Mostrando entradas con la etiqueta japoneses. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta japoneses. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de octubre de 2021

La extremada violencia del soldado japonés durante la Segunda Guerra Mundial


Cuenta el historiador británico Michael Burleigh que “los soldados campesinos japoneses eran, a su vez, tan rutinariamente maltratados por sus oficiales y mandos inmediatos, que esta extremada violencia posiblemente les sirviera para desahogar la frustración acumulada. Además, no era lógico que una sociedad que trataba a las mujeres como ciudadanos de tercera fila fuera a guardar ninguna consideración hacia otras mujeres de razas inferiores, que tan solo estaban ahí para ser violadas, especialmente si los japoneses estaban bebidos, como solía suceder a menudo. En una sola noche, aproximadamente mil mujeres, de todas las edades, fueron violadas en grupo por pandillas de soldados japoneses y, a continuación, asesinadas sin más reparo que el que se tiene cuando se trata de sacrificar ganado. Esta práctica solo cesó con la importación masiva de prostitutas (comfort women), principalmente desde Corea. Las estadísticas chinas y japonesas sitúan la cifra de víctimas de esta masacre entre doscientas y trescientas mil, aunque una estimación más reciente apunta a cien mil o menos. Los diplomáticos japoneses protestaron ante Tokio, preocupados por la condena internacional que la masacre había provocado, e incluso Alemania expresó su preocupación por la barbarie huna que el peligro amarillo había desencadenado. Pero las órdenes del ministerio de Guerra y del comandante en jefe, el general Iwane Mutsui, no causaron la más mínima impresión entre los mandos medios e inferiores de Nanking. Ignominiosamente, Mutsui y ochenta oficiales suyos fueron transferidos de nuevo a Tokio por haber tratado de detener el genocidio”.

jueves, 26 de agosto de 2021

El desastre del 98


Derrotados, famélicos, desarrapados y en muchos casos enfermos regresaban los soldados que habían participado en la Guerra de Cuba 

Hablando de la guerra de Cuba, siendo realistas no se podía pedir a España que venciera a un coloso; en 1898 los Estados Unidos tenían cuatro veces más habitantes que España y triple renta per capita; la relación era de 1 a 12. Esto no lo sabía el público. El gobierno sí. Pero la derrota estuvo también marcada por el signo de la improvisación y la incompetencia; la orden al almirante Cervera de salir del puerto de Santiago de Cuba fue tan absurda como la forma de salir los buques: uno a uno, ofreciendo fácil blanco a un enemigo muy superior. Para los que no se dejaban engañar por irresponsables campañas de prensa, el resultado de las hostilidades estaba previsto, lo que sorprendió fue la rapidez y magnitud del desastre, y también la dureza de las condiciones de paz, pues, a más del abandono de Cuba, los negociadores norteamericanos exigieron la entrega de Puerto Rico, donde no se habían registrado alteraciones, y de Filipinas, donde sí había una guerrilla de carácter independentista. Parece que en la exigencia de Filipinas influyó el gobierno inglés, que temía que aquel archipiélago cayera en poder de los japoneses. Tal fue, en muy resumidas cuentas, el desastre del 98 que tanta tinta haría correr.

sábado, 18 de mayo de 2019

¿Fue moral lanzar las dos bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial?


Sigue existiendo una intensa controversia en torno a la moralidad de lanzar las dos bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial. “Sin embargo, dice el historiador militar estadounidense Victor Davis Hanson, nos olvidamos de que la decisión del presidente Truman se basó en buena parte en el deseo de evitar la pesadilla que los marines acababan de soportar en Peleliu y Okinawa. Si los estadounidenses de hoy en día, que disfrutan de una paz duradera, se plantean si nuestros abuelos se precipitaron al decidir recurrir a armas atómicas, olvidan que muchos
veteranos del Pacífico se preguntaron por qué tuvieron que pasar por una conquista de Okinawa cuando la prueba positiva en Alamogordo*, Nuevo México, el 16 de julio se produjo unos días después de que la isla se declarara segura. Sin duda, la carnicería de Okinawa se podría haber retrasado hasta finales de verano para permitir que la existencia de tales armas convenciera a los japoneses de que era inútil prolongar la guerra”.



*La bomba atómica fue probada el 16 de julio de 1945 en el desierto para ensayos cerca de Alamogordo (estado Nuevo México). La bomba utilizaba plutonio como material fisionable, igual que la lanzada más tarde sobre Nagasaki.

martes, 28 de noviembre de 2017

La Segunda Guerra Mundial se ganó mediante el uso inteligente de una fuerza superior.

Lancaster
Cuenta el historiador británico Paul Kennedy que durante la Segunda Guerra Mundial dotar a la RAF de varios miles de Lancaster tenía poco sentido (como se quejó el primer ministro británico en septiembre de 1941) si el Mando de Bombardeo no era capaz de localizar sus objetivos. Construir miles de barcos mercantes no servía para ganar la guerra si no se encontraba la forma de derrotar a las grandes flotillas de submarinos de Dönitz en medio del Atlántico. Quintuplicar el tamaño del Cuerpo de Marines estadounidense servía de poco si no se podía encontrar un modo de desembarcar y avanzar en playas en poder del enemigo. Diez mil tanques T-34 eran simplemente un enorme montón de acero y cables hasta que alguien determinara cómo abastecerlos de gasolina, aceite y municiones. Uno se siente tentado de modificar la frase de Churchill para sugerir que la Segunda Guerra Mundial se ganó mediante el uso inteligente de una fuerza superior.

T-34
En este conflicto de grandes dimensiones, la distancia fue un elemento letal, o un factor decisivo de la victoria. Los sistemas bélicos de los aliados mejoraron drásticamente cuando estos empezaron a tomar plenamente en consideración este hecho. En consecuencia, uno no deja de sorprenderse ante la incapacidad de las potencias del Eje para ver la Segunda Guerra Mundial como un gigantesco tablero de ajedrez geopolítico, y, en consecuencia, para apreciar la importancia estratégica de un pequeño número de enclaves (bases) cruciales que otorgaban a su poseedor una desproporcionada ventaja operativa. El hecho de que el Cuartel General Imperial de Tokio pareciera renunciar a intentar tomar Hawái tras la batalla de Midway, cuando las fuerzas estadounidenses en el Pacífico eran todavía relativamente débiles, resulta asombroso.

El hecho de que Hitler no se hiciera con Gibraltar o, al menos, no persuadiera a Franco de que lo neutralizara,dice Paul Kennedy, fue otra importante deficiencia, explicada quizá por su obsesión con la ofensiva oriental. Y también lo fue la incapacidad germano-italiana de destruir las bases aéreas y navales británicas en Malta. De haberse bloqueado las Columnas de Hércules, con Argelia en manos de la
26 de Febrero de 1935 Hitler organiza la Luftwaffe
colaboracionista Vichy y Malta transformada en una gigantesca base de la Luftwaffe, ¿cuánto tiempo habría pasado antes de que cayera el propio Egipto? En conjunto, el Eje malgastó sus enormes ventajas iniciales avanzando en escenarios secundarios (los Balcanes, Birmania, el sur de China) y prestando mucha menos atención a los objetivos realmente cruciales. La estrategia de Hitler en el frente oriental posiblemente sea el ejemplo más notorio de todos. Avanzar al mismo tiempo hacia Leningrado, en el norte, Moscú, en el centro, y Stalingrado, el Donets y el Cáucaso, en el sur, era militarmente absurdo.

Isoroku Yamamoto
Los líderes concretos, o los altos mandos concretos, revelaron diferencias de estilo muy marcadas. En eso los japoneses se llevaron la peor parte. Con un líder divinizado al que se mantenía al margen de la toma de decisiones estratégicas serias y la autoridad delegada en el ejército y la marina, estos dos cuerpos (una vez que Yamamoto fue defenestrado en abril de 1943) exhibirían una rigidez y una solidaridad clánica que de ningún modo podían hacer frente a los imaginativos contraataques estadounidenses que se desarrollaban en el Pacífico. Hitler y Stalin eran, como han señalado muchos historiadores, muy similares en su obsesión por el control, con la diferencia crucial de que el líder soviético empezó a relajar su férreo control en cuanto comprendió que contaba con un equipo de generales de primera categoría trabajando para él, mientras que Hitler se fue volviendo cada vez más megalómano y paranoico, dejando muy poco margen de maniobra operativa a sus experimentados generales en campaña.

domingo, 14 de mayo de 2017

Cuando las japonesas descubrieron que los hombres no eran ni indestructibles ni insustituibles.

Una geisha japonesa muestra su traje tradicional. 
Estalló la Segunda Guerra Mundial, y, al igual que en Inglaterra y Alemania, en Japón se lanzó el slogan: “Si el sitio de los hombres está en el frente, el de las mujeres está en las fábricas”. Por tanto se reclutaron las mansas esposas que jamás habían salido de casa sin la compañía del marido, se les enseñó a fabricar municiones y capotes militares, y hasta las geishas se vieron obligadas a dejar sus alcobas atiborradas de perfumes y afeites para servir de forma más práctica al país, cuenta Oriana Fallaci. Bajo las bombas de las fortalezas volantes, y finalmente en el apocalíptico terror de Hiroshima, estas mujeres hicieron la misma guerra que los hombres. Y cuando ellos volvieron a casa derrotados, humillados, rotos de cuerpo y de alma, por primera vez en milenios estas mujeres descubrieron que sus hombres no eran ni indestructibles ni insustituibles. Muchos no volvieron. En su lugar desembarcaron otros hombres, altísimos y rubios, que mascaban chicle y escupían altivos al rostro del vencido; pero que ante las mujeres se comportaban tímidamente, porque procedían de un país donde desde hacía más de un siglo eran ellas las verdaderas dueñas y señoras de sus destinos. Estos hombres altísimos y rubios eran los mismos a quienes los japoneses, pequeños y morenos, habían creído poder destruir como hormigas.
Mac Arthur
Nadie puede imaginarse lo que entonces sucedió en los turbados cerebros de las mujeres en quimono. Pero es indudable que el general Mac Arthur halló terreno abonado para humillar a los hombres de un país vencido. Ya los había humillado antes con la derrota. Ahora los abatía con una revolución social que imponía desconocidas ventajas a las mujeres, y con la altiva demostración de cuán ridículo era seguir creyendo en ciertos tabúes.
El general McArthur y el emperador Hirohito
Mac Arthur obligó al emperador Hirohito a pronunciar un discurso en el que admitía que el concepto de su divinidad era una equivocación. Es muy cierto que el procónsul de la democracia cometía la incalificable grosería de recibir al hombre pequeño y gris en su habitación del Dai Ichi Hotel; pero entretanto proclamaba una nueva constitución cuyo artículo 24 establecía que el matrimonio debía tener el mismo significado para hombres y mujeres, que las mujeres podían divorciarse lo mismo que los hombres, y que una muchacha era dueña de sus propios destinos sin esperar a los treinta años. En ese mismo año de 1946 fueron elegidas veintiséis mujeres al Parlamento japonés, y trescientas sesenta en las asambleas locales. Los vestidos europeos
invadieron los comercios de la Ginza. Eran vestidos feos comparados con los quimonos, dejaban al descubierto las pantorrillas macizas, las piernas ligeramente torcidas por la costumbre de arrodillarse en el suelo, las caderas excesivamente anchas. Pero se trataba del vestido que simbolizaba una libertad larga y silenciosamente anhelada. Vestidas con estos trajes europeos comenzaron ellas a entrar en los bares, en los cines; a emplearse en las comandancias aliadas, a hablar en inglés, a bailar los estúpidos bailes modernos; pero sin renunciar a su vocecita, que parece una cantilena susurrada por un niño, a su gracia cumplimentera, al respeto milenario por quien tuvo el inmenso privilegio de nacer varón.