Carlo Bordoni que “en la Revolución Industrial, la presencia del capital estaba simbolizada por las chimeneas que llenaban de humo el cielo de las zonas mineras; en el siglo XIX, lo estaba por las masas obreras que salían de las fábricas al terminar su turno de trabajo; en el siglo XX, por los rascacielos de los grandes holdings empresariales estadounidenses. La fábrica es un espacio físico en el que se establece esa continuidad de intereses y condiciones existenciales que favorece la formación de la conciencia de clase. Sin embargo, la desmaterialización del capital (o, lo que es lo mismo, su transformación, o licuefacción, en productos financieros que, por su propia naturaleza, pueden transferirse de un punto a otro del planeta y pueden ser invertidos en activos diversificados) rompe con esa tradición y permite que el capital se emancipe de la política. El capital queda así liberado de las restricciones de la tradición social que el Estado había conseguido imponerle. Esta licuefacción del capital, que tiene su inevitable equivalente en la sociedad líquida, limita gravemente la posibilidad de esa intervención del Estado en la economía que, durante la primera mitad del siglo XX y, en especial, tras la grave crisis de 1929, había sustentado el sueño de una alianza firme y decidida entre capitalismo y democracia. Entre las razones para la licuefacción del capital, encontramos la desmaterialización del trabajo; en concreto, el desmantelamiento gradual de la industria pesada, la posindustrialización de la tercera Revolución Industrial (que ha vuelto obsoletas las grandes fábricas que empleaban grandes cantidades de mano de obra), el crecimiento exponencial de los servicios y de la automatización de los procesos de producción, y la miniaturización y las nuevas tecnologías. Este proceso, que se inició en la década de 1970 y que evolucionó a lo largo de los treinta años siguientes, ha liberado el capital del compromiso al que estaba supeditado, lo ha liberado también de las inversiones a largo plazo y, por así decirlo, lo ha privado de toda finalidad definida”.
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miércoles, 28 de mayo de 2025
Licuefacción del capital
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miércoles, 31 de enero de 2024
El papel de las empresas
A partir de principios del siglo XX la producción deja de ser la única preocupación de las sociedades. El crecimiento de las empresas había sido tal que, por primera vez en la historia, se plasma la necesidad de diferenciar entre las figuras del empresario y la de los dueños del capital. En este contexto, la empresa deja de ser exclusivamente una unidad de producción para convertirse en una unidad financiera y de decisión. El capital financiero surge de la necesidad de encontrar nuevas fuentes de financiación, ya que las empresas necesitaban un mayor volumen de capital para incorporar las innovaciones tecnológicas y para lograr la concentración del mercado en manos de grandes cárteles, trusts y holdings empresariales. Las necesidades de capital trajeron consigo el desarrollo del crédito bancario. Además, para conseguir los grandes capitales que las empresas necesitaban para poder ser viables, las personas se agrupaban, naciendo las Sociedades Anónimas.
En la actualidad, el papel de las empresas se ha vuelto mucho más complejo debido a fenómenos como la globalización o al avance incesante de las nuevas tecnologías de la información y del conocimiento. En la empresa de hoy en día, y principalmente en las de gran tamaño, las figuras del empresario y del dueño del capital están claramente definidas. La empresa actual integra un conjunto de factores de producción (recursos naturales, personas y capital), que han de ser organizados por el empresario y dirigidos para la obtención de unos objetivos empresariales, como asegurarse la obtención de un beneficio, pero sin olvidar su responsabilidad social con el entorno que la rodea y condiciona su actividad. se ha vuelto mucho más complejo debido a fenómenos como la globalización o al avance incesante de las nuevas tecnologías de la información y del conocimiento.
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lunes, 8 de noviembre de 2021
Finver Inversiones 2020
| Carlos Slim |
A partir de una compañía de inversiones relativamente pequeña, Carlos Slim acabó asumiendo el control del sistema de telecomunicaciones que acababa de ser privatizado en México y rápidamente lo transformó en un imperio empresarial que no sólo controla una buena parte de la economía mexicana, sino que también cuenta con crecientes intereses en el mercado minorista estadounidense (Circuit City y Barnes and Noble) así como en toda América Latina y España a través de Finver Inversiones 2020 que tiene como objetivo "realizar actividades de holding, hacer paraguas a sus participadas en España y a sus nuevas inversiones”.
Finver Inversiones 2020 servirá a Carlos Slim para controlar el imperio valorado en 4.000 millones que ha generado en España en los últimos años. Slim controla el 74,1% de FCC y el 73,3% de Realia y cuenta con participaciones en Prisa, Metrovacesa y Quabit. Además es, con un 64%, el accionista mayoritario del equipo de fútbol de Oviedo.
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