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jueves, 6 de febrero de 2025

La primera gran manifestación del pecado humano consiste en desentenderse del prójimo

C.S. Lewis, autor de Las Crónicas de Narnia y las Cartas del Diablo a su Sobrino, aconsejaba leer a los autores clásicos. De hecho, Lewis animaba a leer, después de un libro actual, uno antiguo, un clásico. De este modo, decía Lewis, podemos combatir de algún modo, esta agudizada tendencia a estar ciegos ante los errores de nuestra propia época.Nuccio Ordine, premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023, dice que entre las aberraciones de nuestros días estaría la lenta erosión de la fraternidad humana; la idea de Donne  en su poema y que refleja muy bien la magnífica canción de Paul Simon I am a rock:
Estoy protegido en mi armadura
Escondido en mi habitación a salvo dentro de mi matriz
No toco a nadie y nadie me toca
soy una roca, soy una isla
Y una roca no siente dolor
Y una isla nunca llora
No solo nos sentimos solos y desamparados sino que no queremos ayudar a los que lo están. No queremos ser molestados. Contra tamaña inhumanidad Nuccio Ordine recurre  a autores como Francis Bacon para apuntalar su exhortación a la fraternidad humana. Y es que el filósofo inglés nos recuerda que ayudar a otros seres humanos es, en realidad bondad. “Siendo ésta, de todas las verdades y dignidades del espíritu, la más grande y la característica de la deidad; y sin ella, el hombre resulta un ser atareado, despreciable y miserable, no mejor que cualquier clase gusano. La bondad responde a la virtud teológica del amor, y no admite exceso, sino error”. La primera gran manifestación del pecado humano consiste en desentenderse del prójimo: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” le responde Caín a Dios cuando le pregunta por Abel, al que el mismo Caín acababa de asesinar.

domingo, 3 de diciembre de 2023

Cartas del diablo a su sobrino de Lewis podría ser catalogada como un exponente moderno de la psicología de la tentación

C.S. Lewis publicó semanalmente en un periódico sus famosas Cartas del diablo a su sobrino durante la Segunda Guerra Mundial. La obra nunca ha dejado de editarse y, ya libre de derechos de autor, se mantiene tan viva y provocativa como entonces. Es un clásico."Esta obra de Lewis podría ser catalogada como un exponente moderno de la psicología de la tentación", escribe el obispo Jose Ignacio Munilla. "Demostró ser un verdadero conocedor del espíritu humano, al tiempo que un cristiano experimentado en hacer frente a las tentaciones del maligno”. "En estas cartas encontramos un recurso muy valioso para desenmascarar las estrategias de engaño del diablo; alguien dijo que una tentación desenmascarada es una tentación medio vencida", escribe Munilla. El hilo conductor de las cartas es un diablo veterano llamado Escrutopo que escribe cartas a su sobrino, diablo novato, explicándole cómo debe tentar a su paciente, el humano que se le ha encomendado hundir en el pecado.

C.S. Lewis


El diablo Escrutopo ya señala la eficacia de las técnicas que hoy llamamos posmodernidad:"tu hombre se ha acostumbrado desde que era un muchacho a tener dentro de su cabeza, bailoteando juntas, una docena de filosofías incompatibles; ya no piensa si las doctrinas son ciertas o falsas, sino académicas o prácticas, superadas o actuales, convencionales o implacables. La jerga, no la argumentación, es el mejor aliado en la labor de mantenerle apartado de la iglesia".La tarea del diablo, insiste el veterano tentador, es complicar las cosas, evitar lo concreto, hacer que todo sea evanescente y teórico, sueños, planes, recuerdos tergiversados y fantasías, y mantener al hombre lejos del bien concreto del día a día. En la carta XXII, conocemos que el humano en cuestión se enamora de una chica cristiana de verdad. "Vaya cristiana", escribe el diablo muy molesto; "una señorita vil, escurridiza, boba, recatada, lacónica, ratonil, acuosa, insignificante, virginal, prosaica”. Peor aún, "parece una mosquita muerta y sin embargo tiene ingenio satírico. El tipo de criatura que me encontraría divertido ¡a mí!", se indigna. A continuación, el demonio enumera enfadado un montón de cosas buenas y agradables que Dios ha creado y que no son pecado en sí, “dormir, lavarse, comer, beber, hacer el amor, jugar, rezar, trabajar... todo ha de ser retorcido para que nos sirva de algo a nosotros, los demonios”. Munilla comenta: "todas las cosas naturales de la vida, bien hechas, conllevan placer; Dios les ha concedido un placer, y el demonio no tiene otra estrategia que intentar retorcerlo, para llevarlo a su terreno”.