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miércoles, 29 de abril de 2026

El gobierno representativo es una forma de gobierno esencialmente diferente a la democracia

Emmanuel-Joseph Sieyès
Emmanuel-Joseph Sieyès recalca la “enorme diferencia” entre democracia, en la que son los propios ciudadanos quienes hacen las leyes, y el sistema representativo de gobierno, en el que confían el ejercicio del poder a representantes electos. Para Siéyès la superioridad del sistema representativo no estriba tanto en el hecho de que produzca decisiones menos parciales y menos apasionadas, sino en que constituye la forma de gobierno más apropiada para las condiciones de las “sociedades comerciales” modernas, en las que los individuos se ocupan ante todo de la producción y el intercambio económico. En ese tipo de sociedades, indica Siéyès, los ciudadanos ya no gozan de tanto tiempo libre como requiere el prestar constante atención a los asuntos públicos y deben, por tanto, emplear la elección para confiar el gobierno a quienes puedan dedicar todo su tiempo a esa tarea.
Para Siéyès igual que para James Madison, el gobierno representativo no es un tipo de democracia; es una forma de gobierno esencialmente diferente y, además, preferible.

viernes, 8 de noviembre de 2024

La frustración de las élites progresistas frente al desaire de las urnas

Alejo Schapire (Buenos Aires, 1973), periodista especializado en cultura y política exterior, escribe en La traición progresista que en su día “el sorpresivo triunfo de Trump fue precedido por la victoria, tampoco anticipada, del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Una vez más, los medios conducidos y localizados en los centros urbanos que se habían beneficiado con la globalización se veían sorprendidos por una opinión de la periferia recelosa del mundo sin fronteras que le proponían, infrarrepresentada en la prensa. “No conozco a nadie que haya votado por el Brexit”, decían sorprendidos los periodistas londinenses. Por la misma época, la falsa representación de la unanimidad era desmentida en Colombia, con la victoria del No en el referéndum sobre los acuerdos de paz del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). No importa, hagamos como si no se hubiesen pronunciado, se dijo el entonces presidente Juan Manuel Santos, y lo firmó igual. El resultado fue que le siguió una campaña presidencial donde la frustración por el mandato de las urnas traicionado se volcó al candidato de la derecha dura uribista encarnada por Iván Duque, que había prometido modificar el acuerdo firmado a espaldas de la voluntad popular.” 
“La frustración de las élites progresistas frente al desaire de las urnas no produjo un autoexamen sincero del modo de producción de la información, sino que está conduciendo a un cuestionamiento mismo del sistema representativo. Si el pueblo vota “mal”, incluso cuando se le explica cómo votar “bien”, tal vez habría que restringir el sufragio sólo a los que piensan adecuadamente. Si votaron a favor del Brexit, no sabían lo que hacían los muy tontos, hagamos que voten de nuevo hasta que lo hagan bien, o si no, digamos que hacemos el Brexit sin que este en realidad se materialice.”