Mostrando entradas con la etiqueta Ramadán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramadán. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de agosto de 2024

Mahoma conocía a su gente y supo darle lo que ellos ambicionaban en la vida y en la muerte

Mahoma fue, sobre todo, un gran jefe de hombres, lo que hoy llamamos líder. Conocía a su gente y supo darle lo que ellos ambicionaban en la vida y en la muerte. Una teología fácil de comprender para cualquiera. Un solo Dios (Alá), que se llama así, en árabe. Dios = Alá. No hay más Dios que Dios (Ylla Allaji ulla allaji), repitiendo, pues, la palabra. Ese dios es comprensivo, y a los que lleven una vida medianamente buena les concederá llegar al paraíso, donde el sensual beduino encontrará huríes de ojos negros que cuiden de sus deseos, y el sediento hombre del desierto, árboles que le den sombra y ríos de leche y de miel. Para que con ese paraíso no ocurra que tarde demasiado en llegar, los creyentes tienen derecho, desde ahora, a tener cuatro mujeres legítimas y todas las concubinas que puedan mantener. De vez en cuando hay leves restricciones; algunas dictadas por razones higiénicas, el vino o el cerdo, ambos perniciosos a la temperatura en que vive normalmente el beduino, al que se le obliga también, de vez en cuando, a lavarse (las abluciones) para purificarse. Y el Ramadán, o cuaresma musulmana, en la que no podría comer o beber desde el nacimiento del día a la caída de la tarde, ni acercarse a sus esposas en ese tiempo, aunque puede recuperar ampliamente lo perdido durante las horas nocturnas. Al beduino le gusta la guerra, y Mahoma le da, como razón de su vida, la guerra. Hay que propagar el Islam, la salvación, la salud (los árabes de hoy se encuentran todavía con Salam aleikum, la salud para ti). Los que se nieguen a cosa tan natural como convertirse a la verdadera y única fe, deben ser destrozados con el acero. “Os ha sido prescrito el combatir aunque tengáis aversión a hacerlo. Matadles dondequiera que les encontréis”. (Corán, sura 2.) Claro que si los infieles se convierten hay que aceptarles como hermanos. También pueden someterse al vencedor sin convertirse, y entonces pagarán un impuesto especial. Con esas fórmulas tan fáciles de comprender, sacando de la creencia judía y la cristiana los elementos más simpáticos (Abraham, Jesús son profetas aunque no tan importantes como Mahoma), escribe el historiador Fernando Díaz-Plaja. 

sábado, 10 de marzo de 2018

La luna y su influencia en el hombre.

No es tan descabellado que un fabricante de calendarios de la Edad de Piedra eligiera la luna como inspiración. Seductora y encantadora en su dominio plateado del cielo nocturno, la luna parece a primera vista un reloj perfecto por su regularidad fiable. Cada 29 días y medio, aproximadamente, pasa por sus fases, de luna nueva a luna llena y vuelta a empezar, una progresión continua que cualquiera puede ver y trazar. También es relativamente sencillo averiguar que doce ciclos completos de la luna parecen corresponderse más o menos con las estaciones, que es como las sociedades primitivas inventaron la idea del periodo llamado año, cuenta David Ewing Duncan en su libro Historia del calendario.


Casi todas las culturas antiguas adoraban la luna. Los antiguos egipcios llamaban Jonsu a su divinidad lunar, los sumerios Nanna. Las diosas lunares griegas y romanas tenían tres caras. Cuando no se veía era Hécate, en cuarto creciente era Artemis (para los griegos) o Diana (para los romanos), y cuando estaba llena era Selene. Incluso en nuestros días la gente adora la luna, celebrando fiestas, danzas y rituales solemnes cuando es nueva. Los san de África, por ejemplo, recitan una plegaria: «¡Salve, salve, joven luna!» Los esquimales celebran un banquete de pescado y, según cuentan, apagan las lámparas e intercambian a las mujeres. Los musulmanes hacen vigilia durante la luna nueva del Ramadán, el mes sagrado en el que se abstienen de Comer y de practicar la sexualidad durante el día y banquetean por la noche. Hay todo un vocabulario lunar que todavía se basa en el misterio y la majestuosidad de esta extraña esfera que pende del cielo. Así, están los “lunáticos” y los que “tienen lunas”, expresiones que parecen venir de las supersticiones que dicen que dormir a la luz de la luna puede enloquecer a una persona. Todos los idiomas tienen una serie de palabras y expresiones vinculadas con la luna, desde estar en ella, ladrarle o pedirla, hasta irse de luna de miel o quedarse en la de Valencia. Además, tenemos los Claros de luna de Beethoven y Debussy, y aquella imagen de Góngora que evoca los cuernos de Zeus (“media luna las armas de su frente”), disfrazado de toro para raptar a la ninfa Europa.