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miércoles, 2 de marzo de 2022

Corea del Sur, Ghana y Filipinas

Seúl combina palacios del siglo XIV o templos budistas con edificios contemporáneos y rascacielos.

En la década de 1960 Corea del Sur, Ghana y Filipinas eran pobres. Los economistas apostaban entre sí sobre cuál de ellos se haría rico y cuál seguiría sumido en la pobreza. La mayoría pensaba que Ghana y Filipinas estaban a punto de enriquecerse y que Corea del Sur continuaría siendo pobre. Explicaban su predicción señalando que Ghana y Filipinas eran países tropicales cálidos donde resultaba fácil cultivar alimentos y abundaban los recursos naturales. Por el contrario, Corea del Sur era un país frío, con escasos recursos, que no parecía tener nada a su favor. Evidentemente, la realidad es que hoy en día  Corea del Sur ha alcanzado el nivel económico de un país del primer mundo, en tanto que Ghana y Filipinas siguen siendo pobres. La explicación es que Corea del Sur linda con China, uno de los primeros lugares del mundo en que se desarrollaron la agricultura, la escritura, las herramientas metálicas y el Estado. Corea no tardó en recibir todo eso de China y en el año 700 ya estaba unida en un solo Estado. De ahí que tenga instituciones complejas desde hace mucho tiempo. Mientras el espantoso régimen actual de Corea del Norte dilapidaba esa ventaja histórica, Corea del Sur, a pesar de la pobreza que padecía en la década de 1950, cuando se libró de cincuenta años de ocupación japonesa, contaba con los requisitos institucionales indispensables para acceder a la riqueza. Solo necesitaba independencia, seguridad militar y ayuda exterior estadounidense para aprovechar sus ventajas. Corea del Sur no tardó en alcanzar un nivel de vida propio del primer mundo. Por el contrario, Filipinas no recibió la agricultura de China hasta el 2000 a.C. y Ghana desarrolló una agricultura de modesta productividad y prácticamente sin animales domésticos en torno al 3.000 a.C. Ghana y Filipinas no tuvieron una escritura propia ni estados fuertes hasta la colonización europea de los últimos siglos. En consecuencia, al margen de sus recursos naturales, carecían de la historia de instituciones complejas que permitió a Corea del Sur enriquecerse con rapidez.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Muchas de las familias más pobres del mundo lo son simplemente porque carecen de derechos legales sobre su propiedad.

 Hernando de Soto Polar
¿Son los pobres en realidad tan pobres como pensamos? El economista peruano Hernando de Soto Polar ha argumentado que muchas de las familias más pobres del mundo lo son simplemente porque carecen de derechos legales sobre su propiedad. Una familia puede haber vivido durante años en la misma chabola de las favelas de Río de Janeiro, pero como sólo tiene sobre ella un derecho de propiedad informal y entre los pobres los derechos jurídicos no están plenamente desarrollados, se encuentra a merced de los delincuentes y vigilantes locales (que pueden intentar robar o destruir su hogar) o el gobierno (que puede intentar desalojar a los chabolistas). La solución, sostiene De Soto,
Casas en la Favela do Prazeres
es otorgar a estas personas derechos legales sobre sus propiedades. De esa forma no sólo tendrán un incentivo para cuidar más de ellas, sino que podrán obtener créditos utilizando sus hogares como garantía. El economista argumenta que el valor total de las viviendas de los pobres en los países en vías de desarrollo es noventa veces el total de la ayuda exterior que estos países recibieron en los últimos treinta 



Edmund Conway cuenta que el hecho de que vastas extensiones del norte de África sean desérticas no se explica sólo por el clima o las condiciones de los suelos, pues con cierta cantidad de trabajo duro e inversión tales áreas podrían volver a convertirse en pastos. La razón para ello es que la tierra la utilizan los nómadas y sus rebaños, que tienen pocos incentivos para cuidar de ella pues después de un tiempo continuarán su camino. El resultado con frecuencia es la desertización debida al pastoreo excesivo. Los gobiernos, por tanto, no sólo deben asegurarse de que sus ciudadanos respeten las leyes y los contratos, sino también instaurar leyes apropiadas que garanticen que las personas contribuyen a la prosperidad de la economía.