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sábado, 27 de agosto de 2022

Todas las heridas y todos los abandonos del papá y de la mamá inciden en la carne viva de los hijos

Hablamos mucho de disturbios en el comportamiento, de salud psíquica, de bienestar del niño, de ansiedad de los padres y los hijos… ¿Pero sabemos igualmente qué es una herida del alma? ¿Sentimos el peso de la montaña que aplasta el alma de un niño, en las familias donde se trata mal y se hace el mal, hasta romper el vínculo de la fidelidad conyugal? Cuando los adultos pierden la cabeza, cuando cada uno piensa sólo en sí mismo, cuando papá y mamá se hacen mal, el alma de los niños sufre mucho, experimenta un sentido de desesperación. Y son heridas que dejan marca para toda la vida, dice el papa Francisco. 


Y añade el papa que cuando un hombre y una mujer, que se comprometieron a ser una sola carne y a formar una familia, piensan de manera obsesiva en sus exigencias de libertad y gratificación, esta distorsión mella profundamente en el corazón y la vida de los hijos. Muchas veces los niños se esconden para llorar solos… Tenemos que entender esto bien. Marido y mujer son una sola carne. Pero sus criaturas son carne de su carne. Si pensamos en la dureza con la que Jesús advierte a los adultos a no escandalizar a los pequeños, hemos escuchado el pasaje del Evangelio (cf. Mt 18, 6), podemos comprender mejor también su palabra sobre la gran responsabilidad de custodiar el vínculo conyugal que da inicio a la familia humana (cf. Mt 19, 6-9). Cuando el hombre y la mujer se convirtieron en una sola carne, todas las heridas y todos los abandonos del papá y de la mamá inciden en la carne viva de los hijos. 

martes, 4 de enero de 2022

Los cristianos restablecieron la dignidad del matrimonio

La moral sexual había llegado a cierta degradación cuando la Iglesia se hizo presente en la historia. La promiscuidad generalizada, escribe Juvenal, era la causa de que los romanos hubieran perdido a la diosa Castidad. Ovidio observaba que las practicas sexuales se habían tornado en su tiempo especialmente perversas, incluso sádicas, y en Catulo, Marcial y Suetonio encontramos testimonios similares al respecto de la fidelidad conyugal y la inmoralidad sexual. Cesar Augusto intentó poner freno con medidas legales, pero la ley no puede reformar a un pueblo que ya ha sucumbido a los encantos de la gratificación inmediata. En los comienzos del siglo II, Tácito afirmaba que una mujer casta era un fenómeno raro.


La Iglesia enseño que las relaciones sexuales se tenían que circunscribir al matrimonio. Según el historiador Edward Gibbon “los cristianos restablecieron la dignidad del matrimonio”. Impresionado por la rectitud sexual de los cristianos, Galeno, médico griego del siglo II, los describía “tan avanzados y tan deseosos de alcanzar la excelencia moral, que en modo alguno pueden considerarse inferiores a los verdaderos filósofos”. La Iglesia no limitaba el adulterio a la infidelidad de la mujer hacia el marido, como en el mundo antiguo, sino que lo extendía a la infidelidad del marido hacia la mujer. También la autonomía de la mujer mejoró gracias a la Iglesia católica. Dice Robert Phillips que “las mujeres hallaron protección en las enseñanzas de la Iglesia y se les permitía constituir comunidades religiosas dotadas de autogobierno, un hecho insólito en la cultura del mundo antiguo…¿Donde hubo en el mundo mujeres capaces de dirigir escuelas, conventos, universidades, hospitales y orfanatos, al margen del catolicismo?”.