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lunes, 6 de noviembre de 2023

Las imágenes del mundo están ahí y funcionan como si fueran cambios de aguja

Max Weber sugirió que son los intereses y los hechos los que empujan los trenes en la historia, pero las “imágenes del mundo”, que son producidas por las ideas, están ahí y funcionan como si fueran cambios de aguja, esos cruces que hacen que el convoy vaya finalmente a uno u otro lado.


jueves, 27 de enero de 2022

Con el calvinismo se acepta la usura

Con el calvinismo se acepta la usura, prohibida previamente por católicos y protestantes. Se acepta que el dinero produzca dinero, lo que abrirá la vía a la especulación sin freno. Fue Max Weber, con su estudio sobre La ética protestante y el espíritu del capitalismo, quien desveló ese ascetismo típico del calvinismo que dio impulso al capitalismo. En continuidad con el abandono de la vida contemplativa como forma de vida superior, que había propiciado Lutero,dice la filósofa Victoria Camps, el calvinismo se agarra a un sentido de la vocación o llamada divina, vocación no religiosa, sino profesional, que hace que cada hombre esté llamado a desempeñar una tarea en este mundo, actuando así como ejecutor de la obra de Dios. De esta forma, el logro y la búsqueda de beneficios materiales adquieren una legitimación sobrenatural.

lunes, 2 de septiembre de 2019

El obstruccionismo y la parálisis son rasgos cada vez más habituales en el sistema político

Max Weber.
La esencia de la política es el poder; la esencia del poder es la política. Y desde la Antigüedad, el camino tradicional hacia el poder ha sido la dedicación a la política. El poder es a los políticos lo que la luz del sol es a las plantas, tienden naturalmente a buscarlo. Lo que hacen los políticos con el poder varía; pero la aspiración a poseerlo es el rasgo fundamental que tienen en común. Max Weber dijo que “el que se dedica a la política lucha por el poder, bien como medio para lograr otros fines, ideales o egoístas, o bien para alcanzar el poder por el poder, es decir, para disfrutar del sentimiento de prestigio que el poder confiere”.



Los políticos que ganan elecciones descubren rápidamente las enormes limitaciones que tienen para convertir los votos en poder para tomar decisiones. La política, dice Moisés Naím, siempre ha sido el arte del compromiso, pero ahora parece haberse convertido en el arte de impedir que se logren acuerdos. El obstruccionismo y la parálisis son rasgos cada vez más habituales en el sistema político, en todos los niveles de toma de decisiones, en todas las áreas del gobierno y en la mayoría de los países. Las coaliciones fracasan, las elecciones se celebran con más frecuencia y los mandatos que otorgan los votantes a quienes las ganan son más escurridizos. La descentralización y el traspaso de competencias de los gobiernos centrales a regiones, alcaldías y otros organismos locales están creando en muchos países una nueva realidad política que refleja que las decisiones se toman más en el ámbito local que por el gobierno nacional. Y de estos ayuntamientos, asambleas y gobiernos regionales más fuertes surgen nuevos políticos y funcionarios electos o designados que se destacan y erosionan el poder de los máximos responsables políticos asentados en las capitales nacionales. Incluso el poder judicial se suma a esta tendencia. A escala mundial se observa un nuevo activismo judicial que lleva a cortes, jueces y magistrados a intervenir en conflictos políticos que en el pasado eran de la sola incumbencia del poder legislativo o del ejecutivo.