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lunes, 12 de abril de 2021

El PRI desde su nacimiento es alimentado con las arcas del Estado

Carranza

El presidente mexicano Carranza eliminó por traición a Zapata en 1919. Promulgó la Constitución revolucionaria de 1917, masónica y ferozmente anticlerical, que prohibía la enseñanza religiosa y nacionalizaba los bienes eclesiásticos. El Papa Pío XI condenó estos excesos en la encíclica Iniquis afflictisque, el 18 de noviembre de 1926. Convertido en autócrata, Carranza abrió las puertas del Estado a la más flagrante corrupción de su historia.

General Lázaro Cárdenas


Cuenta el profesor de la Cierva que en Mexico el PNR/PRI se funda desde su nacimiento en su tejido de organización y encuadramiento social que, alimentado con fondos propios y con las arcas del Estado, del que es parásito. Calles, corrompido hasta la médula, mantenía un férreo control del partido autocrático e instaló como presidente en 1933 a Abelardo L. Rodríguez, su socio en la pingüe explotación de los garitos que proliferaban en la Baja California, donde los prósperos vecinos del norte se dejaban el dinero y la vergüenza. Los gangsters mexicanos de la época, dirigidos por su capo que era el propio Calles detentaban el poder en los Estados Unidos mexicanos. Pero cuando en 1934 Calles patrocinó para la Presidencia a quien consideraba como un hijo, el general Lázaro Cárdenas, cometió el error de su vida; porque Cárdenas primero anuló a Calles y luego le expulsó de México con lo que logro asumir desde la Presidencia el dominio del PNR/PRI.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Denominador común europeo.

George Steiner
Según George Steiner, Europa es ante todo un café repleto de gentes y palabras, donde se escribe poesía, conspira, filosofa y practica la civilizada tertulia, ese café que de Madrid a Viena, de San Petersburgo a París, de Berlín a Roma y de Praga a Lisboa es inseparable de las grandes empresas culturales, artísticas y políticas del occidente en cuyas mesas de madera y paredes tiznadas de humo nacieron todos los grandes sistemas filosóficos, los experimentos formales, las revoluciones ideológicas y estéticas. Es verdad que en la Europa anglosajona el café casi no existe, y que el pub y la taberna carecen de solera intelectual; son lugares donde se va antes a beber y comer que a conversar, leer o pensar y que, por lo tanto, ese denominador común europeo se adelgaza mucho cuando salta de la Europa continental y
paisajes europeos
mediterránea a Inglaterra, Irlanda y los países nórdicos.


La segunda seña de identidad europea es compartida por todos los países europeos sin la más mínima rebaja ni excepción: el paisaje caminable, la geografía hecha a la medida de los pies. Ese paisaje civilizado lo es porque, aquí, la naturaleza nunca aplastó al ser humano, siempre se plegó a sus necesidades y aptitudes, nunca dificultó ni paralizó el progreso.

El tercer rasgo compartido es el de poner a las calles y a las plazas el nombre de los grandes estadistas, científicos, artistas y escritores del pasado, algo inconcebible en América, dice Steiner, donde las avenidas se suelen designar por números, y las calles, por letras y a veces nombres de árboles y plantas. Sólo en Europa ocurre, como en Dublín, que en las estaciones de autobuses se instruya a los viajeros sobre las casas de los poetas de la vecindad.

Fe y Razón en San Agustin
La cuarta credencial compartida por los pueblos de Europa, es descender simultáneamente de Atenas y Jerusalén, es decir, de la razón y de la fe, de la tradición que humanizó la vida, hizo posible la coexistencia social, desembocó en la democracia y la que produjo los místicos, la espiritualidad, la santidad y la verdad religiosa.




A Steiner lo atormenta la supervivencia, en nuestros días, de lo que llama la pesadilla de la historia europea. Los odios étnicos, el chovinismo nacionalista, los regionalismos desaforados y la resurrección, a veces solapada, a veces explícita, del antisemitismo. Pero también, y sobre todo, la uniformización cultural por lo bajo a consecuencia de la globalización, que, a su juicio, está desapareciendo la gran variedad lingüística y cultural que era el mejor patrimonio del Viejo Continente.No sólo para los europeos es importante que la Unión Europea se consolide y progrese. El mundo estará mejor equilibrado si una gran comunidad europea sirve de contrapeso a la superpotencia que ha quedado en el escenario luego de la desintegración del imperio soviético. Contrapeso significa competencia, diálogo, incluso tensión amistosa, no hostilidad.

lunes, 27 de marzo de 2017

Las grandes ciudades han dado lugar a diferentes tipos de comunicación.

La estructura ocupacional de las grandes ciudades ha dado lugar de forma cada vez más clara especialistas en diferentes tipos de comunicación oral, escribe el historiador ingles Burke. Entre estos especialistas podríamos señalar los corredors d’orella  de la Lonja de Barcelona, que escuchaban las conversaciones y ponían a unos comerciantes en contacto con otros; los “corredores” que en el siglo XVIII anunciaban servicios matrimoniales clandestinos en Londres o informaban de las llegadas de barcos a los aseguradores en la casa de café de Lloyd; y los
romanceros que iban y venían por la ciudad o se paraban en determinados lugares como el Pont Neuf de París o la Puerta del Sol de Madrid, donde cantores ciegos, estratégicamente situados entre las oficinas de la Gazette oficial y la parada final del servicio postal,Correos, vendían almanaques, periódicos y edictos oficiales. Los avisos oficiales se daban a conocer en las esquinas de las calles o en las puertas de las iglesias. Por ejemplo, en Florencia el nuevo Índice de libros prohibidos se expuso en 1558 en las puertas de las iglesias de la ciudad. En tiempos de Carlos II, en Londres las obras de teatro se anunciaban por medio de letreros colocados en las calles. A un visitante suizo de Londres le impresionó, en 1782, que las tiendas tuvieran nombres y no tanto signos de identificación. Los nombres de las calles se escribieron cada
Madrid en el siglo XVIII.
vez con mayor frecuencia en las paredes (en París, a partir de 1728). Los números en las casas empezaron a ser algo común en las ciudades más grandes durante el siglo XVIII. Un visitante inglés de Madrid observó en la década de 1770 que “los nombres de las calles aparecían pintados en las esquinas de las mismas” y que “todas las casas estaban numeradas”.




Dice Burke que los nativos de las grandes ciudades experimentaron cada vez más la necesidad de orientación, de información acerca de las diversas formas de emplear el tiempo libre o sobre cómo encontrar determinados productos y servicios. El problema se solucionó en parte con el uso de los carteles. Por ejemplo, para anunciar las representaciones teatrales. Estos anuncios pegados a las paredes tuvieron su origen en España, a finales del siglo XVI, momento en que inició su despegue el teatro comercial. La palabra española cartel se tradujo al italiano como manifesto, al francés como affiche, al alemán como Plakat y al inglés como bill. En 1662 Pepys se refiere a carteles (bills) que anuncian representaciones teatrales y que están fijados a postes en el edificio del Temple y en otros lugares. A finales del siglo XVIII, este tipo de carteles tuvo un importante papel en la vida urbana de París. Eran objeto de un estricto control oficial y los cuarenta "carteleros"(afficheurs) oficiales llevaban una insignia especial como demostración pública de su categoría. La información que pegaban a las paredes incluía desde anuncios referentes a charlatanes, perros perdidos y predicadores hasta decretos del Parlamento de París.