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jueves, 16 de diciembre de 2021

El motín de los Gatos

Motín de los gatos

Uno de los obstáculos más graves para que se materializasen los proyectos en España de Luis XIV (1643-1715), llamado “el Rey Sol” era la postura antifrancesa de quien estaba al frente del influyente Consejo de Castilla, el conde de Oropesa, que ejercía sus funciones desde 1696 y era un declarado partidario de una sucesión austriaca. Los proborbónicos, cada vez más numerosos, urdieron una trama para provocar su caída, a pesar de que se trataba de un gobernante competente, que en una etapa anterior de gobierno había logrado la necesaria estabilidad monetaria, imprescindible para una recuperación económica, después de las alteraciones vividas durante el reinado de Felipe IV. Le atacaron por su flanco más débil, la ambición desmedida de su esposa, que no había vacilado en participar en turbios negocios que le habían rendido pingües beneficios, a costa de maniobras especulativas. La condesa de Oropesa había acaparado grandes cantidades de trigo, aceite y otros artículos de primera necesidad para beneficiarse, sin el menor escrúpulo, vendiéndolos a precios muy elevados en los momentos de carestía. El cardenal Portocarrero, presidente del Consejo de Estado, y el corregidor de Madrid, el popular don Francisco Ronquillo, aprovecharon una crisis de escasez con el consiguiente encarecimiento del precio del trigo para acusarla de lucrarse con el hambre del pueblo y promover un motín contra Oropesa. Fue el llamado motín de los Gatos, que tuvo como resultado el destierro de Oropesa de la corte.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Dar al-Islam y la Dar al-Harb,



Pronto surgió en el islam el conflicto entre el principio moral de hacer la guerra y el de llevarla a la práctica. “Mahoma, dice el historiador británico John Keegan, a diferencia de Cristo, era partidario de la violencia; llevaba armas, fue herido en una batalla y predicaba la guerra santa, la yihad, contra quienes desafiaban la voluntad de Dios que le había sido revelada. Sus sucesores consideraban que el mundo se dividía en la Dar al-Islam, la Casa de la Sumisión a las enseñanzas de Mahoma recogidas en el Corán; y la Dar al-Harb, la Casa de la Guerra, que eran las partes que faltaban por conquistar. Las primeras conquistas árabes del siglo VII ampliaron las fronteras de la Dar al-Islam a través de grandes oleadas, de manera que en el año 700 todo lo que hoy es Arabia, Siria, Irak, Egipto y el norte de África estaba en su poder. A partir de entonces, el proceso de la yihad fue más difícil y problemático; los primitivos conquistadores árabes eran poco numerosos e insuficientes para mantener la intensidad del ritmo original de conquista, y en la victoria se mostraron también proclives a la debilidad del común de los mortales, disfrutando del triunfo en paz pero dispuestos a disputarse la sucesión de la jefatura. La jefatura la encarnaba un califa o sucesor de Mahoma, y los primeros califas crearon un medio para satisfacer las reivindicaciones de los excombatientes, que deseaban vivir cómodamente sin guerra, el diwan que era una pensión para los guerreros árabes, financiada con los frutos de la conquista”.


El islam prohibe que un musulmán combata contra otro musulmán. La guerra para los musulmanes solo puede ser la yihad, la guerra santa contra quienes no se someten a la fe revelada, pues la guerra entre los que se han sometido es sacrilegio.