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martes, 11 de marzo de 2025

La idea de progreso es la idea atea por excelencia

Simone Weil
Charles Péguy afirma que “la religión del progreso es, con mucho, la mayor herejía moderna e irreligión”. Y solo unas décadas más tarde, Simone Weil afirma que la idea de progreso es “la idea atea por excelencia”.
Cuando Plutarco afirma que “es cosa más fácil fundar una ciudad en el aire que constituir una ciudad sin la creencia de los dioses”, pone voz a la sabiduría de la humanidad de todos los tiempos. En cambio, cuando el progresismo sostiene que una sociedad no requiere en absoluto de un sentido religioso para su conservación y que el progreso de la humanidad consiste en liberarse de los viejos vínculos religiosos recibidos del pasado, habla exclusivamente por una parte pequeña de esa humanidad y de tiempos recientísimos. 


domingo, 29 de septiembre de 2024

La orientación atea de una vida es casi siempre una elección de la voluntad

“La orientación atea de una vida es casi siempre una elección de la voluntad. El hombre ya no quiere reflexionar sobre su relación con Dios porque pretende convertirse él mismo en Dios. A Dios se le considera como alguien que pone obstáculos a nuestra libertad dictando leyes; Dios se convierte en el enemigo de la autonomía y la libertad. Llevado por el deseo de ser totalmente libre, el hombre rechaza lo que considera una coacción y acaba repudiando cualquier forma de dependencia de Dios. Descarta la autoridad de Dios, quien, sin embargo, nos ha creado libres para que, mediante un ejercicio razonado de nuestra libertad, podamos superar nuestros impulsos descontrolados y dominar cuanto hay en nosotros de instintivo, asumiendo plenamente la responsabilidad de nuestra existencia y nuestro desarrollo.”
“El hombre pretende dominar la naturaleza y conquistar su independencia. La técnica le proporciona la sensación de ser el amo del mundo y se convierte así en el único regente de un espacio sin Dios”, escribe Robert Sarah.

martes, 2 de enero de 2024

El rechazo de Dios ha llegado hasta la declaración de su muerte


El análisis del pecado en su dimensión originaria indica que, por parte del “padre de la mentira” se dará a lo largo de la historia de la humanidad una constante presión al rechazo de Dios por parte del hombre, hasta llegar al odio: “Amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios” como se expresa San Agustín (cfr De civitate Dei 14,28). El hombre será propenso a ver en Dios ante todo una propia limitación, y no la fuente de su liberación y la plenitud del bien. Esto lo vemos confirmado en nuestros días, en los que las ideologías ateas intentan desarraigar la religión basándose en el presupuesto de que determina la radical “alienación” del hombre, como si el hombre fuera expropiado de su humanidad cuando, al aceptar la idea de Dios, le atribuye lo que pertenece al hombre y exclusivamente al hombre. Surge de aquí una forma de pensamiento y una praxis histórico–sociológica donde el rechazo de Dios ha llegado hasta la declaración de su “muerte”. Esto es un absurdo conceptual y verbal (S. Juan Pablo II, Dominum et Vivificantem, n. 38).