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jueves, 17 de julio de 2025

Toda vida es social, pero no son las sociedades las que viven

El filósofo André Comte-Sponville ( Paris, 12 de marzo de 1952) escribe que “lo que vives con tu mejor amigo, lo vives solo, él vive otra cosa.¿Cómo vivir lo que el otro vive? ¿Cómo sentir lo que el otro siente o experimentar lo que el otro experimenta? Eso no es óbice para amarse, ni para estar juntos, pero sirve de disuasión al sueño de un amor que pondría fin (¿mediante qué milagro?) a la separación o a la soledad. Hay que ser dos para amarse, al menos dos, y ni siquiera el amor sería capaz de eliminar esta pluralidad que él mismo supone. Esto vale para cualquier ámbito de la existencia. La soledad y la sociabilidad no son dos mundos diferentes, sino dos relaciones diferentes con el mundo, por lo demás, ambas necesarias, y que constituyen juntas esos sujetos que somos o que creemos ser. La soledad, una vez más, no está al lado de la sociedad, sino en ella. Pero no por eso deja de ser soledad, toda vida es social, pero no son las sociedades las que viven.” 

domingo, 19 de marzo de 2023

El individuo que es capaz de convertirse en prójimo es un adulto digno de sentarse en la asamblea de los humanos

El escritor y músico Pierangelo Sequeri escribe que el individuo que es capaz de convertirse en prójimo es un adulto digno de sentarse en la asamblea de los humanos; el que solo es capaz de amarse a sí mismo, todavía no. El paso contiene naturalmente su momento de esfuerzo, que somete a la prueba del punto de ruptura con el encantamiento narcisista en el que venimos al mundo, es el deber universal de la iniciación (formación, educación), que es ante todo iniciación a lo humano.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Los hijos no son propiedad de los padres; los esposos no son propiedad uno del otro, pero se pertenecen.

esposos
Algunos padres se involucran en la vida de sus hijos como si estos fuesen propiedad y activo de su patrimonio. Algunos hombres o mujeres consideran que su cónyuge les pertenece como propietarios registrados en el registro de la propiedad. Ninguna persona pertenece a otra del mismo modo que le puede pertenecer un objeto. Los hijos no son propiedad de los padres; los esposos no son propiedad uno del otro. Pero se pertenecen de un modo mucho más profundo de lo que pueda pertenecer a uno, por ejemplo, un trozo de madera, un terreno o cualquier otra cosa llamada propiedad.


El Papa Benedicto XVI diría que los hijos pertenecen a los padres y son a la vez criaturas libres de Dios, cada uno con su vocación, con su novedad y su singularidad ante Dios. No se pertenecen como una posesión, sino en la responsabilidad. Se pertenecen precisamente por el hecho de que aceptan la libertad del otro y se sostienen el uno al otro en el conocerse y amarse; son libres y al mismo tiempo una sola cosa para siempre en esta comunión.

los hijos pertenecen a los padres y son a la vez criaturas libres