del resto de las posesiones venecianas en el Adriático, para ocupar después la propia Venecia, forzada a defenderse a la desesperada dentro de su pequeña laguna. Todas las islas importantes del Mediterráneo occidental (Malta, Sicilia, las Baleares) habrían caído una a una, regalando a las flotas otomanas valiosas bases desde las que lanzar ataques posteriores contra la tierra firme. La misma Italia, sin la protección de las escuadras españolas de Nápoles y Sicilia, habría caído más tarde en manos turcas. El Imperio otomano construyó una gran flota, pero no hizo con ella nada más que conservar lo que ya tenía, mientras se veía obligado a prestar atención a lo que sucedía en sus fronteras orientales amenazadas por los persas. Del mismo modo, la Monarquía Hispánica se olvidó del Mediterráneo para volver la cabeza hacia el Atlántico en el que, cada vez más, se decidía el futuro de la humanidad. Pero si España lo hizo fue porque podía hacerlo, pues los turcos ya no eran una amenaza.

miércoles, 24 de octubre de 2018

En 1500 a. J.C. ya existía un sistema internacional de comercio.


El historiador Robert Stacey cuenta que la historia de las civilizaciones occidentales comienza en Oriente Próximo hace unos trece mil años. Cuando los glaciares iniciaron su lenta retirada, en el extremo oriental del mar Mediterráneo surgió un nuevo mundo ecológico de pantanos, praderas y animales domesticables, donde los hombres llevaron a cabo una transformación trascendental, pasaron de formar pequeñas bandas de cazadores-recolectores a constituir comunidades mayores basadas en la agricultura. Hubo un segundo “gran paso adelante” hace unos cinco mil años, cuando aparecieron las primeras ciudades verdaderas entre los ríos Tigris y Éufrates, para extenderse después por todo Oriente Próximo.
En 1500 a. J.C. ya existía un sistema internacional de comercio y diplomacia que abarcaba el mundo mediterráneo oriental entero. Sin embargo, hacia 1200 a. J.C. este sistema internacional se desplomó por completo, y arrastró consigo a la mayoría de los imperios renombrados de la época. En el año 500 a. J.C. el mayor de estos imperios, Persia, era el dueño indiscutible del mundo de Oriente Próximo.


domingo, 19 de marzo de 2017

Si buscamos la perfección.

Tengo un amigo que vive la mayoría del año en una preciosa casa a orillas del Mediterráneo. Ademas de fortuna familiar,mi amigo tiene todo el tiempo del mundo a su disposición, y nada en absoluto que hacer con el.
El otro día me escribió una larga carta, de esas cartas que tardas casi una semana en escribirla.Entre otras cosas cuenta que está de  los mas aburrido.La
administración de sus bienes (tiene varias fincas y participaciones en algunas importantes empresas) la realiza una persona que ha contratado,escribe.

Le invité a que empezase por encargarse de sus deberes diarios, que en su caso consiste en hacerse cargo y administrar el patrimonio que ha heredado. En la carta de contestación también le ponía una cita del Cardenal Newman: “si buscamos la perfección, debemos realizar bien los deberes diarios. No conozco nada mas difícil, mas aleccionador, mas mortificante que el constante afán por hacer bien el trabajo diario”. 

martes, 4 de octubre de 2016

El clima influye en la historia.

Lawrence Solomon
El clima de la época del imperio romano fue más cálido que el actual. El naturalista y ambientalista canadiense Lawrence Solomon, en un libro interesante “Historia de la temperatura”,afirma que en tiempos de César y Cristo las temperaturas fueron gratamente cálidas, en algunos casos más que en los tiempos recientes. Fue el Periodo Cálido Romano “un tiempo de riquezas y logros, cuando el clima llenaba los graneros y extendía el área cultivada de las viñas y de los olivares”. Hans Peter Holzhauser es uno de los más prestigiosos glaciólogos suizos y ha estudiado con detalle la historia de los glaciares. A través de sus huellas, sobre todo el caso del más caudaloso de Europa, el glaciar de Aletsch, puede afirmar que en el siglo I era un poco más reducido que hoy, de lo que podría inferirse un clima ligeramente más cálido. R. Schmidt, C. Kamenik y M. Roth, analizando vestigios de algas silíceas y pólenes de vegetación arbórea, entienden que en la época romana el clima era ligeramente más cálido que el nuestro.

Es evidente que en el Mediterráneo de la época clásica florecieron dos pueblos extraordinarios, muy similares en cuanto a su enorme influjo en la civilización occidental, pero muy distintos por lo que se refiere a su destino histórico-político, cuenta José Luis Comellas. El griego, que elaboró un primoroso pensamiento capaz de guiar de una vez para siempre nuestra forma de utilizar la lógica y de discurrir, pero incapaz de constituir una gran unidad de poder; y el imperio romano, que los igualó en rigor mental, no tanto en su creatividad intelectual o artística, pero que llegó a constituir un imperio que no tuvo rival por muchos siglos, y que se extendió por todo el espacio mediterráneo de Egipto a Iberia, y por gran parte del continente europeo, tomando como límites naturales el Rin y el Danubio, aunque sobrepasó estas fronteras y conquistó un buen trozo de Gran Bretaña. Todo esto bajo un clima delicioso, que duró en el espacio mediterráneo, más o menos desde el año −500 a +500. Un predominio de mil años sin grandes perturbaciones climáticas es difícil encontrarlo en la historia. Que este paraíso mediterráneo tuviera un papel determinante o cuando menos influyente en el desarrollo de aquella civilización de la cual los hombres y mujeres de Occidente todavía somos deudores es un punto que no podemos dejar de tener en cuenta.
El clima que disfrutaron los romanos (sobre todo entre el siglo I y el III) fue visiblemente más cálido, quizá más cálido incluso que el clima del siglo XX. Y este clima agradable propició la navegación, el bienestar,la vida fecunda en la naturaleza y en la calle, y las relaciones humanas. Hizo del Mediterráneo el espacio más culto y civilizado del mundo en una época que fue decisiva en la historia. La lógica griega, el rigor latino, la profunda espiritualidad cristiana, pondrían las raíces de lo que luego fue Europa.

en tiempos de César y Cristo las temperaturas fueron gratamente cálidas, en algunos casos más que en los tiempos recientes

El clima que disfrutaron los romanos (sobre todo entre el siglo I y el III) fue visiblemente más cálido, quizá más cálido incluso que el clima del siglo XX