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Circuito Cerrado de Televisión |
Una alternativa oportuna parece encontrarse en la intensificación de los temores ante la amenaza a la seguridad personal, que representan los conspiradores terroristas igualmente flotantes, seguida luego de la promesa de más guardias de seguridad, de una red más tupida de máquinas de rayos X y circuitos cerrados de televisión de mayor alcance, controles más frecuentes y más ataques preventivos y arrestos cautelares con el fin de proteger dicha seguridad.

Al menos una vez por semana, las fuerzas de seguridad del estado advierten a los ciudadanos de inminentes atentados contra su seguridad, arrojándolos a un estado de permanente alerta de seguridad y manteniéndolos en dicho estado, poniendo firmemente la seguridad individual en el centro de las tensiones más variadas y difusas, mientras los gobiernos no dejan de recordar a sus electores que “bastaría un frasco, una lata, un cajón introducidos en este país para traer un día de horror como jamás hemos conocido”. La nueva exigencia popular de un fuerte poder estatal, capaz de resucitar las marchitas esperanzas de protección contra un confinamiento en la basura, se construye sobre la base de la vulnerabilidad y la seguridad personales, en lugar de la precariedad y la protección sociales.
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