Mostrando entradas con la etiqueta bandera nacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bandera nacional. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de mayo de 2023

El presidente Putin ha potenciado el nacionalismo gran-ruso o expansionista


El socialismo real fue un gran frigorífico en el que la conciencia nacional de lituanos, ucranianos o eslovacos habría permanecido hibernada, pero viva, durante cuatro décadas, para despertar de forma progresiva a lo largo de la década de 1980. Al desaparecer un régimen opresor, los sentimientos nacionales de la población habrían resurgido con pleno vigor. La nación surgiría de nuevo como religión política de la modernidad, que facilitaba un marco de valores desde el que emprender el tránsito a una economía de mercado. Las banderas nacionales serían enarboladas por viejas élites políticas y nomenklaturas comunistas locales necesitadas de reciclaje político, y nuevas élites que encontrarían una vía de rápida promoción en el nacionalismo, escribe el historiador Núñez Seixas.

El Gobierno pseudoautoritario del presidente Vladímir Putin, dice Núñez Seixas, ha adoptado una política de recuperación de la influencia geopolítica de Rusia que también ha tenido expresión en la potenciación del nacionalismo gran-ruso o expansionista, que aspira a reconstruir en lo posible el antiguo dominio territorial de los zares y a mantener su influencia sobre las repúblicas eslavas de Bielorrusia y Ucrania, estimulando para ello la movilización de las poblaciones rusófonas. Así se ha puesto en evidencia entre 2013 y 2014, cuando los rusos de Crimea proclamaron su independencia unilateral de Ucrania, tras celebrar un referéndum, y en el Este rusófono del país (particularmente en la región de Donetsk) los separatistas rusófonos se han rebelado contra el gobierno de Kiev. El 24 de Enero de 2022 se produjo la invasión rusa de Ucrania.

sábado, 21 de agosto de 2021

En las últimas décadas del XVIII existía un deseo consciente de hacer españoles

                                El juramento de Carlos III como canónigo honorario de Barcelona

Bajo Carlos III (1759-1788), ministros como Pedro Rodríguez, conde de Campomanes, José Moñino, conde de Floridablanca, Gaspar Melchor de Jovellanos o el conde de Aranda abordarán con energía el proyecto de nacionalización del Estado. Reciben atención los símbolos. Ven la luz el himno y la bandera nacional. Las academias, fundadas décadas antes, se entregan a la tarea de fijar los cánones de una cultura nacional, definiendo la lengua que el pueblo debía hablar y cómo debía hacerlo, desenterrando las raíces del pasado común, y haciendo del arte el instrumento de su difusión. Las historias de la literatura rastrean la originalidad del alma hispana en cuanto se ha publicado en los siglos precedentes; sus clásicos se reimprimen una y otra vez; el teatro siembra patriotismo escogiendo temas y protagonistas en la historia de España, desde Ataúlfo a Guzmán el Bueno, desde Numancia a Pelayo. Se siembra, dice Luis Iñigo Fernández, entre los españoles una historia que olvida las diferencias y exalta lo compartido, que une en lugar de dividir.

Conde de Floridablanca

En estas últimas décadas del XVIII existe un deseo consciente de hacer españoles, de unir a los viejos reinos en una única comunidad cívica atada con los sólidos lazos del amor patrio. Pero es un nacionalismo que no habla de raza, lengua y cultura, sino de amor a las leyes y felicidad común. Y tiene éxito. Nunca ha estado España más unida. Hay un verdadero nacionalismo español, manifiesta el historiador Luis Iñigo Fernández.