El viejo consejo “deja que tu conciencia sea tu guía”, ha dado paso al “sigue ese impulso. Si sientes que tienes que hacer algo, hazlo. No te dejes martirizar por los dictados de la razón”. Eso afirma la filosofía por la que guían su conducta muchos de nuestros contemporáneos. Algo que pone de manifiesto este hecho es la creciente frecuencia con que se hacen y deshacen los matrimonios. Ignorando toda responsabilidad, también toda responsabilidad hacia los hijos, hombres y mujeres van, a través del juzgado, de idilio en idilio.
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viernes, 6 de marzo de 2020
Ignorando toda responsabilidad
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lunes, 24 de junio de 2019
Hitler, Mussolini y Chávez siguieron rutas hasta el poder que comparten similitudes asombrosas
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| Chavez en 1993 |
En 1993, Chávez afrontaba un grave problema, se hallaba encarcelado a la espera de juicio por traición. Entonces, en 1994, el presidente Caldera retiró todos los cargos en su contra. El acto final de Caldera para impulsar a Chávez consistió en abrirle las puertas de la cárcel. Justo después de su liberación, un periodista preguntó a Chávez adónde se dirigía. “Al poder”, respondió él. La liberación de Chávez fue un gesto popular que respondía a una promesa electoral de Caldera. Como la mayoría de las personas que integraban la élite venezolana, Caldera consideraba a Chávez una moda pasajera. Pero, al retirar todos los cargos contra él, en lugar de permitir que Chávez fuera juzgado y luego indultarlo, Caldera lo elevó y transformó al antiguo golpista en un candidato presidencial viable. El 6 de diciembre de 1998, Chávez ganó las elecciones presidenciales. El día de la toma de posesión, Caldera, el presidente saliente, no fue capaz de tomarle el juramento al cargo, tal como dictaba la tradición. En lugar de ello, permaneció taciturno a un lado. Cuenta Steven Levitsky que a pesar de las inmensas diferencias entre ellos, Hitler, Mussolini y Chávez siguieron rutas hasta el poder que comparten similitudes asombrosas. Además de ser en los tres casos desconocidos capaces de captar la atención pública, todos ellos ascendieron al poder porque políticos de la clase dirigente pasaron por alto las señales de advertencia y o bien les entregaron el poder directamente (Hitler y Mussolini) o bien les abrieron las puertas para alcanzarlo (Chávez).
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| Rafael Caldera. |
Años después de la victoria presidencial de Chávez, Rafael Caldera habló de sus errores: “Nadie imaginaba que el señor Chávez tuviera ni la posibilidad más remota de convertirse en presidente”. Y tan sólo un día después de que Hitler fuera proclamado canciller, un destacado conservador que lo había aupado a tal puesto admitió: “Acabo de cometer la mayor estupidez de mi vida: me he aliado con el mayor demagogo de la historia mundial”.
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viernes, 18 de agosto de 2017
Cuando la “república" fusiló a anarquistas y miembros del POUM.
Cuando los periodistas hablan de las personas muertas y arrojadas a las cunetas en la guerra civil, casi siempre se olvidan del hecho que dentro de la llamada “guerra civil oficial” había otra guerra civil dentro de la zona republicana.
George Orwell cuenta en su libro “Homenaje a Cataluña” que “las cárceles estaban abarrotadas de personas detenidas, y había más presos, por supuesto, siempre anarquistas y miembros del POUM, que continuaban desapareciendo en ellas solos o acompañados. Por lo que se pudo averiguar, ningún preso fue nunca acusado o juzgado, ni siquiera acusado de algo tan definido como trotskismo. Simplemente se arrojaba a un hombre a la cárcel y allí se le mantenía, por lo común, incomunicado. Los “estalinistas” tenían la sartén por el mango y, por lo tanto, se daba por descontado que todo “trotskista” estaba en peligro.
El POUM fue disuelto. Sus edificios fueron confiscados,y prácticamente todo el mundo fue a la cárcel, y fusilaron a gente, dice Orwell. Las noticias sobre arrestos prosiguieron sin cesar a lo largo de meses, hasta que el número de prisioneros políticos, sin contar a los fascistas, llegó a varios miles. Una de las cosas a destacar es la autonomía de los cargos policiales inferiores. Muchos de los arrestos eran abiertamente ilegales, y diversas personas cuya liberación fue dispuesta por el jefe de policía, se vieron arrestadas otra
vez en los portones de la cárcel y llevadas a “prisiones secretas”. La policía, por lo menos al principio, parecía por completo indiferente al efecto que sus acciones pudieran tener sobre la guerra. Estaban dispuestos a encarcelar a militares con cargos de importancia sin obtener permiso por anticipado.
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