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sábado, 18 de mayo de 2019

¿Fue moral lanzar las dos bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial?


Sigue existiendo una intensa controversia en torno a la moralidad de lanzar las dos bombas atómicas que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial. “Sin embargo, dice el historiador militar estadounidense Victor Davis Hanson, nos olvidamos de que la decisión del presidente Truman se basó en buena parte en el deseo de evitar la pesadilla que los marines acababan de soportar en Peleliu y Okinawa. Si los estadounidenses de hoy en día, que disfrutan de una paz duradera, se plantean si nuestros abuelos se precipitaron al decidir recurrir a armas atómicas, olvidan que muchos
veteranos del Pacífico se preguntaron por qué tuvieron que pasar por una conquista de Okinawa cuando la prueba positiva en Alamogordo*, Nuevo México, el 16 de julio se produjo unos días después de que la isla se declarara segura. Sin duda, la carnicería de Okinawa se podría haber retrasado hasta finales de verano para permitir que la existencia de tales armas convenciera a los japoneses de que era inútil prolongar la guerra”.



*La bomba atómica fue probada el 16 de julio de 1945 en el desierto para ensayos cerca de Alamogordo (estado Nuevo México). La bomba utilizaba plutonio como material fisionable, igual que la lanzada más tarde sobre Nagasaki.

jueves, 26 de octubre de 2017

Lo que destruyó el fascismo como idea no fue la repulsa moral sino su falta de éxito.

El fascismo fue destruido como ideología viviente por la II Guerra Mundial. Se trató por supuesto de una derrota a un nivel muy material, pero significó también una derrota de la idea. Lo que destruyó el fascismo como idea no fue la repulsa moral universal en su contra, pues mucha gente estaba dispuesta a respaldar la idea en tanto que parecía la tendencia del futuro, sino su falta de éxito. Después de la guerra, a la mayoría de la gente le pareció que el fascismo alemán, así como sus otras variantes europeas y asiáticas, estaban abocados a la autodestrucción. No había ninguna razón material por la que no hubiesen podido volver a brotar nuevos movimientos
fascistas después de la guerra en otros lugares, salvo por el hecho de que el ultranacionalismo expansionista, con su promesa de un conflicto interminable que conduciría a una derrota militar desastrosa, había perdido por completo su atractivo. Las ruinas de la cancillería del Reich, así como las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, acabaron con esta ideología tanto a nivel de la conciencia como en el aspecto material, manifiesta el politólogo Francis Fukuyama.