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miércoles, 24 de septiembre de 2025

El marco de la tolerancia no está por encima de lo justo y verdadero

José March (Pequeña colección de sinónimos de la lengua castellana, Barcelona, 1834), señala: “Se toleran las cosas cuando, conociéndolas y teniendo uno por su parte el poder, no se impiden. Se sufren cuando uno no se opone a ellas, haciendo como que se ignoran o como que no se pueden impedir. Se permiten cuando se las autoriza por consentimiento formal. Tolerar y sufrir no se dice sino de las cosas malas o que se tienen por tales. Permitir, se dice tanto por el bien como por el mal”. El uso de la palabra tolerar se documenta en castellano a partir de 1440; intolerable y tolerable, a partir de 1515. 
Ser tolerante es ser sufrido, indulgente, paciente, es consentir … hasta cierto punto. Hay dosis de tolerancia, niveles de tolerancia, límites de tolerancia, como cuando se oye la crítica: Sus padres le toleran demasiado. Para el Brocense, la tolerancia puede convertirse incluso en “un hermoso género de venganza”. ¿Hay que ser tolerante con escándalos en la vía pública? ¿Toleramos las casas de juego? ¿Los prostíbulos? El marco de la tolerancia no está por encima de lo justo y verdadero.

viernes, 18 de octubre de 2024

Cuanto más concentrada está la riqueza en pocas manos, menor es el crecimiento de un país

En junio de 2015, el FMI calculaba que, por término medio, si el 20 % de la población más favorecida aumentase un punto porcentual la cuota de ingresos que acumula, el aumento del PIB de un país es un 0,08 % más bajo en los cinco años siguientes; en cambio, cuando el 20 % más bajo de un país gana un punto en los ingresos, el crecimiento es un 0,38 % mayor. Cuanto más concentrada está la riqueza en pocas manos, menor es el crecimiento de un país. Poco antes, la OCDE había marcado la misma tendencia; según sus cálculos, el incremento del índice de Gini, el más común para medir la desigualdad, fue entre 1985 y 2005 de dos puntos en 19 países de la organización con sede en París, y ello supuso un lastre de 4,7 puntos porcentuales en el crecimiento acumulado entre 1990 y 2010. Los sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestran que los niveles de todo tipo de desigualdad exagerada se vuelven intolerables para los ciudadanos, especialmente cuando los estándares de vida medios para el conjunto de la población se deterioran a marchas forzadas, como ha sucedido durante la crisis.
El profesor de la Universidad de Harvard Feldstein, Michael J. Sandel, advierte que hay que centrarse no sólo en reducir la pobreza sino también la desigualdad porque “si la brecha entre ricos y pobres se vuelve muy grande aunque nadie pase hambre, las personas empiezan a vivir cada vez más separadas, en distintos barrios, distintos medios de transportes, distintos médicos, dejan de convivir en los espacios públicos… No es bueno para la democracia. La democracia no requiere igualdad, pero si la gente vive en esferas cada vez más separadas el sentido de ciudadanía y de bien común es más difícil de sostener”.
Referencia:Estos años bárbaros de Joaquín Estefanía

sábado, 20 de abril de 2024

Nuestra sociedad ha llegado a ser tan productiva gracias al progreso económico conseguido en el siglo XIX

David Friedman escribe que “muchas personas que leen acerca de las largas jornadas de trabajo y los bajos salarios del siglo XIX en Inglaterra y en los Estados Unidos consideran demostrada la acusación contra el capitalismo y el industrialismo. Estas personas olvidan que esas condiciones nos parecen intolerables porque vivimos en una sociedad enormemente más próspera, y olvidan también que nuestra sociedad ha llegado a ser tan productiva gracias al progreso económico conseguido en el siglo XIX con instituciones de un capitalismo de laissez-faire relativamente desenfrenado. En las condiciones económicas del siglo XIX, ninguna institución, socialista, capitalista o anarcocapitalista, podría haber generado de manera inmediata lo que entendemos como un nivel de vida digno. La riqueza simplemente no existía. Si un socialista hubiera confiscado los ingresos de todos los capitalistas millonarios para dárselos a los trabajadores, el resultado habría sido que los trabajadores estarían en una posición ligeramente mejor que la anterior. Los millonarios generaban muchísimo más dinero que los trabajadores, pero había aún muchísimos más trabajadores que millonarios. Se necesitó un largo periodo de progreso para producir una sociedad lo suficientemente rica como para que las condiciones del siglo XIX le pareciesen miserables.”

sábado, 21 de octubre de 2023

Libertad de expresión

La libertad de expresión es sin duda un derecho básico en las sociedades abiertas, que es preciso defender y potenciar, pero no es un derecho absoluto, sino que tiene sus límites cuando con ella se viola algún otro derecho o bien básico. Por ejemplo, el Artículo 20.4 de la Constitución Española, referido a la libertad de expresión y de información, afirma expresamente que “Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollan, y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”.La cultura del honor, bien arraigada en el contexto europeo, que se mantiene de algún modo en la ley del insulto, que actúa como límite de la libertad de expresión. En concreto, el Tribunal Constitucional insiste en que la Constitución no ampara el derecho al insulto.

Para considerar delictivo un discurso debe referirse a valores o derechos constitucionales o contener una incitación a realizar acciones violentas, y no sólo expresar una opinión.Los grupos sociales poderosos, manifiesta la filósofa Adela Cortina Orts, consiguen que se consideren delictivos los discursos que les atacan, o al menos que se tengan por socialmente intolerables. Por el contrario, si los grupos carecen de fuerza social, los discursos que les atacan acaban considerándose como simple ejercicio de la libertad de expresión.